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Reseña de Guerra y emancipación. Lincoln & Marx

El libro Guerra y Emancipación. Lincoln & Marx, fue editado en el año 2013 en el Estado Español. Compila diez textos de Lincoln y diez de Marx, y la correspondencia entre ellos, sobre la Guerra de Secesión norteamericana. Al cumplirse el 155 aniversario del comienzo de la Guerra de Secesión, presentamos una reseña del mismo.

Paula Schaller

Licenciada en Historia

Martes 12 de abril de 2016

Lincoln y Marx, una convergencia controvertida

En su ya clásica obra La otra Historia de los Estados Unidos, Howard Zinn sentenció que "No hay país en la historia mundial en el que el racismo haya tenido un papel tan importante y durante tanto tiempo como en los Estados Unidos". Esta cuestión, de hecho, atraviesa casi genéticamente el conjunto de la historia norteamericana y en particular uno de sus más sangrientos y heroicos capítulos, el de la Guerra de Secesión transcurrida entre los años 1861-1865 en que los Estados de la Unión (el Norte), con un modelo de desarrollo industrial basado en el trabajo asalariado libre, se enfrentaron con los secesionados Estados confederados (el Sur), con su modelo de desarrollo agrario basado en la extensión de las plantaciones y el trabajo esclavo. Una guerra que para su época había sido la más espectacular. "Desde cualquier ángulo que se la mire la Guerra Civil americana ofrece un espectáculo sin parangón en los anales de la historia militar. La inmensa extensión del territorio en disputa; la amplitud de las líneas de operación y del frente, la potencia numérica de los ejércitos rivales, la creación de los cuales no ha podido verse, prácticamente, verse apoyada en ninguna base organizativa anterior; el coste fabuloso de estos ejércitos; sus modalidades de mando y los principios generales de táctica y estrategia que rigen esta guerra: todo es nuevo para el observador europeo", sentenció Marx (1).

Esta es la materia a la que se aboca el libro Guerra y Emancipación. Lincoln & Marx, que, a partir de un prólogo del intelectual español Andrés de Francisco y una introducción a cargo del reconocido historiador marxista británico Robin Blackburn, compila diez textos de Lincoln, diez textos de Marx y el intercambio epistolar entre ambos (este último en calidad de representante de la Asociación Internacional de Trabajadores-AIT) en torno a la Guerra de Secesión. Se sabe que la carta de apoyo a Lincoln y la causa de La Unión fue una de las primeras acciones políticas públicas de la AIT. ¿Pero por qué una asociación de trabajadores apoyaba a uno de los bandos implicados en una guerra entre fracciones burguesas? Incluso Marx y Engels fueron precursores en este apoyo aun cuando el grueso del radicalismo europeo todavía se inclinaba al apoyo a los confederados del Sur en aras del principio de "libre autodeterminación de los pueblos". Esa cuestión analizan de Francisco y Blackburn.

Dos lecturas sobre Marx

Explicar los fundamentos (y alcances) de la convergencia entre dos políticos de naturaleza tan dispar como Marx y Lincoln alrededor de un proceso tan trascendental para el devenir de la historia contemporánea es el hilo analítico que atraviesa tanto el prólogo como la introducción del libro, tarea que deja traslucir con transparencia las tradiciones intelectuales de cada uno de sus autores. Así, Andrés de Francisco, ubicado en el campo del marxismo analítico y en la tradición de lo que en España se perfila como un republicanismo de izquierda, vindicará un Marx que comparte con Lincoln una suerte de "humanismo cosmopolita" emanado de las convicciones republicano-democráticas de ambos, cuya piedra basal serían los Derechos del Hombre paridos por la Ilustración. Si bien aclara que la idea de emancipación de Marx (noción que habría estado ausente en su lenguaje político y habría sido introducida a partir de la Guerra de Secesión) trasciende la de Lincoln al extenderse hacia la emancipación del trabajo asalariado, nos rescata un Marx de ética casi liberal que ve en la guerra norteamericana una cruzada de orden moral por la defensa de principios universales.

