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Estado español: ¿Qué perspectiva para el sector del turismo tras el coronavirus?

La crisis del coronavirus augura una situación apocalíptica para el turismo en el Estado español y reabre el debate sobre el modelo de acumulación basado en el turismo, los servicios… y la precariedad laboral.

Diego Lotito

@diegolotito

Miércoles 15 de abril | 17:05

El coronavirus no solo está teniendo duros efectos en la salud pública, sino también económicos y sociales, generando nuevos riesgos a las clases trabajadoras aparte del sanitario. Uno de los mayores dramas se da en el sector turístico, pieza central de la economía española y prácticamente la más esencial en algunas comunidades y ciudades. Por poner un ejemplo, en Málaga el 80% de la población ocupada de la capital trabaja normalmente en profesiones del sector del turismo o de sectores relacionados con este. Pero sin duda afecta en general al conjunto de la economía del Estado, no debemos olvidar que somos un país de servicios y no uno industrializado. Por tanto, las perspectivas para millones de trabajadoras y trabajadores en todo el Estado no solo son trágicas ahora mismo por la presente pandemia mundial, sino que no tiene pinta alguna de que vayan a mejorar cuando termine la crisis sanitaria. A fin de cuentas, ¿alguien cree que en el corto plazo los turistas vayan a querer (o siquiera poder) acudir en masa de vacaciones a nuestras playas o llenar los hoteles y bares que ocupan un lugar preeminente en los centros de nuestras ciudades? Difícil de creer si vemos que incluso en regiones de China donde la epidemia parecería más controlada, las medidas de seguridad restringen enormemente cualquier movimiento con el objetivo de evitar un nuevo rebrote del virus.

El problema no es que uno vaya a echar de menos tratar con turistas, hablar con guiris y tratar de practicar el inglés; la gravedad del asunto es que muchas regiones de nuestro país no tienen alternativa económica a la crisis que se avecina. Por lo pronto sabemos que no va a haber Semana Santa (lo que supone 400 millones de euros menos de ingresos solo en Sevilla, 100 en Málaga, 50 en Castilla y León, 25 en Castilla La Mancha) ni tampoco Córdoba piensa celebrar su feria o las Cruces; en Valencia ya se han visto canceladas las Fallas, cuyo impacto económico es enorme a pesar de que no hay un estudio firme que nos permita cuantificar de cuanto estamos hablando. Madrid no tiene mejor pinta, siendo la región más golpeada por el coronavirus. En resumen, por no alargar más la cantidad de celebraciones que se están cancelando, podemos citar la cifra de la consultora cordobesa Adeitur que estimaba que solo en Andalucía (una de las regiones que más depende del turismo en nuestro país) va a perder 2.177 millones de euros que se esperaban ingresar este año por el turismo. En 2019 el gasto de los turistas en Andalucía ascendía a 8.710 millones de euros. Todo un mazazo económico a la región que ya sufre en sí por otro lado con la sobrexplotación en el sector agrícola por parte de los terratenientes como se ha explicado en otros artículos de Izquierda Diario.

Esto se ve también en otras estadísticas. Por ejemplo hace un par de semanas el Diario Sur relataba como la temporada altas de las aerolíneas en el aeropuerto de Málaga (el principal de Andalucía) se había abierto con apenas 10 vuelos y expresaba los siguientes efectos de la crisis de las aerolíneas: “El Covid-19 dejará en las compañías europeas pérdidas de 69.000 millones de euros, y España será uno de los países más afectados con 11.800 millones de euros menos, según ha advertido la Asociación Internacional del Transporte Aéreo (IATA), que añadió que además que la crisis del sector aéreo se podría extender a otras actividades económicas y causar en Europa un impacto de hasta 343.000 millones de euros en el PIB continental, de los que 44.400 millones corresponderían a España que señala como el país europeo más golpeado en cuanto a empleos y parte del PIB afectado. Sin embargo, precisa que sería Reino Unido, el principal mercado para la Costa del Sol, el que más pérdidas directas de ingresos sufriría, por valor de 19.700 millones de euros, afectando a 402.000 trabajadores y 29.600 millones de euros de su producto interior bruto.

