SUPLEMENTO

Huelgas teñidas de violeta: las trabajadoras de conservas de Bizkaia

Cynthia Luz Burgueño

Huelgas teñidas de violeta: las trabajadoras de conservas de Bizkaia

Cynthia Luz Burgueño

El sector de Conservas de Bizkaia, esencial, aunque poco conocido y muy feminizado, tiñe de violeta las luchas laborales. Es uno de los sectores más explotados de la producción alimenticia. Un análisis del sector, a propósito de la jornada de huelga del 30 de noviembre.

Más de dos mil mujeres y cien hombres trabajan en el sector de la conserva del pescado en Euskadi. La mayoría son mayores y llevan años en el mismo trabajo, considerado esencial, tal como hemos visto durante la pandemia cuando los supermercados aparecían vacíos de latas.

En el Estado español, este sector está representado por más de 30.000 personas de las cuales un 60% son mujeres; uno de los sectores de la industria más feminizados, teniendo en cuenta que la industria manufacturera de conjunto, sólo 20% está representado por trabajadoras. [1]

Según un estudio de CCOO, la cifra de negocios de este sector se sitúa cerca de los 6.000 millones de euros, lo que supone un 5% de la producción de la Industria alimentaria española. Existen 650 empresas, caracterizada por su altísima atomización del tejido productivo, con un 36% de empresas que contratan 5 personas asalariadas; de entre 6 y 9, un 10,2%; un 26,6% los que tienen entre 10 y 30; y un 26,8% los centros con más de 30 personas trabajadoras. Respecto a la distribución territorial, está muy concentrado entre Galicia y Cantabria, donde centralizan el 44% del total de empresas, aunque también tiene mucho peso en comunidades como C. Valenciana, Euskadi y Andalucía.

Pero una de las características más notables es la desigualdad y discriminación de las mujeres dentro de la industria del pescado, quienes sufren las peores condiciones. La discriminación comienza en la selección, contratación, formación y promoción dentro de las propias empresas. Veamos los datos más destacados del estudio citado. El 48% de las mujeres tienen un contrato precario, el 30% un contrato temporal y el 18% un contrato fijo discontinuo. El 77% de los contratos a tiempo parcial los firma una trabajadora del sector. Respecto a la tasa de subempleo, el 32,7% aporta una cualificación mayor a la que requiere su puesto. Sólo el 14,8% de las mujeres ocupan un puesto de dirección o gestión. Y, como veremos, la brecha salarial de género por trabajos de igual valor es altísima, representando el 29,7%.

Detrás de una lata de conserva: el trabajo manual y penoso de las trabajadoras

¿Pero, qué hay detrás de una lata de conserva? las manos y espaldas de las trabajadoras, muy dañadas debido a las brutales condiciones de explotación: “están expuestas a cargas de gran peso, en algunas fábricas mueven cargas de 800kg con traspaletas no aptas porque son manuales, no eléctricas. Además, otros pescados de varios kilos los tienen que levantar desde el suelo hasta las mesas y tinajas, que significa 11 pisos de elevación”, explica Aritz del sindicato ELA, sector de la conserva.

¿Qué tareas realizan? Elaborar el pescado. Desde que llega fresco, sigue un recorrido de múltiples tareas hasta su objetivo final: que el pescado esté en la lata. Y aunque hay algunos tramos automatizados, la larga cadena productiva supone muchísimo trabajo manual: cocer el pescado, abrirlo, quitarle las espinas, cortarlo a trozos, envasarlo. Lide Mendieta, trabajadora del sector y delegada de prevención del Sindicato ELA, lo explica en detalle.

“Se comienza con el corte del pescado, lo hace un hombre con la sierra. Pero todo lo demás lo hacemos mujeres en diferentes puestos: unas sacan las tripas, otras levantan el pescado mientras se corta, que tiene bastante peso depende el que te toque, entre 5kg y 10kg, pero hay veces que te toca un pescado de 30kg. La zona es muy húmeda y los pescados vienen muy fríos de las neveras. Es bastante duro, penoso, porque aunque hay algunas máquinas todo tiene mucho trabajo manual. Luego se pasa a la peladora, pero antes tenemos que abrir el pescado, meterlo en las parrillas y después sacarlo abrirlo y quitarle las espinas. Eso va luego a las mujeres que lo pelan y que también tienen que levantar bastante peso, claro, porque las cestas tendrán 10kg y las piezas del pescado también pesan mientras las cortas o las pelas. Y luego las empacadoras, pues lo mismo.“

