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¿Porqué muchos jóvenes nos colamos en el metro?

El periodista Òcar Broc ha publicado un polémico artículo en el que carga duramente el “incivismo de los universitarios” y llama a aplicar “mano dura” al fenomeno de colarse en el metro. Una muestra de ignorancia y clasismo sobre los problemas de la juventud

Marc Ferrer

Barcelona

Viernes 6 de noviembre de 2015

Hace pocos días salía un artículo en la revista ‘Time Out’, editada en Barcelona, en el que el crítico televisivo del canal 8TV, Òscar Broc, analizaba el fenómeno de colarse en el metro. Una práctica común entre muchos jóvenes y miembros de los sectores populares y que, con la crisis, se viene extendiento. El artículo lleva por nombre ‘Jo també em colaré al metro’.

En él el autor tacha esta práctica de muestra del “incivismo” de los universitarios y de los sectores más empobrecidos de la ciudad y llega a comparar las bocas de metro y las paradas de autobuses de TMB -Transports Metropolitans de Barcelona- con el “Far West”: un lugar donde no impera ley.

Broc “amenaza” también en colarse para no ser el “último tonto”. Haciendo un uso del sarcasmo de no mucho ingenio, hace un llamamiento a la mano dura contra aquellos “incívicos” que no paguen el transporte público.

Sin duda, parece que este periodista no es o no quiere ser consciente de la situación en la que se encuentra, tanto económica como socialmente, gran parte de la juventud. ¿O es que quizá Òscar Broc vive en una realidad alternativa y ajena de este país?

No es ninguna casualidad que los universitarios y la juventud sean los que más se cuelan en el metro. Quizá Broc no nocozca cual es la realidad que lleva a la extensión de esta práctica. Y es que, tal y como lo avalan diferentes informes en los últimos años, la juventud española es la más pobre y precaria de Europa.

Si comparamos el precio del billete en relación al sueldo, el metro de Barcelona es uno de los más caros de Europa. Muy por encima de otras grandes ciudades del viejo continente. Por ejemplo, trasladarse por la capital de Austria, Viena, cuesta un del 50% menos que viajar por la capital catalana. En otros términos, el ciudadano barcelonés con un salario medio de 21.500 euros, según el Eurostat, paga una T-Mes -tarjeta por la que se puede viajar todo un mes- al precio de 52.75 euros. Esto supone el doble de lo que paga un ciudadano de Viena con un salario medio de 38.622 euros.

El problema se agrava si la distancia aumenta, ya que los billetes dependiendo de la zona aumenta hasta un punto surrealista, siendo casi más rentable ir en coche al trabajo o a la universidad que en transporte público.

Ante este panorama Oscar Broc distingue entre las personas honradas -aquellas que pagan el metro como él- y las “incívicas” -que se cuelan en el metro- todo desde una mirada puramente clasista.

Pero el verdadero problema es que los jovenes “incívicos” de Oscar Broc están muy lejos de cobrar 21.500 euros. Su situación es cada día más difícil. Por una parte no pueden asumir muchas veces el pago de las tasas universitarias por su elevado coste y por la otra padecen una precariedad laboral sin precedentes, eso si es que tienen suerte de conseguir un trabajo.

Si entendemos que la movilidad es un derecho para todo el mundo, este derecho está muy lejos de garantizarse. Además hay que añadir que el transporte de Barcelona también tiene una las sanciones más caras por viajar sin billete: 50 euros si la pagas al instante, lo cual es la posibilidad menos probable, o 100 euros si lo pagas posteriormente. En ciudades como Berlín son 40 euros de multa por no llevar billete.

Ante esa realidad, han surgido diversas movilizaciones en protesta contra un medio de transporte público que está muy lejos de ser apto para todo el mundo. Movilizaciones como la de la plataforma de #StopPujadesTransport, o la aplicación de movil Memetro – que fue retirada de Google Play- en la cual los ususarios se avisaban de los controles de las diferentes estaciones de metro, han sido algunas de las iniciativas contra esta situación.

Actualmente con el nuevo gobierno de Ada Colau los precios casi no se han movido respecto al anterior gobierno conservador de CiU. La promesa electoral en cuanto al transporte público se ha quedado en una mera declaración de intenciones ante el proyecto del ‘Plan de Transporte de Viajeros de Catalunya’ que se va a adoptar desde el Departamento de Territori i Sostenibilitat de la Generalitat. Un contrato adjudicado por 70 millones de euros a un consorcio integrado por CaixaBank, Moventia, Indra y Fujitsu, los cuales implantarán el servicio de la T-Mobilitat. 

Aún no es público el precio que va a suponer para los viajeros, pero lo que si que está garantizado es que no va suponer ningún gran cambio para que la movilidad en el transporte público sea un derecho para todos.






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