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¿Qué se puede esperar de las elecciones gallegas?

Este domingo 12 de Julio se realizarán las elecciones gallegas en plena polémica por el confinamiento en A Mariña, con los sondeos anunciando a Feijóo como seguro ganador y un BNG reforzado disputando el puesto de segunda fuerza. De Unidas Podemos se espera un profundo retroceso electoral.

Domingo 12 de julio

La campaña electoral de las elecciones gallegas se ha caracterizado por su baja intensidad. A las circunstancias excepcionales de la pandemia, con su limitación de aforo y restricciones relativas a la distancia social, se le une el hecho de que los medios de comunicación locales, financiados descaradamente por el gobierno autonómico, han hecho campaña deliberada por Feijóo y el PPdG. Por activa, destacando su “buena” gestión de la pandemia, por pasiva silenciando los discursos y acciones y la oposición. En definitiva, un escenario en el que se espera una alta abstención, favorable a una reedición de la mayoría absoluta del PP en Galicia, con Feijóo como su representante más tecnócrata y “moderado”.

Esa “moderación” de la que hacen gala los medios en el PP de Galicia tiene expresión en ciertos gestos simbólicos en el pasado, como la condena formal del franquismo, o posicionarse a favor de que se le devuelva al pueblo el Pazo de Meirás, así como un distanciamiento de la extrema derecha y una mayor predisposición a llegar a acuerdos con el gobierno central, especialmente con el PSOE. Pero no nos engañemos, detrás de esa pátina se esconden los profundos recortes en Sanidad en Galicia, que van desde la enorme precariedad del personal sanitario, los profundos ajustes en los hospitales de áreas del interior y rurales, como en el caso de Verín, lo que durante los últimos años ha repercutido en que se produjeran muertes que fueron evitables.

Por otra parte, hay que recordar que de los “pocos” casos (619) de muertes por Covid-19, más de la mitad corresponden a residencias de ancianos, en su inmensa mayoría de gestión privada. En este aspecto el PP, que como en el resto del Estado ha promocionado la privatización de los servicios públicos, es cómplice de esta situación. Además, cabe recordar leyes autonómicas que han sido muy perniciosas para el pueblo gallego, como la Ley de Fomento de Iniciativas empresariales, aprobada en el 2017, que permite la recalificación de terrenos rurales beneficiando a grandes empresas, lo que ha llevado a la reapertura de minas contaminantes y la destrucción de entornos naturales vía expropiación de terrenos comunales y de particulares. Además, su política forestal nefasta permitió que en octubre de 2017 se produjeran los mayores incendios de la década, dejando 4 muertos. Esto último generó una presión social que forzó que se aumentara la contratación del personal de incendios de 3 a 6 meses, y se desmantelase parcialmente la subcontrata SEAGA.

En definitiva, sobran motivos para criticar la gestión del PP de Galicia y de Feijóo. Como, por ejemplo, aquella enigmática fotografía donde se le vio disfrutando en un yate con el famoso narcotraficante Marcial Dorado. Pero pareciera que la “oposición” en Galicia es casi tan anodina como el gobierno. El PSG-PSOE presenta un candidato, Gonzalo Caballero, bastante desconocido con el único tirón de presentar los “logros” del gobierno central y aprovecharse del descalabro del nuevo reformismo de IU, Podemos y Anova.

Unidas Podemos, con Antón Gómez-Reino como candidato, se presenta a estas elecciones después de la gran crisis de En Marea, el desgaste de estar en el gobierno central y el desencanto de gran parte de su base electoral, que ya le quitó el apoyo en las elecciones municipales de 2019, por no haber cumplido casi ninguna de sus principales promesas electorales.

Marea Galeguista, una escisión de En Marea del sector de Luis Villares -más moderado y tecnócrata-, presenta como candidato a Pancho Casal, en una alianza entre el Partido Galeguista, En Marea y Compromiso por Galicia. Con un discurso que parece dirigido a un pequeño grupo de intelectuales de los años 30, pretenden reeditar el antiguo espacio del “galleguismo”, donde se encuadraban sectores más de izquierda, de derechas, pequeño-burgueses, etc. Un “totum revolutum” donde los acuerdos se basan en la construcción de un “país próspero, progresista, sostenible, feminista, etc.”. Una serie de adjetivos muy propios de las experiencias neorreformistas del último período que no se concretan en un verdadero programa, porque precisamente si leemos su programa podemos observar que no hay ni un solo número, ni una sola cifra, ni una sola medida económica seria que pueda ayudar a resolver la situación de a clase trabajadora gallega. Un pueblo obrero que se enfrenta a la desindustrialización, la precariedad laboral, los despidos, la destrucción de su medio natural, el paro y la miseria. Pero poco tiene que decir esta nueva variante del reformismo “frentepopulista” gallego, que muy probablemente no conseguirá representación en el parlamento.