Por su parte, Robin Blackburn hace una lectura que recupera una dimensión más socio-estructural del análisis de Marx . Así, partiendo de la crítica que éste último hacía frente las explicaciones economicistas vulgares de quienes buscaban los motivos de la guerra en rencillas puramente comerciales, de aranceles, de proteccionismo vs. librecambismo, Blackburn plantea que los argumentos de Marx se centraban en las propiedades estructurales de los dos bandos enfrentados en tanto que representaban dos sistemas económicos con sus consiguientes intereses, relaciones sociales y formas de vida contradictorios: "la lucha ha estallado porque los dos sistemas no pueden coexistir en paz por más tiempo sobre el continente americano. Esa lucha solo puede terminar con la victoria de uno o del otro (2).

Así, para Marx si bien el Norte se estaba expandiendo a mayor velocidad que el Sur, este último estaba acuciantemente urgido de expandirse territorialmente por tres motivos: una agricultura extensiva por la cual los colonos estaban permanentemente en busca de nuevas tierras; la necesidad de los Estados esclavistas de acuñar nuevos Estados para mantener su poder de veto en el Senado; la existencia de una base de jóvenes blancos deseosos de hacer fortuna y prestos al aventurerismo a los que debían dar una salida externa para evitar disturbios internos. El sistema social esclavista planteaba necesidades que tendían a chocar con los intereses del norte, por lo que la esclavitud es analizada por Marx como la cuestión clave de la guerra. Esto lo llevó a apoyar a la Unión y a Lincoln aún cuando éste, sobre todo en los inicios de la guerra, se negaba a convertirla en el eje central y lejos de plantear un programa abolicionista radical apoyaba la emancipación gradual, con compensación a sus propietarios, y promovía la "colonización" de los afroamericanos, es decir su envío a África cuando eran nacidos en Norteamérica.

Marx, Lincoln y Clausewitz

En un aporte interesante, Blackburn señala como un subproducto del surgimiento del nacionalismo moderno la nueva concepción del arte de la guerra formulada por el militar prusiano Carl von Clausewitz, quien planteó el apotegma de la guerra como continuación de la política por otros medios, resaltó la importancia de los "factores morales" en aquella e insistió en la prioridad de doblegar el grueso del ejército enemigo en vez de capturar territorio o las ciudades capitales. Si bien, nos dice Blackburn, la noción clausewitziana (post-napoleónica) de la guerra fue ignorada en un principio por los estrategas militares unionistas, la dinámica de esta fue haciendo girar a su dirección "Lincoln había hecho todo lo que estaba a en su mano por promover la alianza más amplia posible en defensa de la Unión, acomodando a los moderados y haciendo concesiones a los propietarios de esclavos en los Estados fronterizos. Pero para el verano de 1862, la falta de progreso, las numerosas bajas y la cautelosa y defensiva dirección de la guerra inspiraban crecientes críticas y una mayor disposición a escuchar a los abolicionistas y a los republicanos radicales, que abogaban por una estrategia más audaz tanto militar como políticamente (3).
Howard Zinn señaló que al reposar la existencia de la esclavitud sobre raíces económicas profundas -en 1790, el Sur producía mil toneladas anuales de algodón, cifra que para 1860 había subido ya a un millón de toneladas, mientras que en el mismo período se pasó de 500.000 esclavos a 4 millones-, "para acabar con un sistema tan profundamente atrincherado se necesitaba una rebelión de esclavos de proporciones gigantescas o una guerra en toda la regla" (4) . Esta última fue la salida norteamericana.
Sobrevino así lo que fue el punto de inflexión de la política del bando unionista, y por extensión de su estrategia para la guerra: la Proclama Provisional de Emancipación de Lincoln de 1862, que entró en vigencia al año siguiente y por la cual estaban en condiciones de ser liberados unos 3,1 millones de esclavos, contra el moderantismo de los Estados aliados fronterizos y del ala más conservadora de los republicanos que, abogando por una vía pactista con los confederados, se negaban a apoyar la perspectiva abolicionista. Este punto de inflexión estuvo precedido por dos medidas previas fundamentales para el curso de la guerra: la aprobación por parte del congreso de la Segunda Ley de Confiscación, que permitía liberar a los esclavos propiedad de los rebeldes confederados, y la sanción de la nueva Ley de Milicia que eliminaba la estipulación, vigente desde 1792, según la cual solo podían alistarse los hombres blancos. Ambas medidas legalizaban una práctica que en los hechos se venía extendiendo: la llegada a los campos de batalla de miles de fugitivos que huían de las plantaciones sureñas, que constituían los llamados "contrabandos". Irrumpió así de lleno en la guerra la "cuestión esclava", verdadero factor moral de la misma: 180 mil negros fueron alistados en los ejércitos de la Unión y unos 20 mil en su Marina. Adicionalmente, esta huida de esclavos dañó la maquinaria bélica de los Confederados, a quienes les resultaba cada vez más dificultoso sostener la producción para la guerra. Blackburn señala que este fue el momento en que el radicalismo europeo se unificó alrededor del apoyo a los unionistas, tendencia en la que se basaron Marx y Engels para el desarrollo de la AIT.

