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CRISIS POLÍTICA

La campaña por Madrid: un nuevo episodio de la crisis sin fin de la izquierda institucional

Los últimos movimientos de Unidas Podemos y Más Madrid tras la convocatoria de elecciones autonómicas en Madrid revelan el poco espacio de maniobra que afrontan las organizaciones de la izquierda institucional.

Roberto Bordón

@RobertoBordon13

Martes 16 de marzo | 13:25

La crisis política que la moción de censura en Murcia abrió en la derecha tuvo un gran efecto mediático, no solo por lo que ocurriera en dicha comunidad autónoma, donde el Partido Popular demostró porque lleva años siendo la formación de referencia de la derecha, destrozando fácilmente al partido de Arrimadas por atreverse a romper acuerdos. Sino también porque dio pie a que el PP madrileño desencadenase una tormenta política al convocar elecciones anticipadas aprovechando la oportunidad de quemar puentes con Ciudadanos y absorberlos de forma hostil. Esto, que en un principio se trató como un fenómeno dentro del bloque de la derecha consolidado desde la foto de Colon, se transformó rápidamente en una crisis para la izquierda institucional que se encontraba medio muerta frente a una Ayuso que busca elevarse como la “Trump” española.

Tras el fracaso de las mociones de censura debido a la acción de los tribunales, la izquierda institucional madrileña debía reaccionar a una maniobra que confirmaba su incapacidad crónica para confrontar con el Partido Popular en la capital del reino. Todo esto ha llevado a que Pablo Iglesias, líder de Podemos y hasta ahora vicepresidente segundo del gobierno de España, abandonase su cargo en el Consejo de Ministros para salvar a su formación que, tras los fracasos en Catalunya y Euskadi, así como su desaparición en Galizia y el conflicto interno en Andalucía, corría un gran riesgo de quedar fuera también del parlamento madrileño (algo que casi ocurrió en las ultimas elecciones autonómicas en Madrid tras la escisión de Errejón). El líder de Unidas Podemos aprovecha la crisis abierta por la derecha para solucionar los problemas de su propio espacio político, una compleja tarea teniendo en cuenta que sus antiguos aliados se niegan a colaborar.

Una crisis que viene de lejos

Si bien la noticia de la semana es la convocatoria de elecciones en Madrid y la renuncia de Pablo Iglesias a la vicepresidencia del gobierno, esto último no es el motivo de la crisis para la izquierda asimilada el régimen del 78, más bien es un intento de solucionarla. Unidas Podemos como coalición lleva desde sus inicios en 2016 perdiendo votos y escaños. Al mismo tiempo, sus dirigentes optaron por renunciar al ya moderado programa de sus orígenes, con tal de llegar al Consejo de Ministros en coalición con el PSOE, como si el obtener sillones en el Ejecutivo de la cuarta potencia imperialista de la Unión Europea fuese a solucionar los problemas de las clases populares. Una vez logrado esto y habiendo sacrificado para lograrlo una gran parte de sus fuerzas, los de Iglesias comprobaron que lejos de ser capaces de cambiar algo, su presencia en el Ejecutivo no consiguió ni siquiera las leves reformas que el programa de Unidas Podemos prometía. El secretario de Podemos que siempre alardeaba de sus matriculas de honor como politólogo admitía públicamente que había aprendido algo que cualquiera aprende en primer año de carrera: “llegar al gobierno no es tener el poder”, decía. Claro, es que el Estado burgués tiene un contenido de clase que no se puede transformar por ocupar puestos en un ministerio de Gobierno.

