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TOMAR PARTIDO

¿Por qué es más necesario que nunca que los jóvenes nos organicemos en un partido internacionalista y revolucionario?

Las generaciones más jóvenes estamos viviendo la precariedad de primera mano, nos espera un futuro peor que el de nuestros padres. Pero no vamos a permanecer pasivos, como demostramos tomando las calles cada 8m, en las huelgas o con la lucha climática. Con la crisis que viene no hay tiempo que perder, ahora nos toca dar un paso más y organizarnos.

Domingo 24 de mayo | 14:06

Las y los jóvenes somos retratados en muchas ocasiones como un sector pasivo ante lo que sucede a nuestro alrededor. Se nos quiere caricaturizar como un grupo homogéneo que mira a su ombligo y no piensa en las consecuencias de sus actos. Al mismo tiempo, ser inconformista o demasiado idealista en el colegio y el instituto puede suponer también una valoración negativa por no tener “los pies en la tierra”.

Desde hace ya unos años estos falsos intentos por descalificar a los jóvenes van perdiendo su sentido. Nuestra conciencia social se demuestra cada vez más fuerte en las grandes movilizaciones del 8M, en las huelgas de trabajadoras precarias o el movimiento por el clima (que es la mayor protesta por la existencia de un futuro). Pero no desaparecen del todo estas descalificaciones ya que son un instrumento muy importante para mantener el orden establecido.

Por mucho que se crea, nuestras andaduras políticas no comienzan a los 18 años, sino mucho antes. Empiezan con el lugar donde vivimos, la educación que recibimos en casa y en el colegio, el trabajo de nuestros padres, la disposición económica o la forma en la que nos comparamos con los demás. Suponer que todos los jóvenes estamos en la misma situación por el mero hecho de compartir edad o generación es una gran falacia. Siempre nos separa la clase.

La generación Z hemos vivido la precariedad de primera mano: nacimos entrando en un nuevo siglo que, aunque se esperaba más tranquilo que el que se dejaba atrás, ya venía avisando que nuestras vidas serían peores que la de nuestros padres. Luego llegó la crisis de 2008, dejando a nuestro alrededor un rastro de personas cuyas situaciones empeoraban por momentos. A nosotros nos pilló demasiado jóvenes el 15M, pero los ecos de lo que fue nos han llegado a medida que hemos crecido. El proyecto político que surgió después, aseguró que aspiraba a cambiar un sistema bipartidista podrido y anticuado, pero a día de hoy la integración de Unidas Podemos en el gobierno y en la misma dinámica de siempre ha trastocado las esperanzas de cambiarlo todo por un conformismo demasiado desolador en muchos.

Lo que ha quedado demostrado es que el cambio limitado a las instituciones sin pretender romper el marco establecido por el capitalismo no va a suponer un cambio real en la vida las personas a las que ese proyecto aspiraba representar. Depositar la confianza en quienes se separan de la experiencia de la clase trabajadora para buscar solo hablar de ella desde la distancia o como mero campo de maniobra no es una solución y muchos jóvenes nos estamos dando cada vez más cuenta de ello.

La crisis de este modelo capitalista globalizado que nos ha tocado vivir supone formas de pensar que pueden tender a dos extremos: el retorno al nacionalismo rancio y la defensa de las fronteras como escudo protector de unos males exteriores muy selectivos (que casualmente permiten la libre circulación de mercancías pero criminalizan a las personas que por necesidad salen de sus países), frente a la perspectiva de la unidad internacional de las y los trabajadores, con el objetivo de derrotar un mismo enemigo, el que supone las mismas desigualdades por igual en todas las partes del mundo y que aprovecha las fronteras para explotar de más a quién menos poder tiene para defenderse: el capitalismo.

El futuro que se avecina con y tras la covid19 no es más que otro reflejo de la fatalidad de un sistema económico que se centra en el aumento de beneficios concentrados en muy pocas manos. Y si no solo hace falta ver como en este momento en el que miles de familias se están quedando sin trabajo, sin ingresos y con un futuro incierto y altamente precarizado, Jeff Bezos, el fundador de Amazon se podría convertir en el primer trillonario en la historia.

El esfuerzo que se nos pide a los jóvenes para labrarnos un futuro mejor no debe estar dirigido a intentar parecerse a estas personas retratadas como “triunfadoras” pero que no son más que parásitos de un sistema que permite que una sola persona concentre en sus manos una riqueza mayor que la de un país entero mientras millones son destinadas a la miseria, no. El esfuerzo debe encaminarse a cambiar el orden de las cosas, dejar de dar por supuesta una desigualdad que hace de la vida de millones de personas una ansiedad constante por sobrevivir cuando existen los recursos suficientes para paliarlo.

Y es que es nuestra responsabilidad cargar con esas partículas de la historia de la humanidad para convertir el futuro en una vida que merezca la pena ser vivida por todos y para todos. Y es que como dijo Trotsky en su testamento “La vida es hermosa. Que las futuras generaciones la libren de todo mal, opresión y violencia y la disfruten plenamente.”

Para ello yo milito en la CRT, de la mano de mis compañeras de Pan y Rosas estudiantes, trabajadoras precarias, migrantes y ante todo luchadoras. Porque no nos conformamos y actuamos por conseguir esa vida hermosa. Si tú también piensas que es importante organizarse, únete. Puedes encontrarnos en:

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