Política Estado Español

DEBATE PRESIDENCIAL 26J

Iglesias a Sánchez: “No soy yo el rival, el rival es Rajoy”

A dos semanas de las elecciones generales en el Estado español, un debate a cuatro marcado por la moderación. Rajoy sueña con una “gran coalición” e Iglesias insiste en gobernar con el PSOE.

Josefina L. Martínez

@josefinamar14

Diego Lotito

@diegolotito

Lunes 13 de junio de 2016 | 21:43

Foto: EFE/Mariscal

El debate, organizado por la Academia de la Televisión, fue el único antes de las elecciones del 26J. Seis meses después de las elecciones del 20D, la composición del futuro gobierno español sigue siendo un interrogante que no tiene fácil solución.

Mariano Rajoy (Partido Popular), Pablo Iglesias (Podemos), Pedro Sánchez (PSOE) y Albert Rivera (Ciudadanos) debatieron durante más de dos horas sobre varios ejes, pero nadie se salió del libreto esperado.

Políticas económicas

El primer bloque dedicado al programa económico encontró a Rajoy defendiendo a rajatabla su gestión y prometiendo 2 millones de puestos de trabajo en cuatro años, la principal idea a la que se aferró en todas sus intervenciones.

En este debate se dieron dos movimientos simultáneos. Por un lado, un bloque de todos contra Rajoy, pero al mismo tiempo un flanco por derecha de Ciudadanos contra Podemos, buscando dejarlo pegado al “modelo griego” y acusándolo que querer “machacar a la clase media con impuestos”. El PSOE, deslucido, intentó volver sobre sus propuestas de gobierno “socialdemócratas”, intentado que Podemos no le siguiera comiendo su espacio político.

Iglesias comenzó con algunos datos sobre las consecuencias de las políticas del PP. Sus propuestas apuntaron a un programa de reformas sociales elementales, considerando la grave crisis social, pero sin cuestionar ni a los bancos ni a los grandes empresarios que generaron la crisis que están pagando los trabajadores.

“Subir el salario mínimo”, dijo Iglesias, “no por una cuestión de justicia social, sino por una cuestión de eficiencia económica.” Una afirmación que repitió en varias ocasiones con cierta reminiscencia liberal, que parecía destinado a ganar el beneplácito de sectores sociales acomodados a los que no les preocupa en lo más mínimo la injusticia social.

Políticas sociales

¿A qué se dedica el dinero de los españoles?, fue la pregunta de los moderadores. Iglesias sostuvo que “España tiene un problema de ingresos” por culpa del “fraude fiscal” y los “amigos de Rajoy que no pagan impuestos”. Su propuesta: un “plan nacional de transición energética” que permita la creación de empleo y el desarrollo de energías limpias “para reindustrializar España”. A partir de allí vendrían los recursos para educación, sanidad y vivienda.

Pero, ¿aceptará Bruselas esta política?, preguntó un presentador. “Es lo mismo que dicen (Matteo) Renzi, (Antonio) Costa”, justificó Iglesias, y hasta puso de ejemplo a Estados Unidos: “los últimos cuatro años del gobierno de Obama deben ser aleccionadores. De la recesión se sale con políticas expansivas, no con recortes”.

Rajoy juró que no haría más recortes y volvió con su propuesta de crear 2 millones de puestos de trabajo. “Pero es lo mismo que prometió hace cuatro años y medio…”, le espetó un presentador. Una pregunta incómoda de la que el presidente en funciones salió del paso echándole, una vez más, la culpa a la herencia socialista.
Rivera hizo eje en su política de control del fraude fiscal, contra las amnistías fiscales del PP y el objetivo de “poner a trabajar a los inspectores de hacienda”. Pero siguió disparando munición pesada contra Pablo Iglesias.

Sánchez, por su parte, defendió una serie de medidas incluidas en su malogrado acuerdo con Ciudadanos, que “podrían haber sido una realidad hoy, pero no es así por el voto en contra del Partido Popular y Podemos”, atacó.

En este bloque se consolidó la dinámica que teñiría el conjunto del debate. Rajoy, por un lado, reiterándose a sí mismo. En resumen, “si hay empleo podemos pagar todo” y toda la culpa fue de Zapatero. Sin duda el más incómodo, pareció por momentos una suerte de versión ibérica de Frank Underwood (el famoso personaje de la serie House of Cards) y su famoso “America Works”… aunque con infinitamente menos carisma.