Los hoteles tampoco presentan mejor situación, un 25% de ellos en la Costa del Sol anuncia que no abrirán después de la crisis del coronavirus, lo que indica que habrá una oleada de despidos y una inexistencia de contrataciones de un sector que ya de por sí en muchos casos se trata de empleo precario, estacional, mal pagado y con una pésima situación laboral. El testimonio de Las Kellys recogido en Izquierda Diario ya nos anticipa que espera a millones de trabajadores de este sector. Si es que no se ha dado ya, porque ellas mismas explican, millones de trabajadores no han sido protegidas ya por las medidas del Gobierno, y se encuentran despedidas y sin ingresos.

¿Qué hacer ante un futuro de miseria?

El turismo es un sector que ha llenado los bolsillos de algunos con miles de millones de euros mientras una mayoría ha vivido sobreexplotada, precarizada, empobrecida, en trabajos de miseria y estacionales, incapaces de vivir con una mínima estabilidad y condiciones dignas. En general suele pasar en muchos sectores, pero en ciudades como Granada, el turismo y especialmente la hostelería es la joya de la corona en términos de sobreexplotación laboral.

Todo esto ocurría en condiciones normales, ahora hemos visto como el patrón echa el cierre sin importarle en la mayor parte de casos lo que le ocurra al trabajador (una vez más, animamos a leer el artículo citado anteriormente de Las Kellys para ver un ejemplo de esto) tras años de grandes beneficios económicos.

Esto es una realidad que no puede ser admitida, porque hacerlo implica aceptar que millones de trabajadoras y trabajadores van a vivir en la más absoluta miseria en los próximos años, incapaces de encontrar un empleo con el que mínimamente subsistir y mucho menos tener condiciones dignas de vida. Urge en esta situación plantear un programa en defensa de los derechos de las trabajadoras y de un giro a la situación en favor de quienes producen la riqueza.

Un programa para dar futuro a la clase obrera

La crisis del coronavirus limita al extremo la continuidad del esquema acumulación basado en el turismo y los servicios, no solo porque como ya hemos mencionado, es de los sectores que más explotan y precarizan a las clases trabajadoras, sino porque mantenerlo en pie implica abocar a la miseria a millones de personas que ahora mismo dependen del mismo para encontrar empleo. Y al mismo tiempo, un sector profundamente depredador del medio ambiente.

La alternativa evidentemente requiere una reconversión del conjunto de la economía española. En el caso de Andalucía, la derecha ya parece haber encontrado una solución, volver al ladrillo y la especulación inmobiliaria, para seguir llenando sus bolsillos de otra forma. Por ello una salida integra y efectiva a este problema no puede venir del Gobierno ni los capitalistas, sino de la clase trabajadora. Pero esta solo puede partir de que sean los capitalistas los que paguen la crisis.

Como dice la cuarta declaración de la CRT ante la crisis, “el gobierno ‘progresista’ sigue sin tocarle un euro a las grandes empresas y fortunas, poniendo a su disposición 100 mil millones en avales y aumentando la deuda, que nos harán pagar con los ajustes de mañana. Contra este nuevo rescate a los capitalistas tenemos que pelear por un impuesto del 20% a las grandes fortunas, del 50% a los beneficios del IBEX35 de 2019, el no pago de la deuda y un impuesto a la banca para recuperar el rescate bancario. Solo con estas medidas dispondríamos de 130 mil millones para hacer frente a la crisis sanitaria y social, y rescatar no a los banqueros y empresarios, sino a los trabajadores y sectores populares.”

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Y al mismo tiempo que se lucha por que sean los capitalistas quienes paguen la crisis, para lo cual es imprescindible recuperar los sindicatos para la lucha de clases y la organización independiente de la clase obrera, la clase trabajadora tiene la tarea de dar una salida estratégica a la crisis planteando como perspectiva la planificación racional de la economía.

Es necesario pelear por una reconversión radical de todas las grandes industrias y servicios, la confiscación estatal de maquinaria e instalaciones y el control obrero de la producción. En primer lugar, para producir todo lo necesario para enfrentar la pandemia y la satisfacción de todas las necesidades sociales en esta crisis; y en perspectiva, para reorganizar la producción al servicio de las necesidades de la mayoría social y no de las ganancias de un pequeño puñado de parásitos capitalistas.






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