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Moscú cierra el Nord Stream indefinidamente y pone en jaque la estrategia energética de la UE

Rusia confirma que no restablecerá el envío de gas a través del Nord Stream. Se agudiza la crisis energética mientras Berlín y París visibilizan las tensiones y contradicciones entre las potencias imperialistas.

Ivan Vela

Lunes 5 de septiembre
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Foto: EFE

Se paró el envío de gas desde Rusia a Alemania y Europa a través del Nord Stream. El gasoducto, que ya funcionaba al 20% de su potencial desde junio tras la realización de una revisión programada, cierra indefinidamente el grifo.

Y lo hace, según el Kremlin, por las medidas contra el sector energético ruso que desde el estallido de la guerra en Ucrania ha puesto en marcha la Unión Europea (UE). “No hay otras razones que puedan llevar a estos problemas con el bombeo”, subrayan desde Rusia.


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Pocos creían el pasado viernes, cuando se anunció el cese de la actividad, que el parón en el gasoducto se debía a problemas técnicos encontrados en la estación situada en suelo ruso.

La política imperialista de la UE y EEUU centrada en gran medida, aunque no solo, en sanciones económicas contra Rusia, sigue mostrando su efecto boomerang sobre las condiciones de la clase trabajadora y los sectores populares de la UE. No solo esas sanciones afectan en primer lugar a la población rusa, sino que además golpean a los sectores populares de la UE en forma de una inflación galopante que muerde cada día que pasa más y más los salarios.

El otoño y el invierno se prevén duros en Europa. Sumado a la inflación histórica, la oferta de energía y el precio de esta, dibujan un escenario de mucha incertidumbre.

Antes de esta medida de presión rusa, los precios de la energía, especialmente la del gas, ya eran desorbitados. A finales de agosto, Francia e Italia veían como el MWh alcanzaba los 700 euros, un nivel récord.

Tampoco la medida particular de Portugal y el Estado español (la excepción ibérica, centrada en desenganchar el precio de la energía del precio del gas) ha surtido efecto. El precio medio del MWh en agosto en el Estado español ha sido de 307,80 euros, un 19,3% más que en julio (258,10 euros), siendo además el mes más caro desde que hay registros, según los datos del Operador del Mercado Ibérico de la Electricidad (OMIE).

No solo la economía del hogar se ve atacada por este escenario, la escasez de energía y los precios también está empezando a provocar parones y reducción en la producción, EREs y cierres en muchas fábricas.

El anuncio del cierre del gasoducto Nord Stream además ha hecho aflorar tensiones y contradicciones entre los socios europeos. Alemania, consciente del golpe que le supone el fin del suministro a través del mar Báltico, empuja para la construcción y puesta en marcha del gasoducto MidCat. Un canal que debería llevar gas desde la península al centro de Europa.

Para Macron es “falso, factualmente falso” que el MidCat resuelva los problemas y la carencia de gas. Tras la reunión con el canciller Scholz, que no ha sido capaz de hacer cambiar de opinión al Presidente francés, este ha retado a Pedro Sánchez a aportarle y presentarle otras razones. “Si mañana el presidente Sánchez me dice: ‘he aquí los hechos’, yo estoy dispuesto a revisar mi posición”, ha asegurado Macron.

Pero más allá de este intercambio bañado de diplomacia, lo cierto es que el MidCat supone una piedra importante en la unidad de dos socios centrales para la estabilidad de la UE, Berlín y París.

Actualmente Francia es la entrada al norte de Europa desde el sur, algo que no va a ceder a Portugal y el Estado español, con la opción de que a corto plazo se conviertan en centros logísticos de primer orden, no sólo para la importancia de gas, sino también de mercancías.

Sumado a esto, el apoyo de Alemania para fortalecer la península ibérica, le acerca estratégicamente al Norte de África. De hecho la diplomacia entre Berlín y el régimen reaccionario de Marruecos pasa por un momento de paz, y tanto en Marruecos como en Argelia, Alemania quiere potenciar la producción de hidrógeno verde. Para Francia toda política en el mediterráneo y en el Norte de África se gestiona a través de París y no de Berlín. Valga decir que el Club Méditerranée habla francés. Es un enfoque histórico de París.

Y ligado al punto de las energías verdes, Macron también tiene cuentas pendientes con Berlín en este punto. El rechazo a la energía nuclear por parte de Alemania (al menos hasta antes del estallido de la guerra de Ucrania) perjudica seriamente los intereses de un país cuya seguridad energética y militar gira en torno a la energía nuclear.

El cierre del Nord Stream ha puesto más nubes en el otoño y en el invierno de la UE, pero también ha hecho saltar, quizá por primera vez y de forma más visible, las contradicciones que existen entre las potencias imperialistas, en este caso entre Berlín y París.


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