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Tribuna Abierta

¿Por qué hay barrios que no se pueden confinar?

Esta semana entraron en vigor las medidas de confinamiento en los barrios del Sur cuyas demandas han sido desoídas durante mucho tiempo. Encerrarnos no es una solución, en muchos de estos barrios no nos podemos confinar. Eso lo sabemos especialmente en el centro social de La Villana (Vallekas).

Miércoles 23 de septiembre | 16:52

Esta semana entraron en vigor las medidas de confinamiento y limitación de movimiento para algunas de las zonas más afectadas de la Comunidad de Madrid. La mayoría de las zonas pertenecen a los barrios más populares de la capital (Vallekas, Carabanchel, Villaverde etc.) y la incidencia tan alta se debe, en gran parte, por los desplazamientos que deben hacer en el infestado transporte público y por sus raquíticas estructuras de sanidad pública, entre otros.

Rehusando escuchar las demandas que estos barrios pedían al gobierno regional durante el verano (reforzamiento de los centros sanitarios, más protección laboral, más frecuencia de metro para evitar los hacinamientos etc.), el gobierno de Díaz Ayuso ha optado por encerrar a las personas de estas zonas para que no puedan entrar ni salir (por ocio, para trabajar limpiando suelos en el barrio de Chamberí sí que se puede salir). Pero esto no puede ser, hay barrios en los que no nos podemos confinar. Y uno de esos barrios es Vallekas.

Eso lo sabemos especialmente en el centro social de La Villana (Vallekas), uno de los espacios del barrio donde confluyen algunas redes de apoyo y plataformas autoorganizadas por las vecinas del barrio. Uno de esos espacios donde las vecinas confluyen para autoorganizarse en pos de suplir las deficiencias de unas institutciones que las ignoran sistemáticamente. Una autoorganización cuyo fin no sólo es suplir la falta sino también profundizar en otras formas más democráticas de relacionarse con las vecinas y con el espacio que (co)habitamos.

Ahora bien, después de esta orden de confinamiento yo me pregunto: si La Villana se confina ¿a dónde llevarán las madres a sus hijas para que refuercen lo aprendido en la escuela? Antes venían a La Escuelita de La Villana. ¿Tendrán ahora que pagar (si es que se puede) un profesor particular? ¿O acaso tendrán estas madres que asumir la marginalidad a las que Ayuso las destierra?

Si La Villana se confina ¿a dónde irán las personas migrantes y racializadas a aprender el idioma y obtener herramientas para su vida cotidiana? Antes venían a las clases de castellano. Ahora, ¿quién les traducirá y explicará la burocracia? Cuando vayan al ambulatorio con alguna enfermedad ¿quién les va a enseñar las palabras y los métodos más adecuados? ¿O acaso tendrán que sufrir sus dolores en la soledad de sus hogares totalmente desterradas de la sanidad (cada vez menos) pública?
Si La Villana se confina ¿a dónde irán las vecinas cuando sufran lo peor de la burbuja inmobiliaria y de la precariedad laboral ante una notificación de desahucio? Antes venían a la PAH de Vallekas. Ahora, ¿cómo vamos a defender a la vecina de los matones de desokupa y sus homólogos instucionalizados (los antidisturbios) ante el aviso de un desahucio? ¿Quién va a poner el cuerpo cuando el sistema nos golpee? ¿Es que acaso han de renunciar solas ante el derecho más básico, el derecho a una vivienda digna?

Si La Villana se confina, ¿cómo obtendrán comida las familias que, sin ningún tipo de recursos, son olvidadas por las instituciones (incluso estas que dicen tener algo así como un Ingreso Mínimo Vital). Durante la primera ola se creó en el barrio un grupo autoorganizado de vecinas (La Despensa Solidaria) que juntas luchaban por el derecho a la alimentación. ¿Cómo van a comer ahora estas familias? ¿Acaso deben asumir que, más que una persona con unas necesidades básicas que cubrir, son un posible vector de transmisión para barrios más ricos? ¿Potencial contagiadores antes que personas con hambre?

Y es que ¿quién y bajo qué condiciones puede confinarse? El confinamiento favorece la reclusión en el espacio privado y esto solo es válido para aquellos que tienen todos los medios en sus manos, todas los recursos privatizadas (para ellos). El resto, el 99% no podemos creer (¡ni queremos!) en el ideal burgués de autosuficiencia. Nos necesitamos, justamente, para que ese 1% no siga expropiando nuestras vidas.

¿Quién va a detener el pelotazo inmobiliario que supondrá cambiar la junta de distrito de Puente de Vallekas desde un edificio histórico a otro por construir? ¿Quién detendrá la nueva comisaría que nos van a plantar en el barrio para asegurar que cumplimos con la disciplina que nos imponen? Y esto último (la construcción de nuevas comisarías) no es algo anecdótico sino que profundiza en la lógica represiva que impera en esta pandemia: los problemas se resuelven de forma represivo-policial en vez de colectivamente a través de plataformas autoorganizadas de vecinas. ¿Repartes comida a familias sin recursos? Multa. ¿Protestas en el barrio Salamanca saltandote el estado de alarma? Libertad.

El slogan tan manido esta pandemia ("Cuídate a ti y así cuidas a los demás") es un slogan hecho desde los despachos del barrio Salamanca. Sólo allí se puede pensar en cuidarse sin la ayuda de nadie (eso sí, a costa de una mujer migrante que le limpia los suelos, de explotar a sus empleados y robarles su plusvalía y de poner el resto de sus pisos a precios abusivos). El resto del planeta no podemos (ni queremos) cuidarnos sin la ayuda de la vecina de enfrente, de la madre de nuestras amigas y de las hijas de nuestras primas. No creemos que primero tengamos que cuidarnos nosotras y así, de rebote, proteger al de al lado. Vivimos y convivimos en comunidad y eso significa que tanto más cuido a mi vecina, tanto más me cuido yo.

No lo entienden. Vallekas no se confina porque solas no nos cuidamos. Confinadas nos ahogamos. Juntas nos queremos. Juntas hacemos barrio. Esa es nuestra libertad, una libertad en comunidad. Y, por esa libertad, nos ponemos hoy en pie de guerra.






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