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OPINIÓN

Monedero, el “think tank” de Podemos y la nueva intelectualidad conformista

Tras las últimas elecciones autonómicas en Galiza y Euskadi, Juan Carlos Monedero, otrora “número tres” de Podemos, ha sido nombrado director del Instituto 25M, el laboratorio de ideas de la formación morada.

Martes 21 de julio | 16:09

Esta semana hemos conocido que una de las medidas de la dirección estatal de Podemos para paliar la crisis que sufre la formación tras los desastrosos resultados en las elecciones de Galiza y Euskadi, ha sido el nombramiento de Juan Carlos Monedero, ideólogo y fundador del partido morado como director del Instituto 25M, con la idea de convertirlo en un laboratorio de ideas de izquierda. Muchos periódicos hablan del intento de crear unas “FAES de izquierda”, en referencia a la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales, al think tank creado en 1989 y ligado a los halcones del Partido Popular. La FAES ha sido famosa por su rol en la elaboración de estrategias de los neoconservadores españoles y, en los últimos años, por ser el lugar desde el cual el expresidente José María Aznar ha buscado influir en la política española.

Monedero ha afirmado que busca no sólo construir un espacio de formación política que supla la evidente falta de cuadros que sufre su partido y que se refleja en su debilidad organizativa y territorial; también buscaría recuperar a muchos de los “purgados” en los últimos años, haciendo referencia a algunos de los errejonistas (pero no a Errejón obviamente). El cómo lo va a hacer, teniendo en cuenta como se han tratado las diferencias entre corrientes en Podemos desde su fundación con la implantación de un centralismo burocrático (diseñado precisamente por el errejonismo en Vistalegre I) y las constantes purgas, es una verdadera incógnita.

Podemos es percibido como un barco hundiéndose que ya no ilusiona ni a sus propios militantes, no tiene recursos para atraer intelectuales a sus posiciones ni es creíble que vaya a darles la libertad necesaria para actuar como un verdadero laboratorio de ideas. No lo es por cómo ha funcionado en general el partido internamente y porque ha puesto a la cabeza del espacio a un pretoriano de Iglesias que no duda en navajear a los críticos sin pensarlo dos veces. La ironía es que el Instituto 25M fue creado y dirigido inicialmente por la facción errejonista (quien estaba a la cabeza entonces era Jorge Lago) y que una vez se produjo el enfrentamiento en Vistalegre II, quedó como un espacio muerto que apenas ha organizado unos cursos de verano de la formación -a los que no asistió casi nadie- y una mínima actividad cultural.

¿Pero qué es un think tank y qué puede importar el Instituto 25M?

Un think tank no se crea para organizar un par de charlas y actuar como una asociación cultural de barrio. Estos espacios son interpretados desde la propia Ciencia Política como una nueva forma de aparatos ideológicos insertados en la sociedad civil. Su objetivo es influir en la adopción de políticas públicas por parte de los gobiernos y de hacer variar la narrativa discursiva de los actores políticos en la dirección que favorezca a los intereses de quien impulsa dichos espacios. Los think tanks serían parte de una red de intelectuales orgánicos capitalistas entre otras figuras como el funcionariado o el aparato jurídico. En muchos casos cumplen funciones técnicas, organizativas o de dirección y se pueden definir como agentes de persuasión constante. Para algunos neogramscianos, son una forma que tiene el neoliberalismo de reorganizar el Estado y de organizar la discusión política. Una de sus múltiples tareas sería controlar el famoso “relato”, ese concepto que en la política española se popularizó con el surgimiento de Podemos, como antes lo había hecho con el kirchnerismo en Argentina.

Los think tanks se proponen influir en las discusiones públicas, como una manera de defender que determinadas ideas aparezcan en la opinión pública como si surgiesen de forma inocente en la cabeza de millones de individuos. En su libro “Breve historia del neoliberalismo”, David Harvey habla de ellos en algunos capítulos para señalar cómo el neoliberalismo se apoyó en este tipo de instituciones para legitimar su discurso en mitad de una crisis histórica del capitalismo y de esta forma lograr el apoyo necesario de la sociedad civil para implantar su proyecto en contra de las clases trabajadoras de sus respectivos países. Fueron actores necesarios en la construcción de la hegemonía neoliberal, porque construyeron el imaginario político que explicaba y exponía las reformas capitalistas como una necesidad o como algo de sentido común.