Además, se exponen a cambios extremos de temperaturas frías y húmedas. Y, sobre todo, a movimientos repetitivos que dañan gravemente las articulaciones y músculos. “Reuma, fibromialgias, cargas las cervicales, lumbalgias, síndrome del túnel carpiano, problemas de espalda, de trapecio, de hombros. El estrés laboral es otra de las causas de bajas médicas, cuestión que se tiene poco en cuenta, debido a la presión de sacar el trabajo en el tiempo que se les exige”, nos explica Aritz. Y así lo siente Lide todos los días:

“La verdad es que es un trabajo artesanal, no está muy maquinizado. Los carros pesan mucho y utilizamos mucho los brazos, desde los dedos hasta el hombro. Y da mucha rabia que luego vas a la mutua y te digan que no es así, que no utilizamos los hombros o sea qué ¿dejamos el hombro en casa y utilizamos el codo y los dedos? Sólo nos reconocen tendinitis, túnel carpiano”.

Todo esto hay detrás de una lata de conserva. Y también de las reivindicaciones de una huelga que, sólo con explicar un día normal de trabajo, tiene su justa razón de ser convocada. Cuando leemos o vemos por las redes que Las trabajadoras de tal o tal empresa luchan contra la brecha salarial y la precariedad, tendríamos que hacer el ejercicio de pensar en cómo es un día de trabajo de estas mujeres, como el de Lide:

“Estas continuamente cargando peso y con muchos movimientos repetitivos, agachándote desde el suelo a más alturas. Y echar el aceite a una lata, parece una tontería, pero las muñecas nos quedan destrozadas, es un movimiento simple pero muy repetitivo. Y aunque hay otra máquina que mete el pescado en la lata, también siempre hay mujeres que tienen que empujar las latas o arreglarlo con sus manos, para que se cubra bien cada lata. Yo estoy a gusto con mi trabajo, es un trabajo muy importante y esencial, pero con estas condiciones laborales, es muy duro para la mayoría de las trabajadoras. Por eso vamos a la huelga.“

Si hablamos de sus condiciones laborales, aún todo se explica más: “bajos salarios, alta eventualidad, ETTs, no hay prácticamente fijeza, bolsa de horas, alta flexibilidad. Que este sector no sostenga contratos fijos, cuando la demanda de trabajo es altísima, significa una gran contradicción”, denuncia Aritz. Varios estudios dan cuenta de que la tasa de estacionalidad del empleo del sector, es muy superior a la que presenta la Industria alimentaria en conjunto, duplicándose en el año 2019.

Tan esenciales como explotadas: brechas salariales y precariedad con rostro de mujer

Las trabajadoras de Bizkaia van a la huelga. Una jornada convocada después de siete meses de negociación de un convenio que, según ELA, no está blindado y que por tanto las empresas podrían no aplicarlo. La patronal ofrece un convenio de tres años, según ELA, “con aumentos de salarios irrisorios: del 0,5 para el 2021; 2,5 en el 2022; 2% en el 2023; 1,25% en el 2024. Sin añadir ninguna cláusula de revisión anual del IPC real”, y además, se niega a negociar otras cuestiones relacionadas con la enorme precariedad laboral y los graves problemas de salud de las mujeres por causas laborales.

La socióloga Eva Perujuaniz, una de las autoras del estudio antes citado, nos brinda los datos más destacables de esta situación: “una de cada dos mujeres del sector a nivel estatal tiene un contrato precario, el 71% de los contratos temporales que se realizan y el 82,38% de los discontinuos, recaen sobre las mujeres”. Y explica que la categoría profesional de maestro de fabricación, muy feminizada, cuenta con un salario inferior en un 22% al que cobran los almaceneros y un 9% inferior al de ordenanzas, conserjes y vigilantes, en su mayoría hombres.

Esta desigualdad está establecida en el mismo convenio estatal de las conservas. Mientras los salarios de trabajos masculinos están por encima de los 1.000 euros al mes, el salario más alto ocupado en su mayoría por mujeres es de 925 euros. Y lo más grave es que la mayor penosidad la sufren las mujeres, al estar sometidas a condiciones laborales de explotación concentradas en los empleos directamente relacionados con la producción, como sierra y corte; empacado, enlatado y fileteado; y cerrado y envasado. Contrariamente, el trabajo masculino está concentrado sólo en una ocupación de producción: emparrillado y cocina.

Todos los sindicatos denuncian que es un sector cuya actividad laboral es considerada como complemento o segundo salario de las familias, al históricamente considerado salario principal, el del hombre “jefe del hogar”. Un modelo laboral patriarcal imbricado desde hace siglos, que actualmente, aunque las mujeres ya pueden tener cuenta bancaria propia y trabajar sin permiso de sus maridos como sucedía a principio del siglo XX, las patronales capitalistas continúan sosteniendo para extraer aún más ganancias de las entrañas de las desigualdades en el trabajo entre hombres y mujeres.

