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INCENDIO EN PALOS DE LA FRONTERA

El incendio en Palos de la Frontera muestra la extrema precariedad que viven los temporeros

Mientras la prensa y el Estado se echan las manos a la cabeza por los incendios de contenedores en Madrid y Barcelona, no parecen haber reaccionado igual con el incendio declarado hoy en el asentamiento chabolista de Palos de la Frontera, cerca del polígono de San Jorge, Huelva.

Viernes 19 de febrero | 12:21

El incendio declarado hoy, a las seis de la mañana, en el asentamiento chabolista de Palos de la Frontera, cerca del polígono de San Jorge, Huelva, no ha dejado heridos, pero ha arrasado cinco hectáreas de viviendas dejando a decenas de personas sin alojamiento ni pertenencias. Aunque controlado, los operativos de bomberos tratan aun de extinguir el fuego y evitar los rescoldos.

Como denunciaban hoy en redes sociales cantidad de activistas, asociaciones de inmigrantes y trabajadores del campo, esta es la violencia que debría abrir los telediarios.

Este asentamiento es otro de tantos en Andalucía ocupado por los temporeros inmigrantes. Las condiciones de habitabilidad de estas aldeas son lamentables, sin servicios mínimos ni estructuras, al menos, higiénicas (más ahora en el contexto de la pandemia). Miles de personas viven hacinadas en pequeñas construcciones de maderas y chatarra. Su único sustento son los escandalosamente precarios trabajos que los señoritos del campo les ofrecen: jornadas completas sin contrato, sin ningún tipo de cobertura ni seguridad laboral y sueldos miserables que apenas dan para sobrevivir.

Por si no fuera poco vivir este infierno, los incendios, como apuntaba el alcalde del municipio de Palos de la Frontera, son habituales. Hace un mes hubo un incendio en otro poblado en Níjar, Almería, en que fueron heridos dos temporeros. También el verano pasado hubo hasta tres incendios en menos de cinco días en un poblado chabolista en Lepe en el que 400 personas perdieron todo cuanto tenían.

El mismo alcalde apuntaba que estos incendios bien podían ser provocados o fruto de un accidente. No podemos descartar, en efecto, que pudiera ser provocado ya como un ataque puramente racista como una estrategia de los dueños del campo para desplazar a los temporeros. Sin embargo, que sea consecuencia de un accidente de los habitantes no exime de responsabilidad a los empresarios y terratenientes que conducen a inmigrantes a vivir en esas condiciones, bajo el consentimiento de un Estado que no mueve un dedo por impedir la explotación de los miles de temporeros inmigrantes.

Estos incendios son una consecuencia más de la precariedad en el campo, y muy particularmente en el campo andaluz, donde los temporeros sufren condiciones de extrema precariedad, y si además son mujeres, se encuentran en una situación que facilita que sufran abusos de todo tipo. Son, en resumen, catástrofes que sólo pueden impedirse luchando contra los grandes propietarios de la tierra y los empresarios del campo, por el derecho a una vivienda y un trabajo digno.






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