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OPINIÓN

El “sindicato” de Vox y la necesidad de una estrategia revolucionaria

La formación de ultraderecha ha anunciado durante un acto electoral en Galicia sus planes para constituir un “sindicato” supuestamente “alejado de las cuestiones ideológicas” y para “todos los españoles”.

Miércoles 8 de julio

La formación de ultraderecha dirigida por Santiago Abascal tiene muy clara la necesidad de implantarse en la sociedad civil para cumplir sus objetivos. Una muestra de ello ha sido la apertura del Instituto de Ciencias Sociales, Económicas y Políticas en Madrid, un centro de estudios dirigido por Marion Lepen, sobrina de la actual dirigente de Reagrupamiento Nacional (extrema derecha francesa). Vox habría avalado y apoyado la creación de dicho centro de formación de cuadros políticos e ideológicos que muestra su interés por tejer alianzas con la ultraderecha europea de carácter populista. Si de ese centro, filial del instituto creado ya en Lyon (Francia) hace un tiempo, tienen que salir los futuros generales de la extrema derecha, de algún sitio debe salir la infantería que apoye al aparato político-institucional.

Vox parece prepararse para un escenario en el corto y medio plazo de desencanto popular con el sistema, una crisis económica que radicalice a la población y desgaste a los partidos tradicionales. En ese contexto, la ultraderecha española trata de colocarse como futuro estandarte de los nuevos indignados, aprovechando entre otros factores la integración absoluta en el régimen por parte de Unidas Podemos, que ya no podría intentar representar ese malestar con el Gobierno, siendo parte del mismo. Pero Vox no puede realizar dicha tarea tan solo desde las instituciones. Siendo todavía demasiado frágil, sin raíces en la sociedad civil más allá del evidente apoyo de las fuerzas de seguridad del Estado y sectores clásicos de la extrema derecha, el engendro liderado por Abascal no puede aspirar a completar la totalidad de sus objetivos. Ante esta disyuntiva, han optado por seguir el ejemplo francés y están buscando maneras de ganarse el voto obrero.

El “sindicato” como táctica para una estrategia de hegemonía de extrema derecha

Como se aprecia en el discurso de su presidente, según trascendió hace pocos días, Vox estaría buscando construir un sindicato que “represente a todos los españoles y no a la izquierda; que no fuerce una inexistente lucha de clases; que no sirva a partidos o a causas ideológicas y que proteja a la industria y a los barrios de España”. Abascal hizo este anuncio durante un mitin en A Coruña, después de mencionar conflictos obreros como el de Alcoa o Airbus, donde el dirigente ultraderechista considera que es posible mantener los puestos de trabajo, pero que no ha ocurrido debido a las acciones del Gobierno. Abascal dice que el sindicato que pretenden impulsar se financiará tan solo a través de sus afiliados a diferencia de las grandes centrales sindicales actualmente y que solo sobrevivirá si cumple su función, en caso contrario desaparecerá.

De esta intervención se pueden destacar diversos elementos interesantes que pueden permitir formular hipótesis, a pesar de que no se hayan dado explícitamente muchos detalles de cómo funcionaría dicha organización.

En primer lugar, se destaca de forma obvia que Vox sigue rechazando la lucha de clases (la niegan como hace cualquier partido burgués) ¿Para qué necesitar un sindicato si no se piensa que existe un inevitable conflicto entre trabajador y empresario? Rechazar causas ideológicas, va enlazado a esta idea, claro, pero en general el corporativismo no es exclusivo de la ultraderecha. Es más bien un fenómeno general que se ha dado con la burocratización de los sindicatos durante todo el siglo XX, en especial en los países imperialistas. Por otro lado, hasta el momento, casi el único sitio donde han actuado apoyando reivindicaciones “sindicales”, con las comillas correspondientes, es entre las fuerzas de seguridad del Estado y las equiparaciones salariales reclamadas por Jusapol.

Vox está atacando una imagen que cualquier trabajador se ha podido formar a lo largo de su experiencia laboral, la existencia de una burocracia sindical en las principales centrales sindicales del país. Una casta parasitaria que vive en parte de sus afiliados y en parte de las subvenciones públicas y que pacta por arriba con los partidos políticos burgueses y los propios capitalistas acuerdos que por regla general venden a la clase trabajadora por “un plato de lentejas” y dejan pasar durísimos ataques directos a sus condiciones de vida. Pero la cuestión es que Abascal obviamente no las está atacando por sus traiciones a nuestra clase y para presentar una alternativa favorable a la clase obrera, sino porque esta demagogia sirve a sus objetivos de construirse en la sociedad civil a través de un discurso de odio antiinmigración y de construcción de una “patria” conservadora frente a la crisis de la globalización.