La discriminación laboral conformada por la histórica y duradera división sexual del trabajo, está implementada en las categorías profesionales, los complementos salariales, y en las modalidades de contratación. Y también infravalorando las tareas destinadas a las mujeres. La brecha salarial, por tanto, tiene un origen profundo.

Primera jornada de huelga: un conflicto que podría extenderse a otras regiones

Dicen que nuestro trabajo es ‘esencial”. Pero las vidas de las trabajadoras también son esenciales y la patronal eso no lo entiende, por eso vamos a la huelga.

Igual que la mayoría de los sectores laborales feminizados, las trabajadoras de conservas y procesado del pescado también fueron consideradas esenciales durante la pandemia, obligadas a trabajar sin importar a las patronales la puesta en riesgo de la salud de estas mujeres. Pero históricamente vienen siendo uno de los rostros más precarios, e incluso muy poco conocido y visibilizado, lo que se romperá con una jornada de huelga.

Las reivindicaciones de las trabajadoras tiñen de violeta la convocatoria de la huelga: contra la brecha salarial, exigen un salario mínimo de 1.200 euros y 35 horas semanales, una reducción de 80 horas en la jornada anual durante la vigencia del convenio, según el sindicato ELA. Además de medidas de salud y seguridad en el trabajo y que las empresas complementen las bajas por enfermedad común, frente a la actuación siempre arbitraria de las mutuas que dan el alta antes de tiempo, o no reconocen como profesionales las bajas derivadas del esfuerzo físico y repetitivo frente a los altos niveles de explotación.

Las mujeres de Bizkaia se han puesto al frente de estas reivindicaciones. Sin embargo, no es descartable que las trabajadoras del resto del Estado de este sector - centralizado en Comunidad Valenciana, Cataluña, Andalucía, Euskadi, Galicia y Asturias-, protagonicen más protestas como ha ocurrido en Galicia y Cantabria, y varios sindicatos están preparando una convocatoria a nivel estatal. Además, se preparan acciones previas y muchos colectivos del movimiento feminista vasco apoyará activamente a las trabajadoras.

La pandemia dejó claro quiénes son “esenciales”: la clase trabajadora, hoy muy diversa, racializada y, sobre todo, altamente feminizada. Sin embargo, el sistema capitalista y patriarcal las ha ubicado históricamente en las últimas de las categorías, infravalorándolas, para imponer mayor explotación, todo tipo de brechas y desigualdades.

Pero este reconocimiento como “esenciales” de parte de los capitalistas es un arma de doble filo para el sistema. Porque ha alimentado la conciencia de las trabajadoras de sus propias fuerzas, para organizarse contra las consecuencias devastadoras de la crisis. Y ya en plena pandemia hemos visto a las trabajadoras sanitarias, enfermeras y auxiliares que sufrieron brutalmente la explotación. Las trabajadoras de la limpieza de hospitales, o las cuidadoras de personas mayores y dependientes siendo una gran mayoría de colectivos migrantes en los países imperialistas. Las trabajadoras del Museo de Bilbao Guggenheim que llegarán a 200 días de huelga contra la brecha salarial y las condiciones de explotación laboral. Las trabajadoras precarias de la educación también se están organizando. O las trabajadoras de las residencias en el País Vasco.

Todas experiencias que están desafiando a la fragmentación laboral, el corset de las burocracias sindicales, a la división sexual del trabajo y, de este modo, al sistema capitalista en su arista más patriarcal y opresora.


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NOTAS AL PIE

[1CCOO Industria, Campaña #PescarDerechos. A la ofensiva contra la precariedad contra la precariedad, la desigualdad y la discriminación en la industria del pescado. Según este estudio de CCOO: “en la Industria alimentaria en conjunto el peso de la mujer está 21 puntos por debajo, con una tasa de feminización del 37,2% en dicho trimestre, siendo también el del pico del empleo para todo el agregado. La tasa de feminización en la industria manufacturera se sitúa alrededor del 20%”, Madrid, 2020, p. 10. Ver: https://www.ccoo.es/92b3e86c4f2bbf20ed5a9f7014b97dd9000001.pdf].
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Cynthia Luz Burgueño

Barcelona | @LubCynthia
Doctora en Historia en la Universidad de Barcelona (UB), especializada en clase trabajadora durante el franquismo y la Transición. Escribe sobre marxismo y lucha de clases, género y clase, precariedad y feminización del trabajo. Ha sido curadora de la exposición «Las Kellys. Lucha de mujeres en la Barcelona precaria», en La Virreina-Centre de la Imatge. Es coautora del libro «Patriarcado y Capitalismo. Feminismo, clase y diversidad» (AKAL), 2019. Comité Editorial de IzquierdaDiario.es. y escribe en ’Contrapunto’.
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