Rivera, por otra parte, buscando el centro: atacando en regla a Iglesias, pero sin perder el objetivo de ganar votos por derecha con ataques certeros a Rajoy. “Quiero mejorar lo que ha hecho el PP”, dijo, cortejando sin pudor a los votantes populares.
Sánchez, por último, cuidándose de no atacar a Ciudadanos, puesto que viene de un acuerdo con ellos, enarboló un discurso contra “los extremos”, que continuó durante el resto del debate. “Al señor Iglesias no le preocupaban las políticas sociales sino el control del poder, como la TVE, los jueces, los fiscales, y los espías”, dijo Sánchez. Y remató: “Yo soy una persona de izquierdas, a mí no me interesa controlar a los espías”.

“Usted se equivoca de adversario (…) sus votantes querrían vernos juntos”, respondió Iglesias, en una pose por momentos suplicante, que también duró el resto del debate. “Nuestra mano seguirá tendida, pero para un gobierno progresista, no para cualquier cosa”, reafirmó, aunque Sánchez la rechazó con sórdido agradecimiento: “antes suelte la mano del Sr. Rajoy”.

La tensión entre Sánchez e Iglesias no disminuyó a pesar del buen tono y la forzada falta de crítica del líder morado al candidato socialista. “Nuestro principal aval de que podemos hacer políticas progresistas son los ayuntamientos del cambio en Madrid y Barcelona. Allí gobernamos con el apoyo del partido socialista. Y ojalá podamos gobernar en España con los socialistas”, insistió Iglesias. “Si Usted quiere gobernar, va a tener que elegir, si gobierna con nosotros o con el PP”, le lanzó a Sánchez.

Pero Sánchez no dio el brazo a torcer en su intento de recuperar terreno frente a Podemos. “Iglesias repite nuestro programa, pero votó en contra en la investidura…” porque, aunque diga que defiende los derechos sociales, señaló, “siempre va a anteponer otro derecho: el derecho a la autodeterminación de Catalunya, Galicia y el País Vasco”. Iglesias, consternado, decía, “No soy yo el rival, no soy yo el rival, el rival es Rajoy”.

Regeneración democrática

En este bloque Rajoy tenía todas las de perder, con los escándalos de corrupción estallando en todos los niveles del partido de gobierno. Iglesias abrió cargando contra los políticos corruptos, apuntando especialmente contra los dirigentes del PP en consejos de administración de grandes empresas. “Hay nombres que me duelen más, Felipe Gonzales en Gas natural”, dijo con un tono conciliador hacia el PSOE que estuvo muy lejos del alegato sobre la “cal viva” que hizo en el Congreso de los Diputados hace unos meses.

Sánchez a esta altura ya estaba más “cargado” en sus golpes hacia Podemos, y apeló a algunos ataques rastreros, como que Iglesias se olvidaba de mencionar a Monedero o la beca de Errejón. Acusó al PP de los casos más resonados de corrupción, pero responsabilizó a Iglesias de que Rajoy siga siendo presidente en funciones, por no haberlo votado.

Rajoy desplegó un discurso vacío, diciendo que “España no es un país corrupto” y que el PP “lucha contra la corrupción”. A continuación, vinieron los dardos de Rivera, que cargó sobre Rajoy con los papeles de Bárcenas en uno de los momentos más tensos del flanco derecho del debate. Terminó hablándole “de corazón”, pidiéndoles que no sea un obstáculo para formar gobierno.

Aunque mayor tensión se alcanzó cuando Rivera acusó a Unidos Podemos de tener una gran deuda con los bancos (en referencia a las deudas millonarias de Izquierda Unida) y lo acusó de recibir financiación de Venezuela.

Por último, llegó el debate sobre Cataluña, donde cada partido repitió sus argumentos de campaña. El PP y Ciudadanos “por una España unida”, el PSOE por una “reforma constitucional” y Podemos, como es usual, con una postura ambivalente.

“No queremos que Cataluña se vaya de España”, dijo. Podemos “defiende que España siga unida buscando encajes a su diversidad”, y apuesta por “vías constitucionales para una consulta en Cataluña.”

El periodista quiso que concretara más la cuestión. “¿El referéndum será una condición sine qua non para un pacto de gobierno?”. “En una negociación de gobierno nunca hay líneas rojas, nunca”, respondió Iglesias.

Política exterior

Consultados sobre las políticas a tener hacia los refugiados, Rajoy defendió todo lo que se ha hecho hasta ahora, mientras que Sánchez e Iglesias lo cuestionaron por no “cumplir los acuerdos” europeos y propusieron que España sea un “país de acogida”.