Una lección que le costó caro pues en las siguientes elecciones en Galizia desaparecieron del parlamento autonómico, en Euskadi tuvieron resultados desastrosos perdiendo 6 escaños y posteriormente en Catalunya, mantener el mismo número de escaños fue celebrado como una victoria viendo el panorama que afrontaban. En cuanto a Madrid, meses antes de entrar al gobierno, Unidas Podemos sufrió la escisión de Más Madrid, la formación de Iñigo Errejón que golpeó a su antiguo socio tras verse marginado con la derrota en el segundo congreso de Podemos en Vistalegre. En las elecciones autonómicas de aquel momento, si bien Errejón se llevó 20 escaños y parecía consolidar su espacio, Unidas Podemos apenas superó la barrera electoral en unas condiciones que podrían haberle costado la representación electoral en Madrid.

En Andalucía, tras una guerra pública con Anticapitalistas, Unidas Podemos realizó una serie de movimientos antidemocráticos que expulsaban a Teresa Rodríguez y a sus aliados andalucistas del grupo parlamentario de Adelante Andalucía. El desenlace deja a Unidas Podemos con apenas 6 diputados, todos pertenecientes a Izquierda Unida y pendientes de saber qué recursos recibirán. Una maniobra que si bien cerraba el último conflicto interno que quedaba en Unidas Podemos, refleja una crisis territorial evidente en la formación y en el caso andaluz, un potencial flanco nacionalista en futuros comicios que ya se ha demostrado fatídico para los morados en las elecciones gallegas, vascas y catalanas.

Por su parte, el otro actor implicado en este escenario político, Más Madrid o Más País, tampoco parte de la mejor de las situaciones. La formación errejonista tuvo un buen comienzo al conseguir 20 escaños en las elecciones autonómicas frente a apenas un poco más del 5% de voto que obtuvo Unidas Podemos, dejando casi fuera a sus antiguos socios del parlamento madrileño. Si bien, a nivel municipal fracasaron a pesar de ganar las elecciones al no conseguir revalidar la alcaldía de Madrid, el espacio errejonista parecía tener una base suficiente desde la que plantearse una estrategia distinta a la propuesta por Iglesias. Por ello, en las elecciones de noviembre de aquel año, Errejón quiso ser audaz y apostó el capital político que había consolidado entre los votantes críticos de Unidas Podemos presentándose a las elecciones generales y estampándose al no lograr grupo parlamentario propio, quedándose en tan solo 2 escaños. Un pobre resultado que casi enterró al antiguo número dos de Podemos, que sin embargo resucitó desde la tribuna parlamentaria, cual el Pepito Grillo del gobierno de coalición del PSOE-UP, como una oposición leal pero crítica con el Ejecutivo. Su formación en Madrid recuperó impulso desde la oposición al gobierno de Ayuso al presentar como cara pública a Mónica García, una anestesista y activista de Marea Blanca, que presentaba su labor parlamentaria como la opción “verde” y “socialdemócrata ligth” frente al trumpismo de Ayuso. Más Madrid había tratado en múltiples ocasiones de pactar una moción de censura con el PSOE y Ciudadanos con el objetivo de expulsar a Ayuso, planteando la lógica del mal menor en el contexto de la crisis del Covid-19.

El intento de cerrar la crisis por arriba

Ambos dirigentes, Pablo Iglesias e Iñigo Errejón son conscientes desde hace tiempo de la decadencia de su espacio político y de la recuperación del PSOE en los últimos procesos electorales. Cada uno ha ensayado formas de mantener vivas sus opciones políticas; por un lado Iglesias desde el Consejo de Ministros ha intentado un doble juego de ser oposición dentro del gobierno y a la vez vender sus medidas como la panacea a pesar de que iban en contra de los intereses de las clases populares, en un claro proceso de subordinación al PSOE. Por otro lado, Errejón primero trató de vender su marca como el partido ecologista en el Estado Español, siguiendo la estela de otras formaciones verdes en Europa que han ganado fuerza (como en Alemania y Francia, por ejemplo) y posteriormente ha apostado por la federalización de su formación, con la construcción de proyectos autónomos pero hermanados como Más País Andalucía y Más Murcia, en un intento de presentarse como la respuesta al verticalismo de Unidas Podemos.