Internacionalismo y nacionalismo

En su conocido opúsculo sobre la Primera y la Segunda Internacionales, George Novack plantea que aunque revolución burguesa, la etapa histórica ascendente en que la burguesía peleaba contra el antiguo orden acaudillando a las masas populares, contuvo un componente internacionalista como las ideas de la fraternidad entre los pueblos y la paz entre las naciones expresada por sus alas de izquierda, su norma dominante fue el nacionalismo. La nación, contra todo particularismo y fragmentación feudal, fue la idea y el programa burgués en la medida en que se correspondía con las necesidades de expansión productiva del capitalismo. Aunque Blackburn considera errónea la caracterización de Marx de que los Confederados carecían de una idea de nación, si coincide en el hecho de que el programa de unidad nacional y la noción misma de nación encarnada en la Unión fue un elemento central en la guerra, parte constitutiva de su factor moral. Este nacionalismo fue a su vez azuzado por un componente que Blackburn considera comúnmente desestimado en los análisis de la guerra, los germano-americanos: sólo para 1853 llegaron a los EEUU más de un cuarto de millón de emigrados alemanes, que huían de la reacción que cundió en la Confederación Germánica tras la derrota de 1848, y que contribuyeron a la difusión del republicanismo y el antiesclavismo, alistándose masivamente en los ejércitos unionistas bajo estas banderas y dando muestra de los más heroicos combates. Se colaba así toda la resolución y radicalidad de las alas izquierda que expresaban la tendencia internacionalista al interior del nacionalismo progresivo de la burguesía en su lucha contra la reacción esclavista.

El apoyo de la AIT a la causa unionista fue expresión orgánica de esta tendencia. Así, en la carta que Marx escribió en representación de ésta en el año 1864 planteaba"los obreros de Europa están convencidos de que si la guerra de Independencia norteamericana ha inaugurado la nueva época de expansión de expansión de las clases medias, la guerra antiesclavista americana ha inaugurado la nueva época del ascenso de las clases trabajadoras (5).

Terminada la Guerra de Secesión, Marx dirige una carta a Engels planteando "Acabada la Guerra Civil, es ahora cuando los Estados Unidos están entrando en una fase verdaderamente revolucionaria" (6). Blackburn señala el acierto de esta lógica al describir la radicalización del proletariado norteamericano que sobrevino con posterioridad a la guerra de secesión, que incluso llevó a la multiplicación de secciones de la AIT. "Mientras que la bandera del trabajo libre expresaba la hegemonía burguesa en un momento dado, forjó el medio de movilizarse contra ella en otro" (7), dice Blackburn.

