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Total, un pilar histórico del imperialismo francés

La huelga actual en la refinería Total de Grandpuits es una oportunidad para recordar los orígenes y el carácter imperialista de la primera asignación de la CAC40. Un ejemplo que nos recuerda que los mecanismos del capitalismo, a través de la interminable competencia entre sus actores, los empuja sin cesar a explotar los recursos humanos y naturales del planeta.

Lunes 25 de enero | 07:30

La geopolítica del petróleo francesa nace con la Primera Guerra Mundial, en la que la mecanización de los ejércitos, hace que el petróleo sea un tema importante. Francia dependía entonces de los estadounidenses y británicos para sus importaciones de combustible. Para romper la dependencia de los trusts anglosajones, el Estado francés decidió en 1924 crear la Compagnie Française des Pétroles -CFP- combinando enormes cantidades de capital estatal y privado. Esta nueva empresa se dedicará a la monopolización y explotación de los recursos de gas y petróleo en el mundo, por cuenta del Estado y de los bancos franceses. Cuatro años después de su creación, la CFP hizo su primer descubrimiento de petróleo en Irak con el campo de Kirkuk.

Total, una máquina de guerra para la explotación de los recursos de los países dominados

Es en Argelia donde la CFP va a convertir a Francia en una potencia petrolera. En 1956 se descubrieron en el Sáhara enormes yacimientos de petróleo estimados en 7.000 millones de barriles. Permitirán a Francia pasar de ser un país importador de petróleo a ser un exportador. La larga duración de la guerra de Argelia (1954-1962) se explica en parte por la voluntad de la burguesía francesa de salvaguardar sus intereses petroleros en el Sahara. Pero incluso después de la independencia, la CFP-Argelia mantuvo estas concesiones de explotación gracias a los Acuerdos de Evian, en los que las empresas francesas obtuvieron un derecho de propiedad del suelo y del subsuelo en cuanto tuvieron una concesión. En resumen, la riqueza petrolera argelina sigue en gran medida en manos francesas, situación que se mantiene hasta hoy.

CFP, que más tarde se convirtió en Total, estuvo menos implicada en el resto del continente africano durante el siglo XX; pero la empresa heredó los métodos de Françafrique ampliamente utilizados por Elf, el otro gigante petrolero francés, antes de que fuera adquirido por Total. Elf Aquitaine se creó en 1966 tras el descubrimiento de petróleo en Gabón y luego gangrenó los antiguos territorios franceses durante varias décadas a través de financiar a dictadores como en Camerún, de mascaradas electorales como en Gabón o de sangrientos golpes de Estado y guerras civiles como en Congo-Brazzaville en 1997. La república ha hecho un amplio uso de la diplomacia paralela, en estrecha colaboración con el ejército, para satisfacer los intereses de Elf en el continente.

Tras una serie de escándalos, Elf acabó en los tribunales sin que se produjeran condenas reales tras las investigaciones. En el año 2000, la empresa fue comprada por Total, que heredó el sistema de corrupción y la red.

Desde entonces, Total no ha dudado en utilizar su nueva red y su condición de monopolio petrolero francés para practicar la injerencia en todo el mundo. Por hablar sólo de los casos más conocidos, el asunto "Petróleo por Alimentos", iniciado en 2002, demostrará hechos de "complicidad en el abuso de los activos de las empresas y complicidad en la corrupción de funcionarios públicos extranjeros". El objetivo era obtener nuevos y jugosos contratos en Irak. Total se vio implicado en hechos similares en 2006, por casos de corrupción con las autoridades iraníes y camerunesas.

Así pues, los vínculos entre Total (y sus predecesores) y el Estado siempre han sido directos y estrechos: en su artículo "Total, un gouvernement bis", Alain Deneault describe la excepcional "simbiosis entre la empresa y los poderes públicos franceses", ilustrada por los traslados de personal entre las oficinas de los ministerios y las de Total. El último caso hasta la fecha: la llegada a Total como Director de Asuntos Públicos de Jean-Claude Mallet, asesor especial de Jean-Yves Le Drian y al servicio del Estado desde hace más de 40 años en cuestiones estratégicas y de defensa.

La actualidad de las prácticas de ingerencia de Total

Hoy en día, Total es la mayor empresa francesa y la cuarta mayor petrolera y gasística del mundo que utiliza un régimen clientelar en las antiguas colonias de África. Durante el levantamiento libio de 2011, Total aprovechó la situación para promover sus intereses en la región. Con el apoyo de la intervención militar francesa, Total adquirió cuotas de explotación mucho mayores que antes. La cotización del grupo subió un 4% en sólo seis meses, gracias a estas nuevas adquisiciones. Desde entonces, Total ha seguido invirtiendo en una región plagada de inseguridad y donde los costes de producción siguen siendo de los más bajos del mundo.

Total se estableció en Nigeria en 1964. Desde entonces, las poblaciones locales se han visto cada vez más afectadas por los impactos ambientales y sociales de la producción de petróleo. En 2015, Amigos de la Tierra y el Observatorio de Multinacionales publicaron un informe sobre lo que hay detrás del mito del "gas limpio" y una campaña publicitaria titulada "Comprometidos con una energía mejor". Este contrainforme pone de manifiesto la quema de gas que se lleva a cabo en Egiland, en el Delta del Níger, y las actividades que causan daños irreversibles a las personas, el medio ambiente y el clima.

Una apropiación de los recursos naturales que además no aporta nada a las poblaciones, o trae consigo contaminación y miseria para las poblaciones que viven del trabajo de la tierra y dependen de la calidad del agua. Operaciones que quedan totalmente impunes debido a la ausencia de un marco legal para las acciones de las multinacionales en el extranjero.

El último proyecto de Total en Uganda: decenas de miles de personas han sido desalojadas sin compensación económica. El proyecto se situaría en el corazón de un parque natural de Uganda, lo que supondría una amenaza directa para los ecosistemas del lago Alberto, afluente del Nilo. Unos 6 millones de personas vivirían de la pesca y la agricultura en la zona del proyecto. Pero las consecuencias de este proyecto imperialista no se quedan ahí, también se agravaría la situación de seguridad, ya que las tensiones con la República del Congo podrían agravarse, ya que ambos países compiten por los recursos petrolíferos de la región.

¿Por qué iba entonces Total a prevenirse de la corrupción imprudente o de los daños al medio ambiente cuando las acusaciones rara vez conducen a condenas que se limitan a multas que no son más que costes incorporados a la adquisición de nuevos mercados?

Es en este sentido la actual lucha de los empleados de la refinería de Total en Grandpuits tiene un cierto carácter antiimperialista ya que los huelguistas que luchan por el empleo denuncian también el falso "giro verde" de la multinacional y sobre todo los megaproyectos devastadores para el medio ambiente, especialmente en África.

TRADUCCIÓN: Ana Adom

* Publicado originalmente en Rèvolution Permanente






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