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El 8 de marzo empieza por el principio

El próximo 8 de marzo, volvemos a las calles para conmemorar el Día Internacional de las Mujeres, movilizándonos por nuestras demandas. ¿Pero cómo? ¿No se cayó ya el patriarcado? ¿No ganaron las pañuelo-verde lo que querían?

Andrea D'Atri

Martes 22 de febrero
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No. El patriarcado no se cayó con la conquista de uno de los derechos por el que luchamos varias décadas, como la legalización del aborto. Los índices de femicidio en Argentina siguen siendo espeluznantes: en los primeros 53 días del año 2022 fueron asesinadas 50 mujeres. La brecha salarial no se achica, mientras las mujeres siguen siendo mayoría en los sectores menos calificados y con más bajos salarios, entre los precarizado y en el trabajo informal que ni siquiera está registrado. Seguimos sin saber dónde está Tehuel, como tampoco tantas miles de desaparecidas a las que solo buscan sus familiares y amigas. Insistimos en que la Educación Sexual Integral llegue hasta el último rincón del país, de la misma manera que exigimos el cumplimiento efectivo de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, porque las iglesias y sectores fundamentalistas y reaccionarios del poder político y judicial siguen obstaculizando el acceso.

Estas demandas, lamentablemente, siguen teniendo vigencia año tras año. Somos las que más consecuentemente nos movilizamos por nuestros derechos. El resultado de nuestra marea verde, que ahora se extiende a otros países de América Latina, es una muestra de ello. Pero sabemos que la coyuntura en la que nos movilizaremos el próximo Día Internacional de las Mujeres, es más oprobiosa para las jóvenes, las mujeres trabajadoras y del pueblo pobre, que en otros momentos.

Es que el gobierno está a punto de firmar un pacto de coloniaje y sometimiento al Fondo Monetario Internacional, que subordinará aún más a la Argentina a la expoliación imperialista. Y esto no es gratuito: el gobierno del Frente de Todos pagará la deuda asumida por el macrismo, con tarifazos, inflación, reformas jubilatorias, recortes y más miseria para el pueblo trabajador. Las mujeres sabemos que, cuando los funcionarios del FMI se instalen en los despachos de Argentina para monitorear que se cumpla lo pactado, seremos de las más perjudicadas. Porque el ajuste profundizará, con creces, la situación en la que ya nos encontramos: jefas de hogar sin vivienda, madres solas con salarios por debajo de la canasta familiar, recortes a los subsidios y planes con los que hoy sobrevivimos en los barrios más pobres del país, achiques presupuestarios para la prevención de la violencia de género, para Educación y Salud.

Por eso, este 8 de marzo, empezamos por ahí. No podemos mirar para otro lado, cuando se nos viene el tren del ajuste de frente. Precisamente, porque no dejamos de seguir peleando por todas nuestras demandas, es que este año nos movilizamos diciendo: "No al pacto con el FMI. Enfrentémoslo, en las calles."

Mientras nosotras nos preparamos para ocupar las calles nuevamente, en el Congreso, el Frente de Todos y Juntos se estarán preparando para aprobar ese pacto de coloniaje, sumisión y ajuste contra las grandes mayorías. Ese acuerdo oprobioso está apoyado por la mayoría de las direcciones de las centrales sindicales. Hay algunos sindicatos que se pronunciaron en contra del acuerdo del ministro Guzmán con el Fondo. Sin embargo, no convocaron a ninguna movilización ni medida de fuerza para impedir estas negociaciones a espaldas del pueblo trabajador, ni se sumaron a las dos enormes convocatorias unitarias que ya se hicieron en Plaza de Mayo en diciembre y el pasado 8 de febrero. Les exigimos que rompan esa pasividad y que, si realmente están en contra del acuerdo, convoquen a seguir desarrollando la movilización contra el FMI. Lo mismo le decimos a todos los centros de estudiantes, organizaciones sociales y agrupaciones del movimiento feminista.

La deuda es con nosotras. Por eso, la lista de nuestros reclamos de este 8 de marzo, empieza por el principio.


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Andrea D’Atri

Nació en Buenos Aires. Se especializó en Estudios de la Mujer, dedicándose a la docencia, la investigación y la comunicación. Es dirigente del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS). Con una reconocida militancia en el movimiento de mujeres, en 2003 fundó la agrupación Pan y Rosas de Argentina, que también tiene presencia en Chile, Brasil, México, Bolivia, Uruguay, Perú, Costa Rica, Venezuela, EE.UU., Estado Español, Francia, Alemania e Italia. Ha dictado conferencias y seminarios en América Latina y Europa. Es autora de Pan y Rosas. Pertenencia de género y antagonismo de clase en el capitalismo (2004), publicado en Buenos Aires y reeditado en San Pablo, Caracas, Barcelona, México, Roma, Berlín y París y compiladora de Luchadoras. Historias de mujeres que hicieron historia (2006), reeditado en San Pablo, Caracas y Barcelona.

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