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Un trabajador muere envenenado tras sulfatar un invernadero en Almería

El pasado viernes 18, Mohammed El Bouhaled de 27 años, falleció tras una semana “sulfatando” (echando un veneno) en un invernadero de Mijar (Huelva). La razón muy simple, el dueño le obligaba a comerse el bocadillo dentro del mismo.

Jorge Calderón

Historiador y Profesor de Secundaria, Zaragoza

Miércoles 30 de enero | 15:47

Según relata su esposa, Nadia Sahel, también como el fallecido de origen magrebí, ya 4 días antes de su muerte, el martes, su marido dijo que “le dolía el estómago mucho por lo que acudió al centro de salud donde le mandaron medicamentos pero no le dieron la baja”.

Así el temporero tuvo que continuar trabajando hasta el viernes. Fue ese día a las 13.09 horas cuando, según sigue explicando su esposa embarazada de 7 meses, “al llegar a casa no se duchó como hace siempre y se metió en la cama. Al rato dijo que estaba malo y lo llevé junto con mi hermana al Hospital”. Allí, “diez minutos después de llegar nos dijeron que había muerto”. Posteriormente la autopsia dijo que había muerto envenenado.

Terrorismo patronal

Por desgracia el caso de Mohammed, no es un caso aislado que no pueda volver a ocurrir. Hakim, uno de los compañeros de trabajo del fallecido que se encontraban con él durante su última jornada laboral, ha denunciado que: “Nos dan mascarillas de mala calidad y guantes para fregar. Además no tenemos zonas para comer fuera de los invernaderos y nos obligan a entrar después de sulfatar para seguir trabajando”.

Como viene denunciado desde hace años, en solitario, el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), en la mayoría de invernaderos no se cumple con las medidas de higiene laborales y esto provoca situaciones de envenenamiento o accidentes laborales, que pueden acabar como en este caso, con la muerte del trabajador.

En muchas ocasiones el empresario no les da ningún tipo de lugar para vivir, lo que en la mayoría de las ocasiones, debido a los sueldos de miseria que este les paga, significa dormir en bancos del parque o edificios abandonados. Cuando los dueños de los invernaderos si les dan alojamiento, este suele consistir en garajes o naves reconvertidas, que no reúnen las mínimas condiciones de salubridad y habitabilidad.

Esto puede provocar, como por desgracia ya ha ocurrido, que el mismo se incendie y provoque, como en 2016, la muerte de tres trabajadores.

A esto hay que añadir, como decíamos, los sueldos miserables que les pagan. Sueldos, que pueden llegar a ser de un euro la hora, con jornadas de trabajo extenuantes de hasta 14 o 15 horas diarias. Todo esto para cobrar menos de 20 euros la jornada, y luego tener que ir a dormir a esos sitios insalubres, que muchas veces el propio empresario les cobra a “precio de oro”.

Por no hablar de los abusos sexuales que sufren las mujeres temporeras por parte del patrón, como denunciaron 10 temporeras de la fresa de Huelva el año pasado.

Por todo ello, el lunes 21 un centenar de personas, la mayoría trabajadores de invernaderos de origen magrebí y subsahariano junto con la familia del fallecido, han protagonizado protestas a las puertas de la Subdelegación del Gobierno y de la Delegación de Gobierno de la Junta de Andalucía en Almería. Una movilización con la que pretendían reclamar “justicia para Mohammed”.

La paradoja de la extrema derecha y la inmigración

Resulta muy curioso que estos empresarios agrícolas, dueños de los invernaderos donde explotan hasta la muerte a los inmigrantes, la mayoría “ilegales”, sean la base electoral de VOX. El mismo partido que exige expulsar de inmediato a los miles de inmigrantes “ilegales” que hay en Andalucía.

El ejemplo más claro de esto es lo ocurrido en la provincia de Almería en las últimas elecciones andaluzas. Hay que recordar que esta provincia es la que mayor número tiene de invernaderos, se habla de un “mar de plástico” y por lo tanto mayor número de temporeros “ilegales” emplea.

Pues bien, esta fue la única provincia andaluza donde la formación de extrema derecha, con un 17% y 43.468 votos, fue el tercer partido más votado, siendo en las otras 7 el quinto. Esta victoria fue posible sobre todo, al gran éxito electoral en localidades como Roquetas, Adra, la propia Nijar y otras, donde hay mayor concentración de invernaderos. El caso más paradigmático se da en la localidad de El Ejido, autentica capital de este “mar de plástico, donde VOX fue la fuerza más votada con un 29,51% y 7.377 votos.

Hagamos frente al racismo institucional y patronal

Esta grave situación de injusticia, híper explotación y abuso sistemático es aplaudida, defendida y puesta en práctica por la mayoría de los empresarios agrícolas, que se aprovechan de la extrema necesidad de estos inmigrantes, para imponerles condiciones inhumanas. No solo son los empresarios sino también gran parte de la clase política muestra una actitud contraria a la inmigración.

Los partidos de derecha como PP y Ciudadanos o la extrema derecha de VOX, hablan directamente de “invasión” o “reconquista” y otras declaraciones de corte racista y xenófobo.

Ante este discurso racista los partidos que se “reclaman” de izquierdas, aunque evidentemente no lo son, como el PSOE, no solo no da una respuesta firme sino que se quita la careta y desde el gobierno endurece la política migratoria con acciones como la construcción de un nuevo CIE (planificado por el anterior ejecutivo del Partido Popular), la no autorización para que el Open Arms vuelva al mar a salvar vidas o la negativa a acoger más inmigrantes rescatados en el mar por las ONG.

Todo esto merece una respuesta contundente desde la izquierda, que frene esta deriva xenófoba y derechista. Hasta ahora los sindicatos la burocracia sindical de UGT y CCOO, “mira para otro lado” frente a estas situaciones de discriminación. La izquierda sindical por ahora se mantiene en la necesaria denuncia de los hechos, como en el caso del SAT, pero no plantea ningún programa de lucha y movilización para frenar estos abusos patronales, y mucho menos una unidad de acción con trabajadores autóctonos.

Es necesario, por lo tanto, levantar un programa que plantee un conjunto de medidas para unir las filas de la clase trabajadora, nativa y extranjera. Medidas como: ¡Abajo las reaccionarias leyes de extranjería!, ¡Por el cierre de los CIEs! Por plenos derechos a los inmigrantes y refugiados, papeles para todos con o sin contrato, la apertura de las fronteras a todos los inmigrantes y refugiados y otras muchas.






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