OPINIÓN

Extrema derecha, clase obrera y la impotencia de la izquierda reformista

La presencia de Vox en Vallecas muestra como la extrema derecha quiere avanzar en los sectores populares. El rol desmovilizador y de aplicación de políticas social-liberales de la izquierda reformista les allana el camino. La necesidad de poner en pie otra izquierda anticapitalista y de clase.

Pablo Castilla

Contracorrent Barcelona - estudiante de Filosofía, Economía y Política en la UPF

Jueves 15 de abril | 14:12

Pablo Castilla en el debate televisivo OpinaYouth desmontando la demagogia de Vox - YouTube

Si bien la extrema derecha no tiene todavía un peso importante dentro de la clase trabajadora, eso no significa que formaciones como Vox rechacen llegar a esos sectores. En este sentido, el acto de la formación liderada por Santiago Abascal en el barrio obrero de Vallecas y la contramanifestación convocada por diversos asociaciones sociales y vecinales supone un buen punto para debatir sobre por qué crece la extrema derecha y cómo combatirla.

Lejos de determinismos que ven a los obreros como un sujeto necesariamente de izquierdas, o de paternalismos de la izquierda “cool” que culpan a la “incultura” de los sectores populares del auge de los discursos reaccionarios, más interesante resulta pensar por qué parte de la clase trabajadora deja de confiar en quienes tradicionalmente dicen defenderla.

Desde que nació Podemos hemos visto a la formación morada criticar a la casta, rogarle gobernar juntos y finalmente hacerlo. Durante la pandemia, el gobierno que obligó a los trabajadores “no esenciales” a volver a trabajar a pesar de no tener ni mascarillas y con el consiguiente riesgo de contagio fue el gobierno del PSOE y Unidas Podemos; los responsables de sufragar ERTEs – que a veces no se pagan – a empresas millonarias con dinero público y aumentar la deuda es el ejecutivo de Iglesias y Sánchez; quienes se negaron a intervenir la sanidad privada también fue el gobierno “progresista”. Unidas Podemos forma parte del ejecutivo que se niega a derogar la reforma laboral que precarizó el trabajo y negocia una nueva; es el gobierno “progre” el que destinará los miles de millones de la UE a ayudas a la grandes empresas del IBEX que han seguido creciendo durante la pandemia, por cierto en este punto con los votos a favor de Vox.

La policía que reprime en las manifestaciones está a cargo del ministro del Interior del PSOE, el señor Grande Marlaska, encubridor de torturas según el Tribunal de Estrasburgo; es el ministro de Consumo de Alberto Garzón de IU el que mantiene la barra libre para las casas de apuestas que arruinan a los barrios obreros; es el ministro de Universidades Manuel Castells de Unidas Podemos el que ha dejado tirados al estudiantado y el que defiende un modelo de universidad brutalmente elitista como es el norteamericano; el gobierno que prohibió el 8M y permitió las manifestaciones de la extrema derecha es el que tiene un ministerio de Igualdad; quienes están convirtiendo Canarias en una nueva Lesbos es el gobierno “más progresista de la historia”; el ministro que quiere retrasar la edad de jubilación es el del PSOE…

VIDEO: Pablo Castilla de Contracorriente defiende las manifestaciones de Vallecas y desmonta el discurso de Vox

En definitiva, quienes dicen defender a los trabajadores son los mismos que acaban traicionando su confianza y llamando a la desmovilización para finalmente acabar aplicando las políticas de la derecha.

En contextos así es cuando partidos como Vox aprovechan el malestar entre los más explotados y oprimidos para tratar de dividirlos. Por eso van a barrios como Vallecas a hablar de “currantes” y señalan al gobierno “progre” como el responsable de sus males. Sin embargo, a la extrema derecha que está contra los inmigrantes le encanta el imperialismo del gobierno PSOE-UP que garantiza los negocios de Telefónica y Repsol en América Latina o los pesqueros en los caladeros de Senegal y Mauritania; Vox de la Monarquía olvida que son el PCE, Podemos e Izquierda Unida quienes aumentan junto al PSOE el presupuesto de la Casa Real y su gobierno el que facilitó el retiro dorado del Emérito; la extrema derecha defiende a las grandes fortunas, pero el gobierno “progresista” tampoco les ha tocado un pelo durante la pandemia…
Aunque a reformistas y derechistas les duela, tienen más en común entre ellos de lo que quisieran reconocer ante los y las trabajadoras y, por eso, entre todos se pusieron de acuerdo para destinar las ayudas mil millonarias de la UE a la grandes empresas del IBEX.

El problema de las formaciones que se dicen de izquierdas y aplican las políticas de la derecha no son solo las políticas, sino la desmovilización que generan y que imposibilita cualquier capacidad de reacción. Así, las tres organizaciones “progresistas (PSOE, Unidas Podemos, Más Madrid) sacaron un comunicado público llamando a no hacer ninguna contramanifestación al acto de Vox en Vallecas centrando la cuestión del freno a la extrema derecha en ir a votar el 4M a ellos ¿Pero votarlos para qué? ¿para que apliquen las medidas de la derecha?

El peligro desmovilizador no viene solo de la izquierda institucional que lo promueve, sino también de la burocracia sindical y de muchas direcciones de los movimientos sociales que se adaptan a ella. Si queremos frenar a la extrema derecha, debemos construir una izquierda radicalmente distinta que pelee con una estrategia y un programa radicalmente distinto.

Ante las políticas de la izquierda reformista y la derecha para salvar a los ricos de la crisis, luchemos por un programa que dé solución a los problemas de la clase trabajadora y los sectores populares haciéndoselo pagar a los capitalistas. Frente al problema de la vivienda, luchemos por la expropiación de los pisos en manos en manos de grandes tenedores; contra la avaricia de las eléctricas y las farmacéuticas, nacionalicemos los sectores estratégicos de la economía para garantizar luz, agua y vacunas a toda la población en perspectiva de poner nuestros recursos al servicio de producir insumos sanitarios para los trabajadores de otros países y acabar con las patentes; ante el cierre de empresas y despidos, peleemos por su nacionalización sin indemnización bajo control obrero para fabricar aquello realmente necesario; frente al problema del paro y las pensiones, defendamos el reparto de horas de trabajo sin reducción de salario y la jubilación a los 55 años.

Para pelear por todo ello, es el momento de impulsar una izquierda que enfrente el rol pasivizador de las burocracias sindicales de CCOO y UGT que firman despidos y negocian cierres como en Nissan; una fuerza que luche por una impulsar un movimiento estudiantil más allá de la universidad en confluencia con los trabajadores en lucha y en dura crítica contra el gobierno, y porque los movimientos sociales desplieguen toda su fuerza junto a la clase obrera para resolver los grandes problemas sociales que no han hecho más que agravarse bajo el gobierno “más progresista de la historia”.






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