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En julio subió el paro y cayeron las afiliaciones a la Seguridad Social por primera vez en 21 años

El fin de los contratos temporales del profesorado y la desaceleración económica provocada por la guerra son algunos de los factores que habrían hecho que el paro subiera en 3.230 personas este mes. Un dato que interrumpe cinco meses seguidos de bajada de paro y que es el peor en julio desde 2008.

Redacción Izquierda Diario

Martes 2 de agosto
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Con 3.230 desempleados más y 7.366 cotizantes menos que el mes anterior ha cerrado este mes de julio, en una de las peores cifras en verano desde el estallido de la crisis económica de 2008. El Gobierno achaca el cambio de tendencia al fin de los contratos de docentes (muchos de los cuales, como los interinos, se van al paro al acabar el curso) y al adelanto de las contrataciones estivales al mes de junio.

El total de cotizantes a la seguridad sería de 20.340.964 personas, habiéndose alcanzado el récord en el mes de junio y el total de desempleados ascendería en julio a 2.883.812 personas. Unos datos que corresponden al clima de inestabilidad global provocado por la guerra, donde la subida de la inflación y de los tipos de interés, así como la desaceleración económica provocada por la crisis energética están a la orden del día.

Un problema que, lejos de ser inevitable, tiene su causa en el comportamiento irracional de los gobiernos capitalistas, que no solo envían armamento y munición para que continúe la guerra (así como imponen sanciones a Rusia, que son también herramientas de guerra) y llevan a cabo una política imperialista de rearme que empobrece las arcas públicas, sino que tampoco tocan los beneficios de las eléctricas. En el caso del Estado español, el “impuesto extraordinario” del gobierno ni siquiera supera la subida en el gasto militar.

La inflación es otro problema al que se enfrentan los trabajadores, tanto los que están en paro como los que siguen contando con un empleo, porque mientras se sitúa en un 10%, los salarios apenas subieron de media una tercera parte el último año. Todo ello lleva a un empobrecimiento colectivo y a una atmósfera de incertidumbre.

Los datos sobre qué sectores se han visto más afectados por la subida del desempleo y la caída de afiliaciones son, también, reveladores. Mientras que el sector de la hostelería parece salir más o menos indemne, otros como el de la educación o la agricultura son los más afectados.

El sector hostelero cuenta en julio con casi 23.000 afiliados a la Seguridad Social más, una cifra usual en esta época del año. Aunque sabemos que, en este sector, el empleo es tremendamente precario, por lo que muchos más trabajadores podrían estar trabajando sin contrato y sin estar dados de alta en la Seguridad Social, a cambio de salarios de miseria.

Pero en otros sectores, como el de la agricultura, la afiliación es de 51.496 personas menos. Algo relacionado con las terribles olas de calor que se han sufrido en todo el Estado durante los últimos meses. El gobierno habla de un “aplazamiento” en el trabajo en el campo por las altas temperaturas, pero lo que podría estar en juego es una parte importante de las cosechas que, abrasada por las altas temperaturas, estaría totalmente perdida.

Solo la ola de calor de junio provocó una importante merma en la cosecha de cereales, que, especialmente en cultivos en Castilla y la Mancha, llegó a ser de hasta el 50%.

Sin embargo, el sector donde los afiliados cayeron más en julio fue el educativo, con 115.528 afiliados menos. Esto es debido a que el fin de curso ha supuesto también el fin de numerosas contrataciones de personal contratado antes de la reforma laboral. Se trata de trabajadores que, si bien realizan un trabajo como interinos fijos discontinuos, o bien suplencias, están contratados con un modelo precario, en el que al menos dos meses al año van al paro porque ni la Administración en el caso de los centros públicos, ni las empresas en el caso de los privados, mantienen la contratación en verano.

En muchos casos, eran contratos COVID, de refuerzo de los centros durante la pandemia, porque se buscaba reducir la ratio de alumnos por clase. Ahora, a todos esos trabajadores les espera un futuro incierto, y la Ley Iceta contra la que protestan los docentes, no acaba con la temporalidad, sino con los trabajadores temporales.

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La industria de momento se libra de la caída del paro, aunque a nivel europeo todo el sector está en fase de contracción, por un frenazo en los pedidos derivado de la inflación y el racionamiento de gas en Europa. En el caso de la construcción, el sector solo tiene 651 afiliados más en julio, cifras que podrían tener que ver también con las altas temperaturas.

Por comunidades, la evolución del paro ha sido desigual: disminuyó en Comunidad Valenciana, Andalucía y Asturias por la temporada de turismo, pero subió en Catalunya, Castilla La Mancha y Madrid sumando entre las tres más de 8.000 nuevos desempleados. En septiembre, el empleo podría caer también en las comunidades donde creció en verano, porque se trata de empleos muy temporales y vinculados a la hostelería.

Lo que está claro es que la inflación provocada por la guerra, la inestabilidad económica y la crisis energética y de la cadena de suministros seguirá teniendo impacto sobre los datos de empleo del país. Quienes, de momento, se están viendo más afectados, son los docentes, pero también otros sectores como el los autónomos, siendo su caída de afiliación otro factor clave para entender los datos de la Seguridad Social.

Como señalamos en este artículo, la lucha contra la inflación, que en parte ya se está dando en las huelgas por toda Europa en sectores estratégicos como el portuario, es una cuestión clave que también debemos tener en cuenta para entender la situación. Y es que hay aumento de paro y precariedad, pero también puede haber un incremento en la conflictividad social en el próximo tiempo.

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En luchas como las de Ryanair en el Estado español o los portuarios alemanes lo que está en juego es quién debe pagar los costes de la crisis, si son los capitalistas o los trabajadores. Y lo que debe levantar la clase trabajadora, tanto la que trabaja como la que está desempleada, es un programa de lucha que haga pagar la crisis a la patronal, que sigue enriqueciéndose a su costa. Un programa que se alíe con el resto de los sectores que viven las consecuencias de la precariedad y la crisis, y no solo se centre en las reivindicaciones concretas de cada sector. Y que denuncie rabiosamente que el fin de la crisis pasa por parar la guerra en Ucrania, donde dos bandos reaccionarios han provocado ya el desplazamiento de millones de personas y la muerte de miles de ellas.

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