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La sexta ola amenaza con colapsar los hospitales... otra vez

Dos han sido los principales factores que han hecho que la sexta ola pandémica esté amenazando con colapsar los hospitales. El primero el aumento continuado de los contagios debido a la nueva variante, Omicron, mucho más contagiosa; el segundo los constantes ataques a la sanidad pública, que lejos de ser reforzada ha sufrido reducciones de personal. Urge aumentar los presupuestos de salud, contratar sanitarios y aumentar los recursos para poder garantizar la vacunación y evitar el colapso de los hospitales.

Elías Lavín

Viernes 7 de enero
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La cantidad de pacientes hospitalizados por coronavirus durante la sexta ola es, por el momento, un 20% superior (13.359 pacientes) que en los picos de las dos últimas (10.345 y 10.578). Sin embargo, las camas UCI ocupadas es mucho menor respecto a la cantidad de contagios. Por el momento 2.000 camas de UCI ocupadas. Fue en la tercera ola, cuando en agosto se alcanzó el pico de los 10.345 pacientes hospitalizados, que se alcanzó una cifra similar de ingresados en UCI. Dentro de un par de semanas se verá cómo afecta en número de pacientes críticos el mayor aumento de contagios desde que se tiene datos consolidados. Ante esta tesitura los hospitales públicos de todo el Estado, abandonados a su suerte, se preparan para un aumento considerable de los ingresos en las próximas semanas.

Por el momento lo que está claro es que la elevada tasa de vacunación, del 80%, reduce el porcentaje de infectados ingresados en UCI. Olga Mediano, coordinadora SEPAR de las Unidades de Cuidados Respiratorios Intermedios y neumóloga del hospital de Guadalajara afirma que los pacientes graves son fundamentalmente no vacunados "que se comportan muy parecido a como veíamos antes"; vacunados sin dosis de refuerzo "un poco más mayores" y pacientes inmunodeprimidos. "La vacuna funciona. Aunque en una unidad tengamos un 50% de inmunizados, hay que tener en cuenta que el 90% de la población está vacunada. El porcentaje de vacunados que acaba en críticos es muy pequeño", explica.

A pesar del menor porcentaje de pacientes críticos, esta variante, más contagiosa que las anteriores, tiene el riesgo de saturar igualmente las UCI y el conjunto del sistema sanitario. Algo a lo que gobiernos autonómicos de todo signo político y el mismo Gobierno central han hecho caso omiso. El País anunciaba esta mañana que “el Gobierno y las comunidades autónomas han basado su estrategia en la evidencia disponible hasta ahora de que ómicron es más leve y en el alto porcentaje de vacunados en España, asumiendo que estos dos factores blindarían a los hospitales de una sobrecarga inasumible”.

Pues bien, hoy se alcanzaba una incidencia acumulada de 2.574 casos por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días. La cifra de fallecidos diaria es de 148. Hay Comunidades Autónomas en las cuales el 20% de las UCIs están ya ocupadas por ingresados por coronavirus. Algunas como Cataluña y País Vasco alcanzan el 30%. Ante el continuado aumento de contagios y la falta de recursos y personal se ha dejado de testar los contactos estrechos y se ha renunciado, en los hechos, al rastreo. Esto hace que las cifras de contagios no sean del todo fiables, más bajas que otras veces respecto al número real, y que la tasa de positividad (número de infectados en relación al número de testeados) sea, a su vez, más alta. Lo que hace difícil predecir la futura evolución de esta sexta ola y su impacto.

A esto se le suma la falta de personal y de recursos. Antes de las navidades fueron despedidos parte del personal de refuerzo, 60.000 sanitarios con “contratos covid”. Los hospitales se han visto obligados, para atender el aumento de contagios, a recurrir a la desprogramación de cirugías, cierre de unidades, etc. Esto repercutirá negativamente a corto plazo en los pacientes con otro tipo de dolencias aumentando las listas de espera. Los territorios más afectados, como Euskadi, donde la ocupación se ha incrementado un 76%, en vez de contratar a nuevos sanitarios, ha llamado a voluntarios. El Servicio Navarro de Salud (Oasunbidea), ha seguido la misma línea suspendiendo los permisos y vacaciones del personal. Las bajas de sanitarios y la falta de personal son uno de los principales problemas que afronta la sanidad pública en esta pandemia. En todo el Estado esta ha sido la receta seguida por los diferentes gobiernos autonómicos “seguir con lo que ya hay”, a pesar del incremento cada vez mayor del número de infectados.

Uno de los hospitales más grandes como el Vall D’Hebron en Barcelona, reabrieron hace dos semanas el llamado "edificio pandémico", construido fuera del edificio principal para los pacientes Covid. De un total de 1.100 pacientes, 156 tiene coronavirus y 49 están en UCI. En lo peor de la primera ola alcanzaban 200 ingresados en cuidados intensivos, lo que paralizó el resto de la actividad.

En la atención primaria la situación no es mucho mejor. Por ejemplo, en Vigo, el Servizo Galego de Saúde (Sergas) ha ordenado a los facultativos de 14 centros de salud que solo atiendan casos de covid y urgencias ante el riesgo de colapso en atención primaria. Ante el “crecimiento explosivo en el número de contagios”, según indica la instrucción interna, se ha procedido a anular citas. En Andalucía, la falta de profesionales ha tensionado aún más la precaria atención, tanto en la atención primaria como en los hospitales: “hay una barbaridad de infectados y calculamos que llegan a 7.000 enfermeros los positivos, un 30% de los 20.000 en plantilla”, apunta el sindicato de enfermería Satse. La Junta despidió el pasado 1 de noviembre a 8.000 sanitarios y sanitarias. En Cataluña, según datos de la Generalitat, hay 2.500 sanitarios de baja. En Madrid ni siquiera hay datos actualizados. El 27 de diciembre de 24.213 trabajadores del Servicio Madrileño de Salud, había 1.377 de baja por covid, un 5% de los profesionales.

La situación en la atención primaria en la sexta ola, del mismo modo que en los hospitales, no es inevitable. Tiene causas en la degradación de la Sanidad Pública. Ante esta situación, lejos de reforzarse la atención primaria se ha recurrido a una política de “gestiónese usted la pandemia”, aumentando el recurso individual a los test de autodiagnóstico y a los servicios privados. Los sanitarios se encuentran destinando la mitad de su tiempo, como denuncian distintos sindicatos, a realizar trámites burocráticos relacionados con las bajas laborales de los pacientes.

En 20 meses de pandemia bien se podría haber revertido esta situación. Con un plan sanitario de emergencia de ampliación de plazas hospitalarias y de críticos, aumento de plazas en todas las facultades y grados de FP sanitaria, refuerzo de atención primaria tomando las reivindicaciones de sus trabajadores y trabajadoras, contratación directa de administrativos y rastreadores para descargar de estas tareas a los sanitarios.

Para ello se tendrían, asimismo, que haber tomado las medidas necesarias para sufragarlo, como impuestos a las grandes fortunas y beneficios empresariales, o destinar los fondos europeos a esta cuestión de emergencia, y no a engordar con subvenciones a los ya cuantiosos beneficios de las grandes empresas que ya se beneficiaron de los ERTEs. Asimismo, se deben establecer licencias laborales pagas para el contagiado y quienes le cuiden.

De igual modo, hace falta la intervención estatal inmediata de todas las farmacéuticas y laboratorios, para ponerlos bajo control de los profesionales de la salud. Poniéndolos al servicio de planes racionales de producción y distribución de vacunas y testeos, en la perspectiva de nacionalizar estas empresas bajo control de sus propios trabajadores, junto con los recursos de la sanidad privada.


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