En este escenario, el principal beneficiario en la oposición es el BNG, al que casi todos los sondeos le dan el doble de votos y de escaños, y que le está disputando al PSG ser segunda fuerza. El auge del BNG se entiende por la bancarrota del neorreformismo de En Marea y aliados, así como porque mantiene una estructura obrera, la CIG, y muchos cientos de militantes organizados en todo el territorio que le permiten hacer una campaña más activa. En este sentido, una parte del electorado de izquierda, desencantado con las traiciones de la “nueva” izquierda de Podemos, Izquierda Unida y Anova, ve al BNG como una alternativa social (por su presencia en las luchas obreras y sociales en el territorio) y nacional (por su mayor capacidad e intención de presionar al gobierno central en materia de financiación, impuestos, etc.).

Sin embargo, aunque una estructura militante bastante clásica, su influencia en el principal sindicato y mantener un cierto discurso pro-obrero está beneficiando al BNG, esto no explica fundamentalmente su crecimiento. Mientras el BNG mantiene en cierto modo estas características, por arriba cada vez tiene un discurso más moderado y tributario del nacionalismo burgués. Ana Pontón, la primera candidata mujer a la Xunta de Galicia, centra sus discursos en lo nacional, los sentimientos de pertenencia a la identidad gallega y defiende un desarrollo económico beneficioso a las empresas gallegas. Es un discurso que parece hacer guiños por momentos a una burguesía gallega inexistente, pero que convence a un sector importante de las clases medias, los pequeños propietarios y la pequeña burguesía.

En definitiva, el discurso del BNG viene a decir que es necesario un gobierno nacionalista para presionar al gobierno central para que otorgue mayor financiación, baje los impuestos a las empresas que realicen su actividad en Galicia, y un conceda un mayor autogobierno que permita realizar leyes favorables a los trabajadores, pero también al pequeño comercio y el empresariado gallego. Así estamos asistiendo a una moderación del discurso histórico del BNG que centra sus intervenciones en esta idea, mientras participa tímidamente de las acciones de los trabajadores de Alcoa, y ha hecho muy poco o nada por extender la solidaridad con esta lucha entre otros sectores de trabajadores y en otras ciudades gallegas.

Paradójicamente, la opción con representación parlamentaria que se muestra como más de “izquierda” en el panorama político gallego, está realizando un giro a la derecha y supone un factor de mayor estabilidad en el sistema político. Tenemos que recordar que el BNG gobernó con el PSOE en el bipartito del 2005- 2009, y que en ese período se reportaron casos de corrupción, así como se realizaron privatizaciones como en el caso de los servicios se extinción de incendios forestales, con la empresa SEAGA. El BNG ha gobernado en Pontevedra durante más de 20 años, así como en otras villas importantes y está plenamente integrado en el Régimen del 78.

Este 12 de Julio no hay en Galicia una verdadera opción política verdaderamente favorable a los intereses de la clase trabajadora, las mujeres y la juventud precarizada y oprimida. Una opción política así haría todo lo posible por unificar las luchas obreras y sociales existentes para poder llevarlas a la victoria, impulsando un programa que sea capaz de resolver íntegra y efectivamente las necesidades sociales, como sería la expropiación bajo control obrero de toda fábrica que cierre o despida -empezando por Alcoa-, el reparto de las horas de trabajo sin reducción salarial, la nacionalización de las empresas de transporte, la gestión pública de todos los servicios públicos y una política de reordenación del territorio centrada en medidas de defensa del medio natural contra la depredación capitalista, entre otras-, junto con el cual la reivindicación democrática de autodeterminación del pueblo gallego esté ligada a una perspectiva anticapitalista y de independencia de clase.

A construir esa alternativa política revolucionaria de la clase trabajadora, las mujeres y la juventud están dedicados todos los esfuerzos de la CRT y quienes hacemos Izquierda Diario.






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