Sociedad

TRIBUNA ABIERTA

El caso Hillary Clinton, hackers y la construcción del enemigo

Hace días se conocía información desclasificada, según aseguran, sobre las intenciones de Moscú de intervenir en la opinión pública durante las elecciones de Estados Unidos.

Martes 17 de enero de 2017

Hace días se conocía información desclasificada que incluía analítica coordinada en conjunto por la CIA, el FBI y la NSA (National Security Agency) que recolectaron la información, según aseguran, basada en las intenciones de Moscú de intervenir en la opinión pública durante las elecciones de Estados Unidos. El documento en cuestión, que no brinda ningún nombre en particular, sostiene que Rusia habría influido en los votantes a través de hackers y campaña mediática, tal como ha sido publicado por el New York Times.

El caso Clinton puso en jaque a la mayor potencia militar del planeta que dejó entrever cómo desde los servicios de inteligencia hasta el Gobierno reforzaban la idea del enemigo externo y la construcción de la "otredad". Si bien todo comenzó con cables filtrados por la organización WikiLeaks, en ningún momento dieron lugar a la opción del topo interno o soplón de campaña, si no que por el contrario comenzaron una cacería de brujas empezando por Julián Assange, continuando con Rusia e involucrando también a China.

Sin embargo, cuando el medio Democracy Now! Consultó a Assange sobre Trump y Clinton, el fundador de WikiLeaks respondió: “Es como si me preguntaras qué prefiero, ¿el cólera o la gonorrea?".

La insistencia de la potencia del Norte en reforzar la idea del enemigo externo y acusar a otros países de lo que ha caracterizado a la CIA durante años: influir para posicionar o derrocar gobiernos en Medio Oriente y América Latina, ahora recae sobre Rusia y China, nuevas potencias en un mundo multipolar.

La construcción del Otro por parte de Estados Unidos se realiza a través de un juego de oposiciones a partir de la mirada del colonizador en el que la alteridad es aquello que el “nosotros” nunca ha deseado ser, y cuya identidad se refuerza como exterioridad pura.

Al respecto, en 1978, el profesor y activista palestino Edward Said publicó el libro “orientalismo” en el que deconstruía los mecanismos imperialistas de fabricación del “otro” en el pensamiento colonial occidental, un “otro” que a su vez se resiste a ser codificado bajo los parámetros de la cultura dominante en Occidente.

En paralelo como la burguesía construye a un “otro” -el proletariado-, el enemigo –como diría Karl Marx- no puede representarse así mismo, tiene que ser representado.






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