Los resultados de Unidas Podemos en las elecciones autonómicas del último ciclo y la incapacidad de Errejón para presentarse a ellos, mostraban la progresiva debilidad de sus formaciones que acusaban un desgaste mediático de sus principales portavoces. Ante esto, el movimiento de Iglesias de abandonar la vicepresidencia segunda del gobierno en favor de Yolanda Díaz, ministra de Trabajo y ahora referente estatal de Unidas Podemos, parecería solucionar la previsible crisis sucesoria que esta formación afrontaba debido a la construcción personalista del espacio entorno a la figura de Iglesias. De esta forma, el secretario de Podemos se aseguraba saldar una cuestión interna al mismo tiempo que afronta el problema territorial de su formación.

Iglesias confía en aprovechar la oportunidad de resolver quien es su sucesora, un perfil similar a él mismo, proveniente del PCE, con experiencia en pactar con el PSOE desde los inicios de su carrera política en Galizia y que se ha demostrado ministra útil a los intereses de los empresarios de la CEOE. Al mismo tiempo, le permite jugar a ser oposición desde fuera del Ejecutivo para intentar detener la sangría de votos que sufre su formación. La oportunidad de confrontar con Ayuso, además, le da alas a su discurso del voto contra el mal menor con el discurso de estar apostado todo a un frente “antifascista” contra la ultraderecha. Pactar entonces con Ángel Gabilondo, el antiguo ministro de los recortes en Educación y el Plan Bolonia, se convierte ahora un “mal menor” contra el peligro fascista.

Por otra parte, Más Madrid afronta la cuestión de saber si tiene recorrido más allá del capital mediático de sus fundadores, Iñigo Errejón y Manuela Carmena, que se encuentran ya fuera de la política madrileña. Tras la reciente escisión de los concejales carmenistas, que rompían para abogar por la unidad con el PSOE, los afines a Errejón aprovechaban para lavar su imagen y culpar a los escindidos de los males como la Operación Chamartín, como si tan solo ellos hubiesen [votado por tremendo pelotazo urbanístico contra el ecologismo, una muestra de que tienen la cara de cemento armado teniendo en cuenta que uno de los diputados más cercanos a Errejón, Hector Tejero firmó en su momento un artículo justificando el pelotazo como una cuestión de “correlación de fuerzas”. Ese concepto que la izquierda del régimen invoca cada vez que necesita justificar otro movimiento perjudicial para las clases populares y que nunca se usa para pensar una estrategia distinta a la integración en las instituciones por parte de estas formaciones.

La posición de Anticapitalistas en esta crisis

Finalmente, en mitad de toda esta crisis queda saber qué hará Anticapitalistas, formación que rompió a principios de 2020 con Unidas Podemos, al no querer participar en un pacto con el PSOE y que, tras la convocatoria de elecciones en Madrid, ya sugiere pedir el voto a las formaciones “de la izquierda” en general, es decir, a partidos que buscarán pactar con el PSOE para formar gobierno. Unidas Podemos y Más Madrid ya han anunciado que lo harán, presentando la situación como la única táctica posible, por lo que el apoyo de Anticapitalistas a estas formaciones se hace a sabiendas de que pactarán con el PSOE.

Por ahora, los referentes de Anticapitalistas tantean la cuestión diciendo que “las izquierdas que apostamos por proyectos distintos a los de los partidos mayoritarios de la izquierda también debemos aportar, sin necesidad de adherirnos a ellos ni renunciar a nuestras ideas. Pensemos como.” Pero su planteamiento no deja más espacio a que pidan un voto crítico, una posición conservadora en un momento en que más que nunca es necesario plantearse un camino alternativo a ser la pata izquierda de la izquierda del Régimen.

La propuesta de un Frente anticapitalista y de clase que proponemos desde la CRT al conjunto de la izquierda anticapitalista en este momento de crisis política, aun cuando hoy sea a contracorriente, es la única opción si lo que buscamos sentar las bases de un proyecto anticapitalista y de clase que pueda cobrar fuerza en los futuros escenarios.






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