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ELECCIONES PRESIDENCIALES

Perú: empate técnico entre Keiko y PPK, con cualquiera gana la derecha

Domingo 5 de junio de 2016 | 23:00

Aún no se conocen datos oficiales del conteo de votos. Según primeros informes de las principales encuestadoras, habría un virtual empate técnico entre Keiko Fujimori (KF) y Pedro Pablo Kuczynski (PPK), con una leve ventaja para éste:

El “conteo rápido” de IPSOS asigna a PPK un 50,5 % de los votos válidos, contra 49,5 % para Keiko. Según GfK, Kuczynski obtendría el 51,2% de los votos y Fujimori un 48,8%.

La encuestadora CPI registra en primer lugar a Fujimori con un 51,1%, mientras PPK obtendría un 48,8%.

No está definido el resultado todavía, aunque algunos informes periodísticos afirman que la ventaja de PPK estaría creciendo lentamente. Ninguno de los dos candidatos se ha proclamado ganador y han llamado a esperar los resultados oficiales. La autoridad electoral (ONPE) emitirá un primer informe sobre el 30% de las urnas a eso de las 21.00, hora peruana.

Ambos comparten el programa neoliberal y representan las dos principales expresiones de la derecha en el país. Cualquiera sea el resultado, el nuevo gobierno mantendrá la continuidad con el “modelo” de entrega al capital extranjero, saqueo de los recursos naturales y precarización laboral, impuesto en el Perú en los 90, precisamente bajo el gobierno de Alberto Fujimori. Más aún, deberá aplicar contra el pueblo los ajustes necesarios para consolidar la buena marcha de los negocios capitalistas, ya que el “modelo” peruano, aunque vive cierto reanimamiento, es afectado por los menores precios de los minerales e hidrocarburos.

La campaña estuvo teñida por una insistente polarización entre fujimorismo y antifujimorismo, atizada por los grandes medios que, como la mayor parte de las élites burguesas, apoya a Kuczynski. Hasta una semana atrás, sin embargo, las encuestas le daban ventaja de varios puntos a Fujimori. Al parecer, fue un esfuerzo supremo en estos últimos días, con un debate televisivo del que habría salido mejor parado PPK, además de movilizaciones antifujimoristas, impulsadas por sectores de izquierda y sindicatos. También influyó el llamado a votar por PPK que hizo el Frente Amplio de Verónika Mendoza, lo que podría llevar al gerente al despacho presidencial. En efecto, en el Sur peruano (plaza fuerte del Frente Amplio) PPK estaría rondando el 60% de los votos.

Pero en verdad, más allá de sus diferencias políticas y sociales, no se trata de “corrupción” y “autoritarismo” (Keiko) , versus “transparencia” y “democracia” (PPK).

La combinación de formas de corrupción es estructural al régimen capitalista. Con Keiko es probable que sea “sobrerrepresentada” la corrupción de las camarillas arribistas, con sus lazos oscuros con el narcotráfico y otras lindezas, que desde el poder del Estado pueden reclamar un diezmo mayor para facilitar los asuntos del gran capital. Pero con Kuczynski prevalecerá de manera más directa, continuando con sus “business as usual”, la alta corrupción de guante blanco de las transnacionales y las finanzas que saquea al Perú, sin desmedro de que la otra siga llevándose una porción.

Keiko Fujimori tiene detrás de sí la tradición autoritaria y corrupta de su padre. Se apoya en sectores de la burguesía media y baja de origen plebeyo, pero mantiene una base social amplia entre sectores populares empobrecidos del Perú, a los que promete reeditar el asistencialismo social y la “seguridad” a través de la “mano dura” que caracterizaron el fujimorismo. La élite los mira por arriba del hombro y desconfía de sus uñas largas y sus modales prepotentes y autoritarios, no tanto porque pueda dirigirlos contra el movimiento obrero y popular, sino por el riesgo de que sean desestabilizadores.

Pablo Kuczynski (PPK) es por el contrario el gerente ideal. Con una larga carrera empresarial, tecnócrata que ha servido en gobiernos anteriores y directorios de transnacionales, es un neoliberal “republicano”, afecto a los métodos normales de la “democracia para ricos”, a las privatizaciones y a todo tipo de concesiones y entrega a las grandes empresas extractivistas y los bancos. Por eso mismo, dispuesto a recurrir a la represión cuando el plan neoliberal lo exige, como por ejemplo se hizo bajo Toledo, el gobierno del que era parte en 2002, contra las movilizaciones que derrotaron la privatización de la electricidad en Arequipa (que él promovía).

Las élites de poder le critican a Keiko no haber “aggiornado” más a su organización política, desprendiéndose de algunos impresentables colaboradores de su padre, y disciplinando a algunos nuevos pero que ya muestran malos hábitros de corrupción y autoritarismo.

El “antifujimorismo” le sirvió hasta ahora para mantener a raya a Keiko, y posiblemente para impedirle llegar a la presidencia, pero al mismo tiempo, tiene la contradicción de que traba la posibilidad de asimilarla plenamente como opción confiable. En palabras de Steven Levistky, en La República (05/06). “La persistencia del antifujimorismo, entonces, ha tenido un efecto paradójico: pone límites al fujimorismo (que es clave para la democracia) pero al mismo tiempo inhibe su transformación”.

Más allá de sus preferencias, la burguesía tienen ante sí ,a necesidad de integrar al fujimorismo a cualquier esquema de equilibrio político que se pueda imaginar de aquí en adelante. Para empezar, digamos que en los últimos años la bancada de Fuerza Popular cumplió un papel moderado, sosteniendo la gobernabilidad. Pero lo más importante es el nuevo dato de su peso político: Fuerza Popular no sólo tiene un gran caudal electoral, sino que en abril se aseguró la mayoría simple en el Congreso de la República (unos 70 representantes sobre 130). PPK sólo cuenta 18 escaños propios.

Por ello, si se impone Kuczynski, está prácticamente obligado a pactar para poder gobernar, negociando en primer lugar con Keiko. De hecho, comparten los rasgos esenciales de la base programática neoliberal común.

Si finalmente triunfa Fujimori el problema será para los neoliberales también pactar con Keiko, para que garantice poner límites y disciplinar a su movimiento.

Puede decirse que el programa de gobierno, ya ha sido votado, hoy, en las urnas, sólo se seleccionaba al responsable de llevarlo adelante. Sea cual sea el resultado, la opción para los trabajadores y el pueblo es una sola, prepararse para enfrentar al próximo gobierno.

Lamentablemente, la mayor parte de la izquierda peruana contribuyó a ocultar esto, al dar su “apoyo crítico” mediante el voto al representante “republicano” de las transnacionales, con el argumento del “mal menor”.

Si se recuerda que en el primer turno electoral más de la mitad de la mitad del padrón no votó, o lo hizo en blanco o viciado, y más de un cuarto de los votantes lo hizo por el Frente Amplio y otras opciones menores vistas como de izquierda, es fácil entender que no sólo no correspondía embellecer al gerente, sino que se podía vaciar de legitimidad este segundo turno impulsando un masivo voto en blanco o nulo. Este hubiera sido el mejor paso para empezar a preparar políticamente la resistencia.






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