SÁHARA OCCIDENTAL

A 40 años de la Marcha Verde

Esta semana se cumplen 40 años del fin de la presencia española en el Sáhara Occidental. Sin embargo, la lucha del pueblo saharaui por su independencia empezó mucho años antes. Ayer contra la ocupación española y hoy contra el dominio marroquí.

Jorge Calderón

Historiador y Profesor de Secundaria, Zaragoza

Jueves 12 de noviembre de 2015 | 19:11

Foto: EFE / Javier Otazu

La lucha contra la ocupación española del Sáhara Occidental

El Sáhara Occidental pasó a forma parte de los dominios coloniales españoles tras la Conferencia de Berlin de 1884. Desde el principio, el gobierno español, como el resto de las potencias colonias europeas en África, expolió el territorio como una mera fuente de materias primas y recursos económicos. La presencia constante de un fuerte contingente militar y la instalación de numerosas factorías, dan muestra de las intenciones españoles. El pueblo saharaui pasó a ser una simple mercancía más, como el oro o los fosfatos.

Ya desde el inicio de la ocupación española el pueblo saharaui intento hacer frente a la misma. Al principio fue muy débil pero, en 1968 siguiendo la ola de descolonización en el resto del continente, la resistencia se hizo cada vez más fuerte. Crearon la Organización Avanzada para la Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro, bajo el liderazgo de Sidi Brahim Basiri. La represión de una movilización nacionalista en El Aaiún, el 17 de junio de 1970 concluyó con algunos muertos, decenas de heridos y cientos de detenidos.

Basiri fue arrestado y nunca se volvió a saber de él. La hipótesis más extendida es que una patrulla del Ejército español lo sacó de la cárcel para asesinarlo. Poco después, el 10 de mayo de 1973, se crea el Frente Polisario (Frente Popular para la Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro), que comenzó la lucha armada contra la metrópoli. Su primera acción tuvo lugar el 20 de mayo de ese año con 17 combatientes que tan solo contaban con 5 armas. Los choques armados se sucederían durante los siguientes meses.

Frente a todos estos acontecimientos, en 1974, España prometió a los saharauis un referéndum de autodeterminación. Como potencia colonial ocupante y asustada por las consecuencias que la guerra de Angola habían tenido para la dictadura portuguesa, y aunque que no tuviera ninguna intención de desprenderse de una colonia tan valiosa, la dictadura franquista buscaba alguna salida para sofocar el movimiento independentista.

Hay que recordar que el territorio saharaui era una colonia muy rentable: los yacimientos más importantes del mundo de fosfatos, bancos de pesca, minas de uranio, cobre y oro, además de petróleo, pues ya había prospecciones con indicios positivos.

Sin embargo las falsas promesas del Franquismo senil se quedaron en nada. Aprovechando la crisis del régimen dictatorial la monarquía marroquí decidió intentar hacerse con el control del territorio. El imperialismo español no tuvo ningún prurito en permitirlo, no obstante llevaban casi un siglo sometiendo a los saharauis a un férreo e inhumano régimen colonial.

La Marcha Verde de la Monarquía marroquí.

El 6 de noviembre de 1975, 350.000 civiles enarbolando banderas marroquíes y acarreando retratos de su rey, Hassan II, cruzaron la última frontera de la todavía colonia española. Era la llamada Marcha Verde. Al otro lado, detrás de los campos de minas sembrados semanas atrás, había unos 25. 00 soldados españoles.

Esta marcha, lejos de los relatos oficiales, estuvo caracterizada por una gran violencia. Miles de personas azuzadas por la monarquía avanzaron cientos de kilómetros hasta la frontera atacando tanto a saharauis como a marroquies que se oponían a la marcha, o simplemente no se sumaban. Numerosas mujeres fueron violadas y muchas viviendas asaltadas y saqueadas.

Esta fue una hábil maniobra del rey marroquí que aprovechó el gran momento de debilidad que tenia la agonizante dictadura franquista. El dictador estaba muriéndose en el hospital -moriría solo 14 días después- y los jerarcas franquistas, incluido su sucesor el Rey Juan Carlos I de Borbón, estaban más preocupados en salvar su futuro político.

El imperialismo español acuerda la entrega del Sáhara Occidental a Hassan II.
El 14 de noviembre de 1975 se firmaron los Acuerdos Tripartitos de Madrid, por los que el Estado español cedió la administración del territorio a Marruecos y Mauritania. Los saharauis denunciaron el acuerdo ya que rompía las promesas de referéndum, violaba una resolución del Tribunal Penal Internacional y los entrega a dos nuevos poderes coloniales.

Pocas semanas después, las tropas españolas comenzaron a retirarse. Marruecos y Mauritania lanzaron sus ejércitos a la conquista del Sáhara Occidental frente a la oposición de sus habitantes. Las fuerzas aéreas marroquíes bombardearon pueblos saharauis, utilizando en algunas ocasiones napalm y fósforo blanco. Esto provoco la huida de decenas de miles de saharauis hacia Argelia, donde se construyeron campos de refugiados en mitad del desierto, que hoy, 40 años después, siguen allí.

Tras esta ofensiva, el Frente Polisario desplegó una guerra de guerrillas contra el potente ejército marroquí que recibió siempre el apoyo de Francia y Estados Unidos. Mauritania aceptó su derrota ante el Polisario en 1979 y reconoció la soberanía del pueblo saharaui sobre el Sahara Occidental bajo su dominio. Los combates entre Marruecos y el Frente Polisario se extendieron durante 16 años.

