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PRECARIEDAD LABORAL

Explotación laboral y opresión patriarcal: la denuncia de la trabajadora de un tanatorio

Sara, trabajadora de recepción de un tanatorio denuncia su caso de explotación laboral, vulneración en derechos de salud en el trabajo y represión sindical.

Jueves 1ro de julio | 10:58

La explotación laboral y la represión sindical no son cosas del pasado, sino que las estamos viviendo cada día en nuestras empresas los y las trabajadoras que no están dispuestas a aceptar unas condiciones que son cada vez peores. El caso que Sara ha contado en twitter es un ejemplo de como las empresas se aprovechan del patriarcado para acrecentar la explotación laboral a costa de la salud de sus trabajadoras.

Sara es trabajadora de un tanatorio que funciona a nivel estatal. Ella trabaja como recepcionista y asegura que “nos obligaban a llevar falda y tacón”. A causa de esto “asistí dos veces a urgencias a que me pincharan por los dolores que tenía de espalda. Ellos eran conocedores de mi problema con una hernia discal y del daño que nos hacían a las trabajadoras en la espalda y los pies”.

También saca a la luz como vulneran derechos laborales y su propio convenio. Expresa esta trabajadora en un tweet que “No nos pagaban el plus de nocturnidad, tampoco nos daban el calendario laboral con los turnos y horarios tal como recoge el convenio además de cambios de turnos de un día para otro”.

Tras reclamar todas estas cosas por escrito, Sara cuenta que la empresa no les hizo caso, por lo que decidió demandar todos los incumplimientos y vulneraciones de sus derechos. Además, junto a esta demanda puso una denuncia a Inspección de Trabajo.

Antes del acto de conciliación le pagaron los pluses de nocturnidad y en el propio acto negaron que les obligaran a llevar falda y tacones para trabajar. En las semanas siguientes le dieron un pantalón y le dijeron que los zapatos de trabajo se los tendría que comprar ella.

Tras el acto de conciliación, Sara decidió recoger firmas para convocar elecciones sindicales parciales, algo que logró hacerlo tras el apoyo de la mayoría absoluta de sus compañeros.

Nos cuenta Sara que “una semana antes de convocar la mesa electoral, me despiden disciplinariamente por falta de buena fe contractual”, por lo que según la empresa no podía presentarse a elecciones, aunque ella había reclamado ese despido como nulo, por lo que la ley sí le permitía hacerlo hasta que se resolviera la reclamación. Tuvo que finalmente impugnar esas elecciones.

Incluso la burocracia sindical salió en defensa de la empresa por encima de las trabajadoras. Tal y como cuenta “En las elecciones, UGT convenció a un compañero que se presentara a las elecciones ya que había quedado un puesto “libre” (el mio)” por lo que el sindicato tenía constancia de este despido y lo utilizó a su favor.

A raíz de esto las elecciones fueron impugnadas y en diciembre es el juicio. Pero la represión no acaba ahí, ya que algunos de sus compañeros han sido apercibidos para evitar que sigan organizándose, “sancionaron a un compañero mío con 8 días de empleo y sueldo, por haber mantenido una reunión conmigo en el centro de trabajo. El objetivo era mandar un mensaje al resto de compañeras para que no reclamen por sus derechos”.

Por último, Sara quiere mandar un mensaje “Necesito que se conozca mi historia para que sirva a los demás de que no cesen en demandar y denunciar si ven irregularidades, es imprescindible ponerlo en conocimiento para que se nos respete nuestros derechos, a nuestros abuelos les costó mucho trabajo conseguirlos.”






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