Política

MIENTRAS AVANZA EL COVID

La salud en Rosario: un sistema sostenido con parches

Los y las trabajadoras están en la primera línea de fuego en los hospitales y centros de salud sosteniendo un sistema basado en sueldos magros, contratos basuras, recortes de personal y saturación.

Alfredo González

@Alf_Gonzalez_

Lautaro Pastorini

@lautarillodetormes

Miércoles 27 de enero

El año pasado fue un año excepcional que desnudo que el sistema de salud provincial se encuentra en una situación de absoluta precariedad. Hacia la mitad del año, a medida que los casos positivos de Covid aumentaban y la ocupación de camas críticas en la provincia llegaba a un 94 %, se disparó la crisis económica que afectó no solo los ingresos de trabajadores de la salud, sino también provocó que miles de familias perdieran sus obras sociales y esos pacientes recayeran en los centros de atención primaria.

En este contexto de aumento del desgaste extremo del sistema de salud y sus trabajadores, el gobierno de Perotti no mostró ningún interés en mejorar las condiciones de los trabajadores de salud y la población. No fue capaz siquiera de tomar una medida mínima como el pase a planta permanente de todos los trabajadores; mucho menos realizar testeos masivos para detectar focos de infección de la pandemia y mejorar la atención.

La semana pasada, el Siprus (Sindicato de Profesionales Universitarios de la Sanidad de la provincia de Santa Fe) lanzó un paro de 72 horas que comprendió los días martes, miércoles y jueves por las paritarias y por los trabajadores en negro. Además envió una carta al Ministerio de Salud para mostrar su preocupación sobre la falta de cronograma para la vacunación del personal de los centros de atención primaria. Como denunciaron desde el sindicato, resulta increíble que el cronograma de vacunación “deje por fuera a los psicologxs, trabajdorxs sociales, farmaceuticxs, Equipos territoriales de salud Mental, quienes durante el 2020 estuvieron en la primera línea, con altos niveles de exposición, con la complejidad de abordajes en barrios populares, población cada vez más vulnerable y con menos recursos para realizar medidas de aislamiento y distanciamiento social”.

Recortes y falta de insumos en las APS

Los centros de salud son las primeras estaciones de atención que tienen los vecinos de los barrios de la periferia. La pandemia hizo visible la enorme situación de crisis en la que se encuentran. Personal insuficiente, ausencia de reemplazos para cubrir a los trabajadores enfermos, falta de materiales e incluso de los insumos básicos de protección para atender a los casos de Covid.

Como denunciamos en octubre, los equipos territoriales de salud mental no dan abasto. Juan Manuel, un médico de las APS de zona oeste, nos contaba en aquella oportunidad: “en los centros donde participo yo tenemos entre 7 mil y 8 mil familias, y en otros hasta 15 mil historias clínicas, como en el centro de salud Libertad. Hay cada vez más casos de violencia familiar, de violencia de género, de situaciones muy complejas que un equipo, que ha quedado reducido no puede abordar toda junta.”

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La desocupación en el Gran Rosario, que llegó a un 20 % se refleja también en la gran cantidad de personas que perdieron su afiliación a obras sociales. Juan Manuel dice que en los últimos dos años aumentaron aproximadamente un 30 % el padrón de pacientes, y que por cada centro de salud tiene un promedio de entre 80 y 100 casos a los que le hacen un seguimiento con problemática de salud mental.

PAMI

Desde hace más de una década PAMI mantiene a más de 300 de sus trabajadores en negro, en condición de prestadores, incluyendo a la mayoría de los médicos, además de kinesiólogos, camilleros, personal de laboratorio, de diagnóstico por imágenes, entre muchos otros. Los prestadores, que cumplen tareas indispensables en la institución, cobran menos de la mitad que los trabajadores de planta permanente que realizan las mismas funciones. No tienen licencias, ni aguinaldo. Desde fines del año pasado vienen peleando por el pase a planta permanente con paros y concentraciones en los nodos del PAMI.

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Durante el pico de la pandemia fueron también los trabajadores de PAMI quienes denunciaron el colapso de la institución y el deterioro edilicio. El punto que disparó las protestas de trabajadores y familiares de pacientes fue en octubre con la saturación de la morgue del policlínico PAMI I, que obligó a depositar los cuerpos de los occisos en distintos consultorios con aire acondicionado.

Enfermería y acompañantes terapéuticos

Los enfermeros también dieron una gran pelea. Exigen el cumplimiento de la ley 9.282 aprobada en 2019 en la legislatura santafesina, y que establece el reconocimiento como profesionales a los y las licenciadas en enfermería. También pelean por la reglamentación del artículo 25 de la ley 12.501, para que además sean reconocidos como profesionales de alto riesgo.

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Además, organizaron las manifestaciones más emotivas del año en recordatorio de los compañeros caídos. En primer lugar, el 9 de noviembre, un caso emblemático fue la despedida de la enfermera Marleni Monzón, del Hospital Carrasco, delegada y una de las principales impulsoras de la pelea por el reconocimiento de su trabajo que fuera homenajeada en un acto frente al hospital, tras fallecer de Covid. Luego, la marcha de antorchas el día 19 de noviembre en el Monumento a la Bandera. Mientras tanto, Perotti y Javkin, guardaban un silencio criminal.

Por su parte, los acompañantes terapéuticos comenzaron el año renovando el pedido de pase a planta permanente y denunciando que están con contratos basuras durante años y cobran 130 pesos la hora.

Por un servicio público de calidad

La inédita situación de la pandemia hizo evidentes la absoluta precariedad e injusticia de un sistema de salud que, en su mayoría, se mantiene funcionando gracias al enorme esfuerzo de los y las trabajadoras. Pero no se trata de problemas nuevos. Gobiernos socialistas y peronistas, nacionales, provinciales y municipales, han mantenido desde siempre a la salud pública atada a insumos insuficientes, precarización laboral y emergencia edilicia, mientras se garantiza el negocio millonario de empresas privadas que lucran con la atención sanitaria.

Durante el 2020 la primera ola de la pandemia puso a nuestra desfinanciada salud al límite. La estrategia de vacunación, aún lenta e insuficiente, no parece ser suficiente para evitar un nuevo brote. Es evidente que una segunda ola, más extensa y con aún más contagios puede significar una verdadera tragedia para nuestra provincia. En esta situación terrible, resulta criminal que los Perotti y los Javkin se nieguen a realizar las medidas más básicas que permitirían estar mejor preparados. El pase a planta permanente de todos los trabajadores de la salud con plenos derechos, el aumento del presupuesto para la salud pública y la unificación de los sistemas de salud público y privado bajo gestión de los trabajadores, son las únicas medidas de fondo que pueden cambiar esta historia.

Las peleas dadas durante el año pasado son un primer paso. Avanzar en la organización de todos los trabajadores de la salud, uniéndose a los usuarios del sistema para pelear juntos es el único camino que permitirá evitar nuevas tragedias.






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