Internacional

A 32 AÑOS

IranGate: cuando el mundo supo de la venta ilegal de armas de Estados Unidos e Israel

El imperialismo norteamericano financió la guerrilla de los "contras" nicaragüenses, con dinero de la venta de armas a Irán. El mediador fue el Estado de Israel.

Mirta Pacheco

@mirtapacheco1

Lunes 26 de noviembre de 2018

Se cumplen treinta y dos años del escándalo político que sacudió a la primera potencia imperialista, cuando gobernaba Ronald Reagan, el responsable político de obtener dinero de venta de armas, de forma ilegal, para financiar a los "contras" nicaragüenses, un ejército paraestatal contrarevolucionario.

Reagan era considerado, al igual que Donald Trump, un oustsider de la política y del establishment norteamericano, cuando asumió primero como gobernador de California en 1967, y también cuando llegó a la presidencia de Estados Unidos en 1981.

También como el actual presidente republicano era un ferviente defensor de Israel y su política criminal y opresora hacia los palestinos, además de detentar ideas xenófobas y machistas. Pero el mundo en el cual gobernó el “ex vaquero hollywoodense” era muy distinto al actual. Eran los últimos años de una Guerra Fría contra la ex URSS y el “terror” del comunismo era agitado por las potencias occidentales.

Ronald Reagan

En Nicaragua, gobernaba el Frente Sandinista de Liberación Nacional, que derrocó al dictador Anastasio Somoza. EEUU además de dar entrenamiento militar – vía la CIA- a los "contras" que tenían el objetivo de derrotar al sandinismo, también lo financiaba.

Más allá de que el Frente Sandinista, que se basó en una estrategia guerrillera equivocada y nunca buscó romper definitivamente con la burguesía y expropiarla, había llegado al poder como producto de un enorme proceso de movilizaciones de campesinos y trabajadores rurales. Eso era lo que Reagan no podía permitir.

Así como Estados Unidos dio ayuda política y financiera a los golpes de Estado en Latinoamérica (región que siempre consideró su patio trasero), también buscó la manera de financiar a un ejército contrarevolucionario. Así fue como en forma secreta, el gobierno de Estados Unidos ideó el plan de venderle armas, vía su socio menor Israel, al régimen de la revolución Iraní de los Ayatolah, para combatir a Irak. Mientras al mismo tiempo la principal potencia imperialista apoyaba a Irak en la guerra para desgastar la revolución iraní. Fue un escándalo de proporciones mundiales.

Este plan fue ideado por miembros del gobierno republicano de Reagan, más precisamente el Consejo de Seguridad Nacional –el órgano asesor de la Casa Blanca en cuanto a seguridad se refiere-. El objetivo final: conseguir financiamiento para los "contras" nicaragüenses (la guerrilla contrarrevolucionaria, de ahí su nombre, que combatía al sandinismo); cuestión que estaba limitada hasta para las leyes del Congreso norteamericano. Pero ese obstáculo legal no podía ser un impedimento para la CIA y el gobierno imperialista. La excusa fue la liberación de siete estadounidenses retenidos por musulmanes pro iraníes en el Líbano.

La "contra" nicaragüense

Todo salió a la luz, en octubre de 1986, cuando un sobreviviente del derribe de un avión de carga proveniente de El Salvador, por parte de los sandinistas, reveló que llevaba a Nicaragua un suministro de armas para la "contra" por cuenta y orden de los EE.UU. El ex presidente Reagan negó que su gobierno tuviera alguna conexión con ese armamento.

La primera maniobra para “desmarcarse” de esa operación ilegal fue echar al secretario del Consejo de Seguridad, el teniente coronel Oliver North, con el argumento de que había actuado como facilitador de esa transacción, sin el conocimiento ni consentimiento de la administración del quien ya dos años antes, atacó con saña a la clase obrera de su país: un lector avezado en las luchas del movimiento obrero internacional, recordará la histórica huelga de los controladores aéreos.

Teniente Oliver North

El ex actor hollywoodense, convertido en presidente de la principal potencia imperialista, allá por 1981, atacó con saña esta lucha de trabajadores por defender sus conquistas. Su derrota posibilitó profundizar la flexibilización laboral al conjunto de la clase obrera norteamericana.