El alto el Fuego y el plan de paz de la ONU

Marruecos y el Frente Polisario firmaron en 1991 el alto el fuego bajo el auspicio de la ONU. Al final de la guerra, Marruecos controlaba un 80% del territorio del Sáhara Occidental. Esto incluye la casi totalidad de las zonas pobladas, los depósitos de fosfatos y los ricos caladeros pesqueros. El 20% restante controlado por el Frente Polisario, es un terreno inhóspito del desierto interior. Además, Marruecos construyó una barrera de más de 2.200 kilómetros que separa ambos territorios. A lo largo de esa barrera se encuentra uno de los campo de minas más grandes del mundo.

El plan de paz firmado por ambas partes estipulaba la creación de un censo para celebrar un referéndum en el que los saharauis podrían elegir entre la integración en Marruecos o la independencia. Se proponía la realización del censo en unas pocas semanas, pero debido a las continuas trabas impuestas por Marruecos, el censo tardó más de 8 años en completarse. Y cuando la ONU lo publicó en el año 2000, Marruecos se negó a aceptarlo. Hoy 24 años después, el referéndum todavía no se ha celebrado.

La posición de la ONU no ha dejado de ser un apoyo testimonial a las reivindicaciones del pueblo saharaui. Las principales potencias imperialistas que dirigen este organismo, empezando por Francia y Estados Unidos, apoyan a la Monarquía marroquí y su ocupación colonial del Sáhara.

40 años de sangrienta represión y ocupación Marroquí

Desde 1975, la monarquía marroquí ha considerado el Sáhara Occidental y a su población, como una “presa” demasiado valiosa para dejarla escapar, al igual que hizo antes el imperialismo español. Para ello no ha dejado de emplear la “mano dura” contra cualquier intento de lucha o denuncia de esta ocupación.

Tras la construcción del muro, que mantiene separadas a muchas familias, y el minado de gran parte del terreno, Marruecos está llevando una política clara de “marroquización” del territorio, incentivando a muchos de sus ciudadanos a mudarse al Sáhara Occidental. Con esto quiere asegurarse sus opciones de éxito en una posible referéndum. De ahí que no aceptase ningún censo y retrase su celebración, hasta asegurarse que no hay ninguna posibilidad de que lo pierda.

La represión es constante contra el pueblo saharaui. Un claro ejemplo fue el brutal desmantelamiento del campamento de protesta de El Auin (capital saharaui), llevado a cabo por el ejército marroquí en 2010. De madrugada, con lanzallamas, gases lacrimógenos, y con una gran violencia fue arrasado este campamento, dejando decenas de muertos y cientos de heridos. Las torturas, la represión, el control y la humillación al pueblo saharaui es una constante por parte de las fuerzas represivas marroquies.

Pero sin duda el mayor ejemplo de la desgracia del pueblo saharaui, son los más de 120.00 saharauis que viven en los campos de refugiados construidos en Tinduf, en el desierto de Argelia. Los refugiados dependen de la ayuda humanitaria internacional que se ha desplomado durante la crisis económica. El Programa Mundial de Alimentos estima que dos tercios de las mujeres sufren anemia.

Estos miles de personas, muchos de ellos niños, viven en unas pésimas condiciones de vida. En pleno desierto, sufriendo las duras condiciones climáticas, sin agua corriente, sin vivienda digna, con una sanidad casi inexistente y una educación precaria.

Por la independencia del Pueblo Saharaui.

Esta vergüenza ya ha durado demasiado. Los saharauis llevan mas de 130 sufriendo una ocupación injusta, una represión feroz y un destierro aterrador. Primero, como colonia española, sufrieron la presencia y el expolio del Estado español, para después, tras su retirada sufrir las mimas horribles condiciones de vida a manos de la monarquía marroquí.

Ningún país del mundo reconoce el Sáhara Occidental como parte de Marruecos. Pero los intereses de sus aliados (los gobiernos de Francia y EEUU, y las grandes empresas españolas) hacen que Marruecos no sienta ninguna urgencia por encontrar una solución.

El Estado español tras expoliar y masacrar al pueblo saharui durante 80 años como colonia, se limita a hacer meras declaraciones formales de apoyo al pueblo saharui, vacías de contenido político real. Prefiere garantizar hoy los intereses de la burguesía española tanto en ese territorio como en el mismo Marruecos.

De hecho solo basta recordar como el antiguo Rey Juan Carlos, el heredero de Franco, y el actual Felipe VI, consideran al rey marroquí actual Mohamed VI y al anterior Hassan II, como sus “hermanos”. Todo a pesar de ser una de las ultimas “monarquías absolutas” del planeta y de ejercer sobre su propio pueblo una feroz represión y una férrea dictadura. De hecho han sido frecuentes las muestras de cariño y afecto mutuo, y los numerosos viajes oficiales y privados hechos por la monarquía española, para hacer negocios, a Marruecos.

Para que acabe esta gran tragedia, nada se puede esperar de los distintos gobiernos árabes y de los países imperialistas. El único camino sigue siendo la lucha del pueblo saharaui contra el ocupante, y la solidaridad internacionalista del resto de los trabajadores y pueblos de África y Europa, empezando por el proletariado marroquí que también sufre la dictadura de Mohamed VI y los trabajadores del Estado español y el resto de potencias que son cómplices de la ocupación.






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