Política Estado Español

BARCELONA

¿Porqué Colau reprime a los manteros? ¿Porqué los sindicatos no los defienden?

La ofensiva represiva del gobierno de Colau aumenta después del pacto con el PSC. ¿Eran esto las “políticas valientes”?

Pere Ametller

@pereametller

Jueves 1ro de agosto | 12:20

Esta semana hemos visto como en Barcelona empezaba nuevamente una fuerte campaña represiva contra los vendedores ambulantes. Una campaña orquestada por el nuevo responsable de seguridad de la ciudad, Albert Batlle, y con una puesta en marcha por "todo lo alto" y con la inestimable ayuda de los medios de comunicación.

Sin pasar por alto que durante el primer mandato de Colau la represión a los manteros ya fue una constante, mientras cínicamente se levantaba la bandera de ser una "ciudad de acogida", durante la presentación del pacto entre BComú y el PSC, se sentaron las bases para dar un nuevo paso en ese aspecto al manifestar que la seguridad de la ciudad tendría una especial importancia en este Gobierno, tal y como no podía ser de otra forma cogobernando con el partido de la represión y la marca Barcelona durante décadas.

Una política de seguridad, la de reprimir a los manteros, que atiende a la exigencia de proteger los intereses de los grandes lobbys turísticos de la ciudad y que acaba por poner en práctica el discurso radical de la derecha y la extrema derecha de criminalizar al eslabón más débil de la sociedad como el culpable de los grandes males. Es el discurso del cierre de fronteras y deportación para los “ilegales”.

Y en la práctica, esto no es sino la culminación a nivel municipal de la integración del del neorreformismo en el Régimen del 78 que tanto ansía Podemos.

Ante esto, la única manera de responder a los ataques hacia la población inmigrante es desde una perspectiva radicalmente de clase. Nuestros enemigos no son los inmigrantes, trabajadores como nosotros, sino los empresarios que nos explotan a todos, el gobierno que legisla para ello y la policía y los jueces que nos reprimen. Sin obviar los evidentes grados de explotación y de falta de libertad, es nuestro deber de unirnos en una misma lucha.

Una misma lucha que tiene que dar respuesta a nuestras necesidades como trabajadores y en este caso concretamente para la población inmigrante. Y esto no es posible más que con la apertura total de las fronteras y la obtención de la nacionalidad desde el primer momento con los mismos derechos que un nativo para cualquiera que lo solicite. Pero estas consignas, a la vez, no pueden desatarse de las medidas necesarias para dar respuesta a las necesidades sociales de toda la población y de una lucha contra el imperialismo.

El capitalismo y los gobiernos a su servicio utilizan la inmigración para tener a este sector de trabajadores en una situación de ultra explotación y, a la vez así, presionar los salarios y las condiciones laborales de todos los trabajadores a la baja. Esto no se puede obviar como hace el neorreformismo, llegando incluso a adoptar el discurso reaccionario de que los inmigrantes hacen los trabajos que los nativos no quieren o que estos empeoran las condiciones de los nativos.

Ambas posturas son reaccionarias y criminales contra la inmigración. Un programa que una a los trabajadores extranjeros y nativos es aquel que lucha por la repartición del trabajo y la riqueza, aquel que los une contra el verdadero enemigo, el culpable de su situación: los capitalistas y los gobiernos que se los apoyan.

La realidad es que existe riqueza para todos, pero lo ostenta un pequeño porcentaje de la población y es contra estos a quien se tiene que hacer frente y luchar. Acabar con esta situación solo se puede hacer atacando los beneficios de los capitalistas. Y eso se hace nacionalizando las grandes empresas bajo control de los trabajadores y poniendo el resto de empresas bajo dirección de los trabajadores mediante comités de empresa. Para lo cual hay que romper con el marco de la legalidad y de las instituciones vigentes. Una medida así se podría concretar, dada la productividad actual, en jornadas semanales de 30 horas y sueldos mínimos de 1.500 euros netos mensuales.

Ante todo esto, los sindicatos mayoritarios se comportan corporativamente defendiendo solamente a sus afiliados y sectores de trabajadores a los cuales representan, contribuyendo así a una mayor división entre la clase trabajadora. Esta es una política reaccionaria que no podemos permitir. Tenemos que exigir e imponer que los sindicatos defiendan del primero al último trabajador con la misma vehemencia sin importar el origen.

Tenemos que emprender una lucha implacable contra la burocracia sindical que abandona los sectores de la clase trabajadora más desamparados y precarios, alimentando por pasiva las políticas reaccionarias de la derecha. Una lucha que tome como propias por parte de la clase trabajadora nativa las demandas de los trabajadores inmigrantes. Llegando a realizar huelgas por demandas como la derogación de la ley de extranjería y por la apertura de fronteras. A la vez que se denuncia y se lucha contra el rol imperialista de la burguesía y el Estado español. Poniendo en primera línea el carácter internacionalista que tienen que tener las organizaciones de los trabajadores.

Recuperar los sindicatos como organizaciones de clase, democráticas y combativas. Que defiendan a toda la clase trabajadora y que acaben con las políticas pactistas con la patronal y el gobierno.

A la vez, es urgente poner en pie una organización anticapitalista que sea independiente de los partidos de la burguesía y de los reformistas. Que su objetivo no sea llegar a pactos sino ser un altavoz de las luchas de las opresiones y un organizador de estos sectores con un programa anticapitalista que no renuncie a nada. Por ejemplo, un regidor de Barcelona anticapitalista tendría que hacer valer su posición para poner el cuerpo ante la represión de la Guardia Urbana sobre los manteros.

Los manteros o los menores extranjeros no acompañados son el chivo expiatorio ante una situación insostenible para la mayoría de la población: salarios bajos y alquileres por las nubes. Batlle, el responsable de Seguridad de Barcelona dice que no puede ser que lo primero que vean los turistas sean a los manteros. Nosotros le decimos que lo que esta ciudad, con una heroica tradición de revueltas, no puede permitir es la represión racista y clasista del gobierno de Colau contra la población más desprotegida y oprimida por el capitalismo.






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