Como ha explicado en su discurso, el líder e Vox quiere impulsar una organización que incluya únicamente trabajadores españoles, por lo que excluye a miles de obreras como las temporeras de la fresa en Andalucía, explotadas generalmente por aquellos patrones del campo que constituyen parte de la propia base social de Vox. Visualizar al inmigrante como parte del problema es un discurso clásico de la extrema derecha y que sin duda va a formar parte del sindicato de Vox, en caso de que este se cree, como una forma de dividir aún más a las trabajadoras entre nativas y extranjeras a la hora de organizarse en sus centros de trabajo. Esto no solo es una forma que tiene la formación para tratar de pescar voto obrero siguiendo el ejemplo del Frente Nacional en Francia -que creció gracias a la debacle del Partido Comunista Francés-, es también una forma de asegurarse un poder extra en los conflictos entre obreros y empresarios. Es tener grupos organizados dentro de un lugar de trabajo, en el bando de los oprimidos y como es previsible preparados para aliarse con los opresores en cada ocasión.

Una organización que no solo rechazaría causas ideológicas y la “inexistente lucha de clases”, sino que va a actuar activamente en contra de otros sindicatos o grupos políticos con el fin de “proteger” a los trabajadores de influencias que consideran nefastas. Porque por mucho marketing y mucho video de Power Rangers vascos que ponga Podemos en redes sociales, la realidad es que la desigualdad social crece y la tendencia es a que el conflicto político se radicalice. Y justamente Vox está activando por derecha en ese sentido, mientras Podemos sostiene el gobierno neoliberal progre junto al PSOE.

Y con esto llegamos a lo que considero que es el último elemento importante del breve discurso de Abascal sobre la organización que están preparando. La cuestión de los barrios: un sindicato que proteja “los barrios españoles”. Pero, ¿qué los proteja de qué exactamente? Si según el dirigente ultraderechista se pretende solucionar conflictos como el de Alcoa o Airbus, si se pretende defender al trabajador en su centro de trabajo y alejarlo de la actividad política perniciosa de las izquierdas ¿Qué tiene que ver el barrio con esto?

Si seguimos la experiencia histórica y actual de la extrema derecha, o vemos cuál fue el desarrollo de organizaciones como Amanecer Dorado en Grecia o algunas milicias protofascistas estadounidenses, esta referencia a “lo barrial” tiene mucha importancia. Las organizaciones a las que se ha denominado populismo de extrema derecha tienen muy claro la necesidad de controlar las calles y de tener grupos preparados para ello, así fue como Trump alentó la ocupación del espacio público por milicias supremacistas armadas hasta los dientes o como la extrema derecha griega asesinó a activistas. La idea básica es que controlar el espacio público permite desactivar al enemigo, algo que tienen muy claro en el populismo de derechas mientras que el neorreformismo de Podemos y Más País (IU se limita a seguir lo que diga Podemos) ha preferido dejar toda la batalla en el terreno institucional.

¿Qué hacer frente a esta evolución de la extrema derecha?

Lo más peligroso de la situación es que están desarrollando sin muchos oponentes esta estrategia, frente a un neorreformismo que nunca tuvo interés en combatir a las burocracias sindicales y un PCE que añora la época en la que dirigían a dicha burocracia.

La extrema izquierda en el Estado español hoy no se encuentra en posición de disputar a niveles cuantitativos lo que puede lanzar un partido con 52 escaños y una gran cantidad de recursos y con un previsible apoyo de organizaciones como Jusapol. Pero lo que sí se puede hacer es dejar de dar vueltas en círculo y de vivir en burbujas. Y para ello es necesario un proceso político de reflexión, análisis y debate entre los distintos grupos y organizaciones que se reclaman anticapitalistas y revolucionarios. Un proceso que no puede limitarse a compartir consignas en manifestaciones y en colocar el logo juntos en carteles (cuando se consigue ponerse de acuerdo en ello), sino que tiene que incluir un profundo balance teórico y estratégico de qué se ha hecho y qué se debería hacer a partir de ahora. La construcción de un partido revolucionario no es una figura retórica para lanzar en un mitin o en una asamblea, sino una tarea histórica que requiere de un profundo trabajo teórico y práctico a nivel político y organizativo. Esto no debe entenderse como la tarea de un intelectual, de un iluminado que salga de alguna facultad de Políticas a darnos la verdad suprema, sino un trabajo colectivo de quienes militen o quieran militar por la emancipación completa del ser humano y la eliminación de las opresiones.

Una tarea que no se puede ver como algo cortoplacista, sino una construcción estratégica que debe comenzar ya. La carta impulsada por la CRT es una iniciativa clara en este sentido, pero que debe incluir mayores esfuerzos por parte de los diferentes grupos en avanzar más allá de simples acuerdos tácticos a nivel de conflictos sindicales o movilizaciones espontaneas. No construirse en unidad orgánica de forma mecánica sino mediante la construcción de una estrategia revolucionaria que aborde el conjunto de pasos a tomar en el momento histórico en el que nos encontramos.






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