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La cuarentena de millones: “me cortaron el laburo de un día para otro y me largaron sin una moneda”

El aislamiento obligatorio por la pandemia del coronavirus no es igual para todos. Esto se puede ver en el Fonavi de barrio Ludueña como en otros barrios de laburantes de Argentina. En departamentos para cuatro personas en los que viven hacinadas varias familias, con trabajos informales, precarizados y miserables, se suma la represión de la policía.

Sábado 28 de marzo | 14:20

Para muestra bastan algunos testimonios, como el de M., el vecino de abajo, que trabaja como albañil para una empresa que lo tiene en negro y el jueves le mandaron un mensaje para que el viernes ya no vaya a trabajar: “Cuando se normalice todo te vamos a pagar la semana". O el de N., un ex-soldadito, que me decía que “justo que me estaba rescatando y había pegado una changa pintando un geriátrico, me cortaron el laburo de un día para otro y me largaron sin una moneda. Encima no me puedo asomar ni a la esquina para manguear un pucho porque la gorra nos verduguea”. También está Ariel, el plomero del barrio, con cuatro hijos que labura para hacer la del día y la mujer que es docente se le cortó el reemplazo que estaba haciendo. “Con lo que tengo no se si llegamos a comer hasta que mi señora cobre el reemplazo, y si esto sigue no se qué carajo vamos a hacer", me relató.

El otro día que fui a tirar la basura, dos pibes de 16-17 años que estaban cartoneando me pidieron una caja que estaba por tirar. “Tienen adónde venderlo ahora que está todo cerrado?”, les pregunté. “No, pero igual seguimos juntando porque nos dijeron que el 31 de marzo volvían a abrir, así que vamos a seguir juntando mientras no nos joda la policía”, me respondieron con una esperanza ingenua.

Estos son algunos de los que reciben los palos y las balas de goma de los represores. Los que son esposados por ir a comprar una prestobarba, a los que hacen “bailar" por violar la cuarentena, los que, como los trabajadores de los delivery, cuando tienen que salir a trabajar porque sino no morfan, sin ninguna medida sanitaria de seguridad (porque no alcanza con ser explotados normalmente), son amenazados con prisión cuando se quejan de las condiciones laborales. Mientras tanto a otros los escoltan amablemente en patrullero o con la Prefectura.

Al enemigo no hay que buscarlo en los que no cumplen con el aislamiento en una casilla de chapa y madera de 2 x 2, donde viven 10 personas, sin saber si van a poder comer mañana, sino en los que propiciaron esta situación tomando deudas impagables. Por eso creemos que hoy más que nunca es necesario dejar de pagar la deuda externa que es ilegal, ilegítima y fraudulenta para destinar todos esos recursos a salud, vivienda y salarios. Hoy, esta pandemia nos encuentra con un sistema de salud cuasi desmantelado, mientras en los últimos meses se destinaron cientos de millones en pagar la deuda en detrimento del paupérrimo salario de, entre otros, docentes y trabajadores de la salud.

Por eso, no es casual que tanto Berni en provincia de Buenos Aires, como Sain en Santa Fe, arenguen a sus tropas a disciplinar como sea, con la anuencia de Fernández que declaró: “lo que no entra con la razón, va a entrar con la fuerza”. A pocos días del 24 de marzo seguimos insistiendo que el ejército de ayer es el mismo que hoy.

Medidas de urgencia

La última semana especialistas de la salud y desde el Frente de Izquierda venimos insistiendo en la implementación de test masivos. Está demostrado científicamente la eficacia de testear la mayor cantidad de potenciales infectados para aislar eficientemente a quien pueda contagiar, como en Alemania donde se hacen 12 mil pruebas diarias y con un aislamiento menos estricto tiene veinte veces menos muertos que sus vecinos Italia, España y Francia. Recién muchos días después, cuando lo había tildado de innecesario y poco efectivo, el ministro de salud, Ginés Gonzáles García, reconoce la importancia de testear masivamente y encarga la compra de kits de testeo, aunque por el momento no llegan en el número necesario.

Se evita afectar los intereses de la salud privada unificando el sistema de salud bajo gestión estatal, con el control de científicos y trabajadores de la salud Esto no solo es posible, sino necesario. Irlanda declaró públicos todos los hospitales privados mientras dure la pandemia: “…debemos tener igualdad de tratamiento, los pacientes con este virus serán tratados como parte de un único servicio hospitalario nacional", declaró el ministro de salud de Irlanda. Frente a esto Gines González García señaló que el estado está evaluando utilizar los sanatorios privados.

Es probable que esta pandemia pase, lo que es seguro son las consecuencias económicas desastrosas que va a dejar. Si Argentina está en la lona, el post-virus nos va a patear en el piso. Porque no hay que ser Nostradamus para predecir que cuando el capitalismo tambalee, se va a solucionar con más capitalismo: ajuste, hambre y represión para los trabajadores, excluidos y marginales del sistema. Mientras caen las bolsas, el petróleo sufre la caída más abrupta de los últimos 30 años, crece abruptamente el desempleo hasta en los países más poderosos como Estados Unidos, es de urgencia que se prohíban los despidos, suspensiones, adelantos de vacaciones, recortes arbitrarios de salarios y otras maniobras encubiertas de ajuste a los trabajadores. Como también exigir una asistencia digna a los que por la crisis pandémica-económica no van a tener en los próximos meses como sustentarse económicamente en lo mas mínimo e indispensable; considerando insuficiente un bono de 10 mil pesos para afrontar por lo menos un mes y medio, cuando la línea de la pobreza está en los 40 mil pesos mensuales, y se encuentra en casi la mitad del nivel de indigencia.

Frente a esta pandemia hay que afectar a los grandes empresarios, empezando por los bancos para que no sea el pueblo trabajador quien pague esta crisis. Los trabajadores de MadyGraf y otras empresas recuperadas y universidades están demostrando que se puede salir de la crisis reconvirtiendo todas las empresas para fabricar los elementos necesario para enfrentar esta crisis A la vez hay que garantizar licencias efectivas para todos los trabajadores que no estén en tareas esenciales. Porque nuestras vidas valen más que sus ganancias.






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