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Construyamos un gran movimiento estudiantil contra los exámenes y la universidad neoliberal

Se intensifica la crisis de los exámenes presenciales, que continúan a pesar de las aglomeraciones y las quejas de los y las estudiantes. Ayer se hacía público un comunicado del ministro de Universidades, Manuel Castells en el que variaba su posición anterior de total confianza en los protocolos sanitarios adoptados.

Domingo 31 de enero

En este comunicado el ministro expresa su preocupación “por el posible peligro a la salud de estudiantes y docentes” e insta a las autoridades académicas a que procedan con enseñanza y exámenes online. En tono pasivo-agresivo se refiere a los 400 millones transferidos a las comunidades para adaptarse a la enseñanza digital y termina remitiéndose a las competencias para justificar la inacción del que debe considerarse uno de los ministerios más inútiles de la historia reciente.

Las palabras del ministro no sentaron bien y la Consejería de Ciencia, Universidades e Innovación de la Comunidad de Madrid, en comunicación con los rectores madrileños, respondieron que los exámenes continúan y que lamentan la irresponsabilidad de “un ministro que ha estado desaparecido durante toda la pandemia”. En esto último, razón no les falta, pero no parece que el consejero pueda hacer gala tampoco de una actuación intachable.

La Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) se ha sumado a la fiesta. Han respondido con el comunicado “En defensa de la presencialidad del Sistema Universitario Español” en un puro ejercicio de cinismo, pues buena parte de la docencia ha sido a distancia -a veces en universidades enteras como las de Andalucía y Catalunya- y se han recortado todo tipo de servicios, empezando por las bibliotecas.

Con grandilocuencia afirman que no piensan rendirse “ante el populismo y el mensaje fácil” ni ante “quienes actúan con deslealtad hacia los valores de la Universidad”, en referencia al ministro y también a aquellos estudiantes que están denunciando las condiciones en las que se ven obligados a hacer sus exámenes.

¿Por qué ha sido imposible una docencia presencial plena durante el curso y no parece haber problema en hacinar cientos de estudiantes, concentrarlos en transportes y pasillos, para hacer exámenes obviando los mismos protocolos sanitarios -muchos de ellos absurdos- que impusieron las propias universidades?

Según la CRUE, para mantener los principios de equidad e igualdad. Una respuesta más sincera -quizás por no tener la responsabilidad que acarrea un cargo- la dio una colaboradora del programa 120 minutos de Telemadrid que estaba abordando este debate:

“Estamos hablando de los exámenes. Es fundamental controlar efectivamente el grado de conocimiento de nuestros universitarios. Y yo creo que sí, que no pasa nada porque lo hagan presencial, es muy puntual”.

Estas palabras resumen la concepción dominante de la universidad y la educación en general. El centro no es el aprendizaje, sino la evaluación, que es una forma de clasificación y segregación por “competencias” -como les gusta decir en la universidad neoliberal- adquiridas. Las cuales están íntimamente relacionadas con la condición socioeconómica del alumno, especialmente en estos momentos en los que la “brecha digital” se ha hecho más relevante que nunca.

Desde luego cada vez se le ven más las costuras a estos métodos de evaluación anticuados y al autoritarismo de la universidad neoliberal hecha a golpe de decretos y contrarreformas de los gobiernos del PPSOE.

Una universidad al servicio de las grandes empresas que incluso tienen el control de las agencias de evaluación que imponen ahora los exámenes presenciales. Una universidad en la que los rectores -en palabras del catedrático José Carlos Bermejo- “son señores feudales”que ahora se revuelven contra la crítica del ministro. Un ministro que, no lo olvidemos, siempre ha sido firme defensor del modelo de universidad-empresa.

Tenemos que enfrentarnos a un orden que considera más importante examinarnos que garantizar nuestro derecho a la educación. No podemos quedarnos en esta lucha puntual, tenemos que organizarnos y desatar un gran movimiento estudiantil contra este modelo de universidad totalmente antidemocrático que actúa como una apisonadora burocrática hasta aplastarnos para convertirnos en los trabajadores disciplinados de mañana.

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En Contracorriente luchamos por una universidad radicalmente democrática dirigida por estudiantes y trabajadores, gratuita, al servicio del pueblo trabajador y no de los grandes intereses empresariales. Una universidad que sea punta de lanza contra este sistema capitalista que nos explota, amenaza el medio ambiente, generador de pandemias, desigualdad y miseria.






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