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ITALIA

“Ius Soli”, una reforma de ley para obtener la ciudadanía que sigue siendo insuficiente

El proyecto de ley de Ius soli, que propone una revisión de los criterios para la adquisición de la ciudadanía, sigue siendo un tema que plantea muchos conflictos dentro y fuera del Parlamento Italiano.

Silvia Ponti

Barcelona

Lunes 11 de diciembre de 2017 | 20:16

Han pasado 13 años desde que el Parlamento empezó el debate sobre la reforma del derecho de ciudadanía. En junio de 2013 se vuelve a discutir la reforma, que en octubre de 2015 fue aprobada en la Cámara de Diputados y que ahora se está debatiendo en el Senado, pero continúa deslizándose al final del calendario hasta final de año.

¿Qué proporciona el proyecto de ley de “Ius soli”?

El proyecto de ley italiana sobre “Ius soli”, prevé la concesión de la ciudadanía a los hijos de inmigrantes nacidos y criados en Italia, si al menos uno de los padres tiene un permiso de residencia europea de larga duración y está legalmente en Italia desde hace al menos cinco años.

Actualmente en Italia, los niños y niñas con padres extranjeros deben esperar el decimoctavo cumpleaños para solicitar la ciudadanía, pasando un procedimiento farragoso. Lo que la reforma propone es, para aquellos que viven aquí desde su nacimiento, poder anticipar la adquisición de nacionalidad a una edad más temprana.

Quienes no están incluidos dentro de esta categoría podrán adquirir la ciudadanía a través de la Ius Culturae, ya sean niños que han nacido en Italia o que entran en el país antes de los 12 años. El requisito principal es que hayan asistido regularmente durante al menos cinco años al colegio en las instituciones del sistema nacional, supuestamente para garantizar una formación que permita un buen conocimiento de la lengua, la cultura, la historia y las instituciones italianas.

Sin embargo, en la práctica esto solo se traduce en poner más obstáculos a los jóvenes inmigrantes, obligando a postergar la ciudadanía varios años. Además excluye directamente a todos aquellos adolescentes mayores de esta edad, así como a las mujeres y hombres adultos.

Como parte de este proyecto anti-migratorio, el Ius Soli italiano no atribuiría la ciudadanía a cualquier persona nacida en territorio nacional. Esta situación no es excepcional, también en otros países europeos las reaccionarias leyes de ciudadanía están mediadas entre el “Ius sanguinis” (derecho de la ciudadanía por la sangre) y el “Ius soli” (derecho de la ciudadanía por país de nacimiento). Medidas, todas ellas, totalmente coherentes con el giro xenófobo que se extiende en la “Europa fortaleza”.

¿Por qué el proyecto de ley de lo “Ius soli” encuentra tantos obstáculos?

El proyecto de ley Ius Soli fue el primer punto en la agenda del Senado, pero continúa pospuesto porque no hay un acuerdo de mayoría para sacar adelante este proyecto de ley. Sin embargo, el postergamiento constante del proceso de aprobación se explica por el contexto creciente de hostilidad hacia la inmigración, fomentada por la extrema derecha, no solo en Italia sino en toda Europa.

Esta propuesta de reforma de la ciudadanía se ha convertido en una verdadera batalla político-electoral. Por un lado la derecha y la extrema derecha italiana exacerbando el racismo y el nacionalismo, reivindican la defensa del principio de Paternoster (la patria es nuestra) con el discurso de que “la ciudadanía no se regala”.

Organizan en diferentes regiones italianas muchos puntos informativos de la Liga del Norte para hacer propaganda racista sobre cómo el proyecto de ley de los Ius soli “va en contra de los ciudadanos italianos”. Un discurso xenófobo que encuentra cada vez más seguidores, pues no hay que olvidar que la Liga Norte gobierna en Veneto y a través de una coalición en Lombardía.

Por otro lado, el Partido Democrático se proclama defensor de los derechos de ciudadanía, para lo que promovió una moción de confianza con la finalidad de conseguir los votos favorables de los demás partidos, pero realmente lo que presenta con el “Ius soli” no constituye un gran cambio en la vida de los jóvenes inmigrantes.

Este proyecto de ley deja fuera todos aquellos niños o adolescentes que no tienen al menos un padre o madre que esté legalmente en Italia desde hace como mínimo cinco años, que tenga un permiso de residencia, que tenga ingresos anuales no inferiores a la contribución social mínima, que tenga un alojamiento que cumpla con los requisitos establecidos por ley y haya superado una prueba de conocimiento del idioma italiano.

A nadie se le puede escapar, que esta medida supuestamente “integradora” para los menores inmigrantes, en realidad es excluyente para los miles de refugiados y refugiadas que llegan a las costas italianas escapando de las guerras imperialistas, la pobreza y el terrorismo.

Más bien, este decreto parece una última maniobra del Partido Democrático para recuperar el consenso popular y lavar la cara de la política que ha mantenido hasta ahora, después de sus respuestas de gobierno ineficaces y totalmente racistas sobre el tema de la acogida.

Solo tenemos que echar la vista a las periferias italianas, para recordar las difíciles condiciones en que millones de refugiados se ven obligados a vivir en Italia. En esta misma dirección xenófoba, el Partido Democrático firmó hace tan solo unos meses un pacto con Libia para frenar los desembarcos de migrantes.

Así que este debate del proyecto de ley de “Ius soli” que promueve el Partido Democrático a sólo cuatro meses de distancia de las elecciones del gobierno italiano, parece más una estrategia planeada para dirigir el voto de los inmigrantes y lavarse la cara ante las clases medias progresistas, que para mejorar la vida de los inmigrantes.

¿Por qué el Ius soli no es suficiente para mejorar la vida de los jóvenes inmigrantes?

Evidentemente en Italia es necesaria una ley que garantice los derechos a la población inmigrante, pero el Ius soli, así como está propuesto es insuficiente porque deja fuera precisamente a los miles de jóvenes, mujeres y hombres inmigrantes que más necesitarían el acceso al sistema de sanitario, a una educación pública y a un trabajo.

Para que se haga efectiva la igualdad es necesario darles plenos derechos a las personas inmigrantes y a los cientos de miles de refugiados y refugiadas. El derecho a la ciudadanía sin restricción ni límites debe ir acompañado de una irrestricta apertura de fronteras que asegure el derecho a la libre circulación para todos y todas.

El derecho a la ciudadanía se convierte en un paso importante pero ineficaz, si a la vez no va acompañado de medidas que garanticen hogares seguros para los jóvenes, las mujeres y el conjunto de la clase trabajadora inmigrante, así como el acceso a un trabajo regulado para combatir las redes de explotación y trata que se aprovechan de las condiciones de extrema precariedad y pobreza en la que se encuentra la población inmigrante al llegar a Europa.

Pero si es de sentido común que todas estas medidas se convierten en una necesidad, también lo es que éstas no podrán venir de la mano del Partido Democrático, principal aliado de las multinacionales y la banca.






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