Evidentemente Reagan al salir victorioso de esa “batalla”, y para asegurar su patio trasero, y evitar así un proceso revolucionario, se sintió con la suficiente impunidad para ocultar pruebas, mentir ante el pueblo norteamericano y a los medios nacionales e internacionales. Mientras que para ello, entregaba la cabeza de quienes integraban la máxima conducción del Consejo de Seguridad, sus cómplices en esta operación ilegal y contrarrevolucionaria.

Fue tal el escándalo, que el parlamento norteamericano se vio obligado a conformar un comité que llevó adelante una investigación, con algunas sesiones televisadas, pero la mayoría de ellas a puertas cerradas.

Encuestas de aquel año encargadas por el diario The New York Times arrojaba que el 56% de los norteamericanos no le creía a Reagan y opinaba que el republicano sabía sobre el desvío de dinero hacia la "contra" nicaragüense. El semanario Time tenía un resultado que llevaba ese porcentaje al 58%.

Por sobre todas las cosas, tanto los republicanos como los demócratas comprendieron la necesidad de lavarle la cara a lo que es la política exterior norteamericana: no reparar ni en sus propias leyes cuando de conveniencias geoestratégicas se trata. Varios funcionarios fueron juzgados y encontrados culpables, pero no cumplieron las condenas debido a que en 1992, George Bush padre –vicepresidente de Reagan en sus dos mandatos- cuando fue electo presidente, los indultó. Al mismo Reagan, si bien el comité investigador planteó que no podía desconocer todos estos hechos, no le pudieron probar ningún delito.

El rol clave del Estado de Israel en la venta de armas a Irán

El IranGate estalla en noviembre de 1986, pero diversos documentos atestiguan que el Estado de Israel ya dos años antes había comenzado la venta de armas norteamericanas a Teherán.

Luego, la administración Reagan enviaba nuevo equipamiento a su socio menor en Medio Oriente. Así, Irán recibió misiles anti carros; ametralladoras; repuestos para aviones; equipamiento de radares; municiones; equipo de comunicaciones; depósitos de combustibles; cazas F4 y F14.

Estas operaciones de venta de armas debía permanecer secreta, por lo cual el Estado sionista de Israel ignoró sus propios controles establecidos por el Ministerio de Defensa y un comité integrado por altos dirigentes comandaban la operación. El primer ministro de aquel entonces, al frente de ese comité era el laborista Shimon Peres.

Shimon Peres dirigiéndose a la Brigada Nacional en 1986

Una vez más la CIA y el MOSSAD (Servicio Secreto israelí) operaban juntos, en este caso fomentando una guerra fratricida entre Irán e Irak y por otro lado, lo que era el principal objetivo de Estados Unidos: lograr financiamiento para la "contra" nicaragüense.

Cuando todo esto sale a la luz, el Estado colonialista de Israel solo realiza un informe oficial y declara que aceptó ser intermediario de EEUU, a petición de su presidente y en pos de liberar a los ciudadanos norteamericanos e israelíes detenidos. El comunicado lanzado a la prensa mundial el 27 de noviembre de 1986 cínicamente planteaba que “Israel mantiene su política general de no vender armas a Irán”.

Esta es la historia de la “diplomacia” tras bambalinas de la principal potencia mundial y sus aliados, como el Estado de Israel, que no repararon, ni reparan en hacer uso de sus servicios secretos, la venta ilegal de armas, quebrantamiento de sus propias leyes y un largo etcétera, con el fin de derrotar alzamientos populares; procesos revolucionarios o para crear fenómenos monstruosos que siempre se vuelven contra sus pueblos. Osama Bin Laden y el Isis tuvieron esa marca de nacimiento.

En nuestra región el plan Cóndor de las dictaduras sudamericanas lo atestigua, así como la invasión de Playa Girón, realizada por contrarrevolucionarios cubanos en 1961, también apoyados y financiados por el país del norte. Entonces los esfuerzos para financiar la guerrilla que buscaba aplastar el levantamiento de trabajadores y campesinos nicaragüenses no fue la excepción.

Por eso es acertado decir que EE.UU representa el principal Estado terrorista del mundo.






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