Por tanto, el objetivo de Monedero si realmente es fiel a sus palabras y no se trata de la enésima operación de marketing destinada a salvar un barco con serias fugas de agua, va más allá de una formación abstracta de cuadros. Se trata de un intento de reorganizar a sectores del reformismo que han abandonado a la formación morada con el objetivo de encuadrarlos nuevamente y de ver cómo recuperar la iniciativa tras la debacle del último ciclo electoral. Decir que se quiere recuperar al errejonismo es una meta bastante sincera, porque sin duda los cuadros políticos no se generan en pocos días y la sangría de Podemos en términos organizativos viene en gran parte porque han perdido toda esa fuerza política que se fue con Errejón o se volvió a la universidad a seguir esperando su oportunidad para progresar socialmente. Se trataría, siempre suponiendo que Monedero e Iglesias se proponen esta tarea seriamente, de un movimiento a medio-largo plazo que busca evitar lo que hoy pareciera casi inevitable: que Podemos no sea un fenómeno efímero en la política española.

Aunque no sólo Podemos tiene iniciativa en este terreno; más bien vienen retrasados en tenerla. En los últimos meses, sectores asociados a Más País lanzaron el Instituto de Estudios Culturales y Cambio Social (IECCS), un espacio que según ellos mismos busca: “construir un lugar de encuentro en torno a la militancia, la investigación y la intervención política con el objetivo principal de revitalizar el pensamiento crítico y establecer nuevas coordenadas teóricas y culturales que puedan servir para desbloquear horizontes de futuro en nuestra sociedad”. Como el propio Errejón, sus promotores no ocultan sus simpatías con el pensamiento de Ernesto Laclau, Chantal Mouffe y el nacionalpopulismo. Aunque se presentan como un espacio plural que busca reagrupar a todos quienes vagan por el desierto actual de la izquierda, su adscripción política es evidente.

A este espacio se han relacionado la Editorial Lengua de Trapo (dirigida por Jorge Lago, figura también principal de este Instituto y del espacio del errejonismo) y la revista la Trivial (grupos de jóvenes errejonistas). El IECCS parece tener la guerra ganada de antemano a Monedero si se trata de reagrupar a los intelectuales del neorreformismo, si tenemos en cuenta quienes participan en este espacio y cómo se han estado moviendo. Además, el Instituto 25M cuenta con una gran desventaja que el IECCS no tiene: todo el mundo tiene un profundo rechazo por Monedero; en cambio, las disputas entre errejonistas y otros sectores son más ligeras, aunque muchas veces igual de burocráticas.

Intelectualidad, lucha de clases y política revolucionaria

Aunque se presenten como iniciativas innovadoras, más allá de sus diferencias tácticas los thinks tanks del errejonismo y el pablismo tienen un fundamento común: ambos espacios coinciden en que el paradigma de la revolución y el horizonte de transformación social abierto por la época imperialista y la Revolución rusa debe ser enterrado en el pasado. En tal virtud, son expresión de una nueva intelectualidad conformista, cuyo único horizonte es gobernar con los social liberales del PSOE.

Por tanto, que nadie se agolpe en las puertas de estos espacios demandándoles las respuestas que la izquierda revolucionaria lleva décadas buscando porque no las van a dar, como mucho te va a pedir que les votes y te van a soltar una chapa sobre porque hay que aceptar el “mal menor”.

El debate político debe ser parte y origen de una línea política y estratégica revolucionaria que sepa construir a la vez que se desarrolla a sí misma; que aporte a la formación de una organización capaz de afrontar los retos que supone una transformación radical de la sociedad, es decir, los problemas estratégicos de la revolución proletaria. No hace falta decirlo, pero esto es lo opuesto a promover a 4 o 5 intelectuales mediáticos cuyo papel sea justificar el conformismo y la postración frente a los poderes fácticos del capital. Implica promover la formación de militantes revolucionarios que participen en los debates colectivos y que sepan ajustar en momentos decisivos su actuación.

En su gran “Historia de la Revolución Rusa”, Trotsky menciona en múltiples ocasiones como en momentos decisivos, individuos que después han tenido su nombre grabado en la Historia quedaron petrificados ante los acontecimientos, mientras que miles de obreros anónimos criados en la escuela del pensamiento bolchevique sabían qué hacer para mover a su clase social hacia la dirección correcta. Una línea política revolucionaria debe tender a ser capaz de lograr eso en los momentos más cercanos al estallido revolucionario, pero como explica el fundador del Ejército Rojo, esto no se logra de la noche a la mañana, implica la existencia de un partido de cuadros políticos revolucionarios, formados no sólo en el estudio del marxismo, sino principalmente en la lucha de clases y con una experiencia militante que les permita educar a las masas.

El Campus Virtual que acabamos de lanzar desde Izquierda Diario y la CRT -siguiendo el ejemplo de nuestros compañeros/as en Argentina- un espacio abierto de formación marxista y el debate de ideas, busca ser un aporte a este objetivo. Porque como dijera Lenin, “sin teoría revolucionaria, no hay práctica revolucionaria”.






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