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TRENES

Lo que los medios capitalistas no te van a contar de la huelga de RENFE

Maquinistas y otros sectores ferroviarios vuelven a la huelga para luchar por la mejora de servicio. Al tiempo, la patronal y sus medios de comunicación comienzan la campaña antihuelga. Esto es lo que no te han contado de la huelga de RENFE.

Lunes 4 de octubre | 11:45

Tras dos días de huelga el 30 de septiembre y el 1 de octubre, el SEMAF y Sindicato Ferroviario vuelven a convocar una huelga que durará hasta el 12 de octubre. Además de maquinistas, otros sectores ferroviarios (talleres, limpieza, etc.), bajo el SF, convocaban para los mismos días, pero en horario intermitente de 7 a 9 y de 18 a 20.

Esto provocó en las anteriores jornadas que pararan más de 1700 trenes AVE, Larga y Media distancia y hubiera un tercio de lo habitual en Cercanías. Esta huelga es una respuesta a un paulatino pero constante deterioro de las condiciones laborales del sector y, en consecuencia, de su calidad para quienes utilizan los trenes. No sólo se trata de externalizaciones en los servicios técnicos en la media y larga distancia, sino que las contrataciones han ido en detrimento, los trenes permanecen en los depósitos, taquilla y limpieza no soportan la incesante carga de trabajo. En el caso de maquinistas, hablamos de una progresiva reducción de plantilla desde 2016 con más de 200 despidos.

Los huelguistas han apuntado que cada vez se reducen más el número de trenes que operan, lo que va acompañado de despidos. Si comparamos la cantidad de trenes empleados previo a la pandemia, en larga distancia sólo funcionan un 70%, en Media un 60% y Cercanías un 90%.

De igual modo, en Catalunya, se ha denunciado el traspaso de competencias desde el Ministerio a la Generalitat, una maniobra que tiene como único aliciente reducir los gastos a relativizar el presupuesto a la Comunidad Autónoma. Esta argucia se ha sumado a los motivos para hacer huelga en Catalunya.

Hasta ahora, la huelga ha sido un éxito a pesar de los servicios mínimos impuestos. Y, del mismo modo que sale el sol por la mañana o las aceras se mojan cuando llueve, basta que haya una huelga de transporte para la patronal desvíe los motivos de la huelga y trate de arrojar a los usuarios enfurecidos en los andenes contra la plantilla.

Tanto el Ministerio de Transportes de Raquel Sánchez como RENFE han rechazado que esta tendencia sea real, aun cuando resulta evidente para cualquiera que coja el tren a diario o trabaje entre ellos, además de que el mismo ministerio Ábalos enfrentara antes y durante la pandemia diversas huelgas en el sector ferrocarril.

Rápidamente, los medios de comunicación han salido en ayuda de Gobierno y las cabezas empresariales de RENFE. En todos los telediarios podemos ver a los pasajeros quejándose de los maquinistas, al tiempo que decían cuánto cobraban estos.

Omitiendo el hecho de que el salario se consigue con lucha y el ferrocarril (así como el metro o los autobuses) son un sector estratégico que la clase trabajadora puede y debe aprovechar para luchar; omitiendo que nadie hace huelga por gusto, y que cualquier conquista por parte de un sector de trabajadores debería ser apoyada y elogiada por el resto de la clase obrera (mal que les pese a los medios); omitiendo todo esto, la huelga no tiene que ver con el salario, sino que busca mejorar el servicio, algo a lo que bien podríamos sumarnos todos.

En lugar de eso, los medios prefieren la rivalidad y escarnio público contra una huelga para salvar la cara de un Gobierno que se dice progresista y sigue la agenda neoliberal protegiendo los beneficios de las empresas privadas que parasitan el ferrocarril.

El nuevo ataque lanzado contra los huelguistas ha sido su hipotética falta de respeto por los servicios mínimos. Estos fueron modificados el miércoles pasado por ser considerados abusivos ¡Cómo serían si el actual es un 85% en Catalunya, 75% en el resto del estado, en hora punta!

Dejando de lado la discusión respecto a los servicios mínimos, que es una medida para frenar los éxitos de las huelgas y combatir a favor de las empresas públicas, según los medios pro-patronales, 567 trenes que debían haber viajado no salieron de los apartaderos. Los huelguistas han alegado que RENFE no emitió aviso de servicios y no se cumplieron porque no fueron convocados. A esto, RENFE ha emitió más de 1.200 burofax y otros tantos correos para contactar con los trabajadores para que cumplieran sus servicios mínimos.

Añadir por último que ni CCOO ni UGT han secundado esta huelga en ninguno de los sectores convocados. De nuevo se ve la connivencia de la burocracia sindical con el Gobierno, su papel paralizador de las luchas obreras y sus constantes salvaguardas a las empresas. ¿Qué sucedería si se rompiera esta tendencia y se multiplicara el apoyo a la huelga?

Hay ejemplos recientes de cómo una huelga del transporte puede poner contra las cuerdas a la patronal y hasta al propio Estado, haciéndole retroceder en medidas anti-obreras. Esto es así porque se trata de un servicio esencial que es imprescindible para que se realicen otras actividades económicas.

Ejemplos como el caso de los trabajadores del transporte en Francia a finales del 2019 y principios del 2020 que realizaron una huelga indefinida a nivel nacional, y duró 2 meses, contra la reforma jubilatoria del gobierno de Macron, que les afectaba especialmente.

Este ejemplo de unidad nos pone en mejores condiciones para pelear para conquistar derechos y revertir las privatizaciones de los servicios públicos, como el transporte ferroviario, pero también la energía, la sanidad o la educación, con la perspectiva de conseguir la nacionalización bajo control obrero de un transporte público y ferroviario de calidad.






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