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Represión en China contra activistas sindicales ante el aumento de huelgas

Un diciembre (pleno invierno en el país asiático) caliente vive el movimiento obrero chino. En ese mes se registró el mayor número de huelgas del año y una ofensiva del gobierno contra las organizaciones que agrupan a activistas solidarios con los derechos de los trabajadores, deteniendo a más de 20 personas en la provincia de Guangdong.

Diego Sacchi

@sac_diego

Jueves 14 de enero de 2016

La economía China está lejos de mostrar signos de mejora y la caída de las bolsas son un verdadero dolor de cabeza para las autoridades del país. Si esto no fuera suficiente, el enfriamiento de la economía, el cierre de empresas y despidos, sumado a las devaluaciones del Yuan, han desatado un aumento considerable de huelgas y protestas obreras en los últimos meses de 2015, como muestra el mapa elaborado por el sitio China Labour Bolletin. Según el mismo sitio, el año 2015 registró 2.774 protestas, el doble de las 1.379 de 2014.

Buena parte de las protestas obreras tienen como principal objetivo lograr que las empresas respeten los derechos laborales y los acuerdos salariales. En la mayoría de los casos la ausencia de acción sindical por parte de la Federación Nacional de Sindicatos de China y el control indebido de los empleadores sobre los sindicatos a nivel de empresa, llevan a la acción independiente de los trabajadores y ha sido el motor del surgimiento de activistas sindicales y del creciente reclamo de mayor democracia en los sindicatos por empresa y regionales. Es ante este panorama que el gobierno chino decidió redoblar las medidas represivas contra activistas y organizaciones obreras independientes.

El 3 de diciembre, las autoridades chinas iniciaron una amplia ofensiva contra los activistas sindicales en el centro industrial de Guangzhou (una de las ciudades más grandes de China, en el sudeste del país). Unos 20 activistas de 4 organizaciones no oficiales fueron detenidos bajo el cargo de “alterar el orden público” e incluso “malversación de fondos”. El ataque incluyó el allanamiento de varias oficinas de estas organizaciones y el secuestro de documentos. Varios de los activistas continúan detenidos sin derecho a representación legal para defenderse como denuncian los organizadores de la campaña internacional en su apoyo.

El gobierno ha ido aumentando la acción represiva de la policía a medida que los trabajadores comenzaron a bloquear las puertas de las fábricas y las calles. Las medidas represivas contra activistas y organizaciones obreras no oficiales no son nuevas. La detención de los activistas que dirigían las huelgas, hasta lograr que termine la protesta es moneda corriente. Y si nada de esto funciona, es la propia burocracia sindical la que contrata a las bandas mafiosas de la zona para amedrentar a los trabajadores.

Con la ofensiva contra los activistas y organizaciones solidarias de diciembre, el gobierno chino ha dado un paso más en extender su ataque contra las protestas invocando la “ley y el orden”, la defensa del “orden social” y la “seguridad nacional”. Un discurso que las autoridades chinas ya habían utilizado contra las manifestaciones en Hong Kong o para justificar la detención de cinco activistas feministas en marzo del 2015.
Los medios de comunicación oficiales han lanzado una campaña contra los activistas detenidos pero, entrevistados por el China Labour Bulletin, dirigentes sindicales y obreros de las fábricas donde actuaban los activistas detenidos, mostraron su apoyo e incluso advirtieron que “Los trabajadores se pueden tragar en silencio los insultos y la humillación o van a hacer las cosas mucho más extremas, como el bloqueo de carreteras con el fin de recuperar su dinero, ya que no habrá nadie para decirles lo que deben y no deben hacer y cómo luchar por su derechos legalmente”.

Las medidas represivas del gobierno chino y de las autoridades del Partido Comunista no han logrado evitar el crecimiento de las huelgas obreras. En un proceso que se desarrolla hace algunos años, millones de trabajadores que llegaron del campo a las ciudades han comenzado a luchar por sus derechos. En su libro “Insurgency Trap” (del que hemos realizado una reseña en la revista Ideas de Izquierda) Eli Friedman explica cómo la complicidad de los dirigentes sindicales, del Partido Comunista y del gobierno con los empresarios en la violación de los derechos laborales, actúa como un incentivo constante en la irrupción de huelgas. Esta experiencia ha llevado al surgimiento de organizaciones de base que defiendan los derechos de los trabajadores en fábricas e incluso coordinando entre establecimientos en varias ciudades.

Está por verse si la nueva ofensiva gubernamental que busca evitar la extensión de estas experiencias del nuevo movimiento obrero chino conseguirá sus objetivos o si, al calor de la nueva situación económica del país, los trabajadores avanzan en una perspectiva independiente.






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