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“Las cosas ciertas”: trabajadores rurales en el cine de Gerardo Vallejo

El día de cine nacional fue motivo para proyectar una copia restaurada del cortometraje del cineasta del Grupo Cine Liberación. La historia de dos hermanos de la familia Reales como reflejo de la realidad de miles de trabajadores golondrinas.

Maximiliano Olivera

Martes 24 de mayo
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A raíz del día del cine nacional -23 de mayo- en el espacio Incaa Tucumán se realizó una proyección de una copia restaurada del cortometraje Las cosas ciertas de Gerardo Vallejo (1942-2007). El cortometraje es de 1965 y fue realizado por Vallejo para recibirse de director de cine documental en el Instituto de Cinematografía de la Universidad Nacional del Litoral, “la Escuela Documental de Santa Fe”, fundada por Fernando Birri.

La narración de Las cosas ciertas está centrada en Ángel y el Pibe, dos hijos del Viejo Reales —futuro protagonista del primer largometraje de Vallejo— que inician un largo viaje desde Acheral, Tucumán hacia Río Negro para la cosecha de la manzana. El monólogo interior que acompaña a las imágenes da cuenta de la vida como trabajador golondrina: primero como trabajador en la cosecha de caña en el ingenio Santa Lucía, luego un interregno tras la zafra y finalmente el viaje hacia el sur.

Con el testimonio emerge la realidad de la familia zafrera combinando diferentes escenarios como el viaje en tren a través de diferentes pueblos con las escenas del hogar o del desmonte “para que el Ingenio avance”. El testimonio también se abre a la reflexión sobre la posibilidad o no de un cambio social: “Nosotros no, pero yo sé que el mundo está cambiando, por eso pienso si siempre para nosotros la vida o lo que estamos haciendo será igual”.

El cortometraje opera como bisagra en la historia y las luchas de la clase obrera tucumana, y también en el rumbo de la obra de Vallejo. En 1965 ya es palpable la crisis en la industria azucarera que el año siguiente tendrá una resolución burguesa brutal con el cierre de 11 de los 27 ingenios durante la dictadura de Onganía, con una mayor concentración de capitales y una destrucción masiva de puestos de trabajos. Ese duro ataque golpeó a los “pueblos-ingenios” como Santa Lucía, y centenares de familias como la del viejo Reales emigraron definitivamente. Además, en el film también se muestra el avance de las máquinas cosechadoras que inaugura una década de conflictos con el aumento estructural de la desocupación.

El proceso de luchas obreras abierto con el cierre de los ingenios junto a sus drásticas consecuencias serán también tomados por Vallejo en el corto Olla Popular (1968) y en su primer largometraje El camino hacia la muerte del Viejo Reales (filmada entre 1968 y 1971 pero estrenada en 1974)

Las cosas ciertas se distancia de aquellos films que si bien mostraban un interés respecto a la clase obrera, incluso por la azucarera, no escapaban a la tendencia de una distancia con respecto a ese sector social como objeto de representación. Con este primer acercamiento a la familia del Viejo Reales, Vallejo buscó acortar al máximo la distancia entre los sujetos representados y quien elabora la representación. Prescindiendo de actores profesionales y recurriendo sólo al testimonio de vida, se produce una innovación que será una marca de su obra. “Se trataba de descubrir primero, de inventar después, pero inventando desde la vida real de cada personaje”, recordó después.

Este primer cortometraje, premiado en Festival de Cine Latinoamericano de Viña del Mar, también tendió los puentes para el contacto con Pino Solanas y Octavio Getino. Vallejo fue el asistente de dirección de La hora de los hornos (1968), que toma imágenes del mencionado Olla popular, e ingresó al colectivo Grupo de Cine Liberación, identificado con el peronismo.

Volviendo a Las cosas ciertas, sobre el final mientras el tren avanza y los hermanos Reales miran por la ventana a niños que podrían ser sus hijos, suena el alegre “Mi tierra” de Palito Ortega, ya consagrado con el Club del Clan. Ese contraste entre el discurso y la realidad de miles que pretende esconder es también una impugnación al régimen social y político que guarda actualidad. Más de cinco décadas después, el trabajo temporario durante la zafra o en la cosecha del citrus continúa dejando a miles de trabajadores las “opciones” de la desocupación durante meses o emigrar hacia las cosechas estacionales del sur. Es parte del “secreto” del éxito de la agroindustria sostenido por todos los gobiernos.

En este sentido vale retomar críticamente la obra de Vallejo como parte de revitalizar en el cine el cruce entre la experiencia estética y la política.


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Maximiliano Olivera

Nació en Mosconi, Salta en 1989. Militante del Partido de los Trabajadores por el Socialismo (PTS). Periodista de La Izquierda Diario en Tucumán.

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