Rivera retomó sus ataques a Podemos, acusándolo de extremista: “Hay partidos como Podemos e Izquierda Unida que quieren que salgamos del Euro, que salgamos de la OTAN”. “No, no”, negaba Pablo Iglesias con la cabeza. Es verdad, en el programa de Unidos Podemos la cuestión de la salida de la OTAN brilla por su ausencia.

Los moderadores terminaron el bloque abordando la cuestión de la “amenaza terrorista”: en este punto todos los partidos hablaron de “políticas de Estado” en política exterior, de la creación de un FBI europeo (Sánchez) o la colaboración de los servicios de inteligencia en Europa (Iglesias) para combatir el terrorismo, un discurso adaptado a las políticas “securitarias” europeas de más vigilancia y control.

Pactos de gobierno

Llegados a este punto final del debate, las posiciones en relación a los pactos estaban claras, al menos en la mayoría de los casos. Rajoy defendió una gran coalición de partidos moderados y sensatos. Dialogando con el PP, Rivera sostuvo que “no hay vetos” y que “por supuesto que habrá acuerdos” si hay cambios, una elíptica definición que invita a una futura negociación con los populares.

Sánchez, sin embargo, eludió la pregunta sobre qué haría si Unidos Podemos lo supera en las elecciones del 26J. Habló de “una mayoría de cambio”, pero que “sólo será posible con el PSOE en el gobierno” y volvió a distanciarse de Podemos, asegurando que sus adversarios “también se llaman intransigencia, rupturismo, soberbia y ocupar el poder por ocuparlo”.

Para Iglesias, como ya se ha encargado de defender en cuanto debate o acto público ha habido en las últimas semanas, “solo hay dos opciones: un gobierno en el que esté el Partido Popular o un gobierno en el que estemos Podemos y el Partido Socialista”. Después del 26J “haremos la misma propuesta: un pacto de gobierno de coalición con el PSOE”, defendió el líder de Podemos, y pidió a Sánchez que “deje de mirar al pasado y mire al futuro porque nos estamos jugando España.

Un debate sin ganadores

Hubo dos grandes diferencias entre el debate de los candidatos en diciembre de 2015 y el de este lunes. La primera, la presencia de Mariano Rajoy, que en aquella ocasión rehuyó de la contienda. La segunda, que las encuestas ubican a Unidos Podemos (coalición entre Podemos e Izquierda Unida) como segunda fuerza electoral, superando al PSOE.

Los que llegaron a la cabeza, Rajoy e Iglesias, se cuidaron de no perder nada. Los que van a la cola, Sánchez y Rivera, buscaron recuperar algo del terreno perdido. Todos apuntaron a esa franja indefinida e incolora de los llamados “indecisos”, que según los datos del CIS alcanzan al al 30% del electorado. Aquellos que no se identifican claramente con la derecha ni con la izquierda, o los que se han desilusionado de unos o de otros. Por eso la clave del debate ha pasado por la moderación en el discurso, sin grandes embestidas ni cuestionamientos, para no espantar a los posibles votantes. El único que recurrió a los ataques más directos fue Rivera, apuntando sobre todo contra Podemos, a la vez que evitó cualquier intercambio con Sánchez (y viceversa).

El PP retomó con esperanza la idea de una gran coalición en la que el PSOE y Ciudadanos lo apoyen como primera fuerza más votada, afincado en el discurso de la “gestión” y queriendo mostrarse como la “única alternativa seria” frente a un gobierno “irresponsable” de Podemos cuya perspectiva sería “transformar España en Grecia”. El mismo discurso que en este punto sostuvo Ciudadanos.

Pedro Sánchez, por su parte, siendo el que tiene más que perder si se concreta el adelantamiento de Podemos, quedó desdibujado repitiendo un reproche a “los extremos” que no lo apoyaron en su investidura para formar gobierno, acusando a Podemos de “ir de la mano” del PP, un argumento que a la vista de los sondeos de intención de voto no ha tenido mucho resultado hasta ahora.

Iglesias, finalmente, hizo gala de su realismo político, en el peor sentido del término, insistiendo hasta el hartazgo en su propuesta de gobierno con los social-liberales del PSOE, a quienes no dedicó ni una sola crítica. Una nueva demostración de que los principios políticos de Podemos son un verdadero “significante vacío”.






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