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No queremos dejar la vida en los yacimientos

Tras la muerte de Víctor Vázquez en el yacimiento Río Neuquén, compartimos las palabras de un trabajador petrolero y ex-compañero de la secundaria de “el Liebre”. “Muchos piensan que en el petróleo ganás bien, pero no tenés vida”.

Miguel Palacios

Sábado 25 de junio
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Me levanto a las 6:00 am sin darme cuenta que nevó toda la noche. Todavía pienso en Víctor, "el Liebre" que dejó la vida en el laburo. Pienso en las familias sin gas ni calefacción, en la leña mojada, en casas precarias de puertas y ventanas improvisadas, techos con goteras en las tomas. Y ese frío que no te perdona.

Hoy me toca subir al "campo", empieza el diagrama. Miro de reojo el celu de la empresa. Se juntan los mensajes de los problemas que me esperan. Salgo para allá a ver los fierros que rompen la tierra para sacar el gas. La logística es impresionante: caravanas de camiones y camionetas que se mueven para llegar a donde sea, muy adentro en la meseta. Hasta allí van también los millones de litros de agua potable que van a mezclar con químicos y quedará contaminada para siempre. Todo ese enorme esfuerzo y trabajo con sus adversidades para sacar el tesoro, ese gas que no va a llegar a esos hogares sin calefacción.

Duele pensar que “el Liebre", no volvió a casa y su familia no lo tiene más. Pensar que compartí unos años de secundaria con él y lo recuerdo siempre entre risas y buenos momentos. También me siento un poco como Victor. Porque sé que muchas veces estoy en la línea de fuego o caminando en la cornisa sin línea de vida, y también podría ser que algún día no vuelva.

De camino en la radio escucho que la economía se recupera y que comparado con el año pasado hay más empleo, pero informal, trabajo en negro. La noticia que le sigue es que Neuquén es la provincia con más desempleo de la Patagonia. Sigo pensando que todavía me quedan muchos días para volver a mi casa y reencontrarme con mi seres queridos.

Pienso en jornadas largas y en los ritmos que se aceleran para marcar un nuevo récord. Récord… Récord de destrucción... Récord de desastres.... Récord de acumulación...
Mientras unos pocos se frotan las manos por los jugosos negocios que vienen, con el famoso gasoducto que llevará más gas a Buenos Aires.

Me llena de bronca enterarme que el paro que llamó el sindicato por la muerte de Victor no duró ni 24 horas porque las empresas hicieron subir al turno noche. Y todo siguió. Ni el sindicato ni sus delegados se plantaron para parar la producción. Ni siquiera frente a una muerte que no debió ser. La producción se garantizó, para que el récord no se perdiera.

Sigo en viaje escuchando la radio. Me entero que explotó un centro de salud por malas condiciones edilicias donde resultaron gravemente heridos los enfermeros. Recordé la escuela de aguada San Roque donde murieron una maestra y dos trabajadores de mantenimiento. Vuelvo a pensar en todo ese esfuerzo de trabajo y jornadas interminables los días que faltan. ¿Todo eso para que? ¿Dónde van a parar todos esos millones de producción "récord"? No solo estamos expuestos en yacimientos, sino en las mismas escuelas y centros de salud, que no son garantía de nada.

Muchos buscan un trabajo en el petróleo. “Ahí ganas bien”, piensan. Pero no tenés vida. Lo suficiente para apenas descansar y comer, pero sin tiempo para disfrutar... Me cuentan los más viejos que a sus hijos no les falta nada, pero que tampoco los vieron crecer ni pudieron estar en sus actos escolares, ni en sus cumpleaños. La vida en el campo tarde o temprano te pasa factura. La espalda, las manos, el estrés de no poder dormir, el zumbido en los oídos. Algunos solo sufrirán de la espalda, otros dejarán partes de su cuerpo, otros la vida como Víctor.

Que haya laburos peor pagos no significa que los trabajadores tengamos que dejar de pensar en todas estas cosas. Constantemente vemos cómo se manejan las empresas en los yacimientos, en los talleres. Cómo el sindicato hace la vista gorda frente a los atropellos de las patronales, pero después se llena la boca en incendiados discursos hablando de nuestros derechos. Nuestros derechos, esos que ellos negocian...

La industria que “mueve al mundo”, la del gas y el petróleo, tiene regímenes laborales donde se trabaja más de 12 horas por día. Es antihumano lo que soporta el trabajador. Acá las ganancias son enormes. Para empresas que cotizan en dólares, los salarios en pesos son ínfimos. ¿Cuántas horas extras paga un barril de petróleo, de esos que sacan miles por día de cada pozo? Qué distinto sería si se repartieran las horas de trabajo. Si fuéramos nosotros quienes garantizáramos la seguridad, poniendo el cuidado de nuestras vidas y del ambiente en primer lugar. Qué distinto sería si la producción de energía no estuviera pensada para generar ganancias, sino para garantizar lo que la población necesita. Qué distinto sería.

Basta dejar la vida en el trabajo. Nuestro tiempo vale. Lo tenemos que recuperar de las manos de la patronal y los burócratas de los sindicatos que negocian nuestras horas de descanso. ¡Victor Vázquez presente! ¡Nuestras vidas valen mucho más que sus ganancias!


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