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El buen patrón: mezquina moral burguesa en estado puro

El buen patrón, la última película de Fernando León de Aranoa llega a los cines tras cosechar éxito entre crítica y público en el Festival de San Sebastián. El filme protagonizado por Javier Bardem ha sido seleccionado por la Academia de Cine para representar a España como Mejor Película Internacional en la próxima edición de los Premios Oscar.

Clara Mallo

Madrid | @ClaraMallo

Viernes 22 de octubre | 14:28

Simpático, bonachón, gracioso, parcial, un poco pillo, pero justo como las básculas que fabrican sus empleados… así se presenta el Señor Blanco un empresario cincuentón sin mucha más aspiración que su empresa crezca… por el bien de todos, claro. ¿Todos? Sí, todos, “mi gran familia” como diría el Señor Blanco, ¿y sus empleados?, “mis hijos, sois como mis hijos, los que no tengo, aunque claro, a veces uno tiene que renunciar a algo por el bien común de toda la familia”.

Después de su speech inicial la imagen cambia. Ahora sí, pasados pocos minutos empezamos a ver al Señor Blanco como lo que es, algo mentiroso, manipulador, cínico, machista, imparcial, pero sigue siendo justo o al menos él está convencido de ello. Porque, oye, al fin y al cabo, ¿no era eso de que el fin justifica los medios?

Todo un debate, pero… ¿seguimos hablando de la peli? Si, Fernando León de Aranoa no defrauda y a modo de comedia negra nos presenta este gran debate. Aquí El buen patrón supera el entretenimiento, que con la actuación de Bardem está asegurado, para plantearnos una reflexión: la relación entre los medios y los fines y la universalidad de los valores morales.

Pronto intuimos la naturaleza de clase bajo la que operan las leyes morales que guían al Señor Blanco en su tesón por defender lo que él identifica como el bien común que no es más que su interés individual, en su caso, el del patrón. Llegados a este punto podemos intuir que los fines que persigue nuestro protagonista no son en beneficio de todos. Pero… ¿acaso la moral y valores que defiende este “buen patrón” no sirven también para su mujer, para sus amigos y para sus empleados? Bueno, quizá es el momento de romper tópicos. No existe una moral universal, la moral no escapa de los intereses de clase y en este caso el título de la película ya encierra esa contradicción. ¿Puede existir un buen patrón? Sí, desde el punto de vista de la burguesía claro que sí. Ahora bien, si preguntamos a los empleados del Señor Blanco quizá el título de la película hubiese sido otro.

Aquí está la esencia del pillo Señor Blanco, para conseguir sus verdaderos fines debe ocultar su dominio con el engaño y la mentira y cuanto más se tensa la situación, más recurre a ello. Los medios están interrelacionados con los fines y está claro que en el campo burgués todo está mediado por el engaño. Además vemos como la actitud, maniobras y engaños hacia los trabajadores adquieren un tono diferente en función del punto de tensión en la relación de clase que se da con cada uno de ellos. De esta manera encontramos pequeñas dosis de lucha de clases, eso sí, expresadas de distintos modos, que nadie espere una peli de piquetes y barricadas.

La lucha de clases también se libra en el terreno de la moral y en Básculas Blanco, la empresa de nuestro protagonista, es una batalla del día a día. Por eso el Señor Blanco no duda en atacar a los trabajadores en el plano de la ética y los valores supuestamente universales para conseguir sus intereses. Todo un cínico paternalista que hace gala de la doble moral que se apoya en un “cemento moral” funcional a sus intereses.

Una historia de explotación laboral, doble moral y cinismo. Mezquina moral burguesa en estado puro.






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