La táctica para la revolución en Marx

Pero de esto último dicho, no se extraen las conclusiones necesarias. En el libro está sugestivamente ausente una dimensión que hace verdadera justicia, en toda su profundidad, a la posición de Marx frente a la guerra norteamericana: la dinámica de la revolución burguesa y su entrelazamiento con la revolución proletaria. Dice Novack: "la urgente necesidad de lograr la unidad nacional y la independencia fue la fuerza conductora detrás de las ideas nacionalistas, las consignas y el programa de los movimientos revolucionarios democrático-burgueses. Mientras estas tareas básicas del desarrollo histórico permanecieran inconclusas, los movimientos nacionalistas de los países avanzados de Occidente mantenían un carácter progresivo y merecían el apoyo de los revolucionarios" (8). En el caso norteamericano, la Guerra de Secesión permitió la consolidación de las tareas necesarias para el afianzamiento del desarrollo burgués: la unidad nacional sobre la base de un modelo de desarrollo sustentado en el trabajo libre, base sin la cual resultaba imposible el fortalecimiento tanto estructural como político del proletariado norteamericano. Es en este sentido que la bandera de la emancipación de la esclavitud es bandera del proletariado que lucha por su propia emancipación, que es por definición la de la humanidad misma. Pero este supuesto no era lineal ni mecánico, precisamente porque la experiencia histórica había transcurrido mostrando las contradicciones de la revolución burguesa europea y la cobardía de una burguesía continental que renunciaba a su juventud revolucionaria y se había vuelto pactista con las fuerzas del antiguo orden. En este sentido Alain Brossat señaló que la época en que Marx y Engels desarrollaron su actividad tenía un carácter transitorio, donde la burguesía no podía llevar a término su revolución a la vez que la clase obrera no podía aún relevarla del proscenio histórico, destacando el carácter anticipatorio del pensamiento de Marx y Engels en el sentido de que despliegan un programa y una táctica para la revolución proletaria a partir del callejón sin salida de la revolución burguesa. Pero su época no generalizaba aún las premisas para la revolución proletaria, precisamente porque el capitalismo estaba en expansión y en consolidación. Será necesario un pensamiento profundamente dialéctico y no mecanicista para dotar al proletariado de una táctica ajustada a cada experiencia concreta, con el norte estratégico de su consolidación como clase sepulturera de la dominación del capital. Sólo desde este ángulo emerge la enorme agudeza política de las elaboraciones de Marx sobre la Guerra Civil norteamericana.

Referencias:

1. Karl Marx y Friedrich Engels, "La Guerra Civil americana", en Andres de Francisco (comp) Guerra y Emancipación. Lincoln & Marx, Capitán Swing, Madrid, pg. 169.

2. Karl Marx, Friedrich Engels, "La guerra civil en los Estados Unidos", en Andres de Francisco (comp) Guerra y Emancipación. Lincoln & Marx, pg. 22.

3. Andrés de Francisco (comp.), Guerra y Emancipación, Lincoln & Marx, pg. 37.

4. Howard Zinn, La otra Historia de Estados Unidos, Edit. Otras Voces, 2005, pp- 160-161.

5. Karl Marx, "A Abraham Lincoln, presidente de los Estados Unidos de América", en Andrés de Francisco (comp.), Guerra y Emancipación, Lincoln & Marx, pg. 44.

6. Karl Marx, Friedrich Engels, "La Guerra Civil en los Estados Unidos", en Andrés de Francisco (comp.), Guerra y Emancipación, Lincoln & Marx, pg. 46.

7. Andrés de Francisco (comp.), Guerra y Emancipación, Lincoln & Marx, pg. 49.

8. George Novack, Dave Frankel, Fred Felman, Las tres primeras internacionales. Su historia y sus lecciones, pg. 20.






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