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HUELGA MOVISTAR

Voces de los trabajadores inmigrantes, los ’esclavos invisibles’ de Movistar

Las voces de los trabajadores inmigrantes son un firme testimonio de la doble explotación que sufre un gran sector de técnicos de Movistar en huelga. Contratados en origen, engañados por Telefónica y acorralados por su situación legal.

Cynthia Lub

Barcelona | @LubCynthia

Miércoles 17 de junio de 2015

Fotografía: Cynthia Lub

Mas de dos meses de huelga de los técnicos de Movistar dieron la oportunidad de conocer a fondo la realidad de estos "esclavos insurrectos", en las manifestaciones, las asambleas, en las aulas de las universidades para difundir la Caja de Resistencia o en el Ateneu La Flama del 36.

Esta vez queremos darle voz a los trabajadores inmigrantes de la "revolución de las escaleras". La mayoría trabaja para algunos de los diez tentáculos del pulpo imperialista de Telefónica-Movistar, —Abentel, Cobra, Comfica, Cotronic, Dominion, Elecnor, Itete, Liteyca, Montelnor y Teleco—, que se pelean entre sí para hacer de los trabajadores técnicos sus esclavos.

Estos trabajadores junto a sus compañeros nativos, están llevando a cabo una lucha contra la precariedad y condiciones de semi-esclavitud que, aunque hoy toca a casi todas las capas de la clase trabajadora, la explotación de parte de la multinacional Telefónica hacia los trabajadores inmigrantes, ha sido doble.

Estas voces fueron grabadas en una charla que dieron en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Barcelona. Allí estaban presentes Otton, Josue, Eiver, William, cuyos países de origen son Ecuador, Perú o Colombia.

Comienza Otton, trabajador ecuatoriano. Para él la huelga les ha permitido hacerse visibles después de años de experiencias de un sector doblemente oprimidos por su condición de trabajadores inmigrantes: —Nuestras experiencias estaban guardadas, días tras días, años tras años se han venido guardando. Pero son las que han dado lugar a esta huelga, son la causa de nuestra lucha. Tantas represiones y explotación que hemos tenido, cada uno con su experiencia. Hoy con la huelga podemos expresarlas.

William, un joven trabajador colombiano que vino a trabajar al Estado español a los 22 años, nos cuenta: —Nosotros fuimos contratados en origen. Nos contrataron por una convocatoria en la que nos presentamos y clasificamos un número de casi 100 personas. A llegar acá nos dimos cuenta de que la empresa se aprovechaba de nosotros, porque el Gobierno daba un subsidio a las empresas para traer trabajadores del extranjero. Y les pagaba avión, hotel, les pagaba todo. Nosotros no sabíamos eso, después nos enteramos de todo. Porque la empresa nos quitó a nosotros, nos robó, nos cobró el pasaje de vuelo, el hotel, todo. Nos descontaba cada vez de la nómina 200 euros durante dos años. Y además ¡el doble de lo que realmente valió! Con el tiempo nos dimos cuenta de que a ellos les había salido gratis, o sea que se lucraron por doble vía: nuestras nóminas y el dinero que el Gobierno les dio.

Eiver, trabajador técnico que vino de Colombia a los 27 años, nos cuenta: —Nunca supimos cuando era el total, porque había compañeros que les cobraron más meses. Este trabajo cuando llegamos no estaba tan mal como ahora. Pero empezó a empeorar y echaron gente, muchos trabajadores volvieron a sus países. Ellos se aprovechaban de nosotros como latinoamericanos, de que nuestras familias no están aquí, están allá. Entonces pensaban "vamos a echar a los latinoamericanos que negocian cualquier cosa" o que "no van a reclamar juicio y se van" o "con cualquier dinero se conforman" y hasta hubo gente que de la presión que tenía se fue sin nada. Éramos más víctimas como inmigrantes. Éramos 90 o 100 colombianos y en nuestro caso quedamos 14 o menos.
Así es que comenzamos a hacer huelgas a la empresa contratista que trabajamos. Y cada vez que hacíamos una huelga, echaban a seis o siete compañeros. Mucha gente dijo "ya no más huelgas, que esto no sirve para nada". Hasta que llegó esta huelga en todo el país y comenzamos muy motivados siendo miles.

Eiver recuerda su llegada a Barcelona: —Cuando nosotros llegamos aquí trabajábamos los sábados, los domingos. Estamos hablando del año 1997. Había mucho trabajo y nosotros cubríamos el sector de la región del Maresme, donde el trabajo es más complejo que en el centro de Barcelona. Hasta que un día nos dijeron que les salíamos a la patronal demasiado dinero y que nos bajaban el 50% del salario. Nosotros dijimos que no, que si no nos pagaban lo que habíamos acordado nosotros no íbamos a salir a trabajar. Conseguimos que nos respetaran los salarios, pues realmente nos estaban explotando.

William, continúa explicando la primera vez que lo echaron: —A mi me echaron porque tuve una discusión con mi encargado porque yo no quería trabajar sábados y domingos, y me obligaban, pero yo quería descansar. Cuando que les dije esto, me llamaron y me dijeron "te echamos". A los tres meses me llamaron. Y volví. Pero este es el sistema de ellos.

También nos explica la situación de los técnicos inmigrantes: —En la contrata que nosotros trabajamos, de 240 trabajadores, 90 éramos colombianos. Hoy quedamos unos 14. Pero en otras empresas hay trabajadores migrantes de otros países, de Marruecos, de Rusia.

Continúa Eiver: —La empresa veía que no iba a poder con nosotros. Y desde ahí, dividieron el grupo para trabajar en Barcelona, y otros seguían en el Maresme. Y a quienes tenían que renovarle el contrato pasado un año de prueba, no se lo renovaban. Esto nos perjudicaba como inmigrantes porque muchos necesitaban que les renovaran el contrato para que les renovaran la tarjeta de residencia y vivir legalmente aquí. Entonces muchos empezaron a volver a sus países.

Josue, otro joven trabajador técnico, contratado en su país de origen, Perú, a los 18 años: —Para la empresa somos números. Llegó un momento en el que la empresa llegó al número 500 y pico. Luego ya la empresa empezó a hacer reducción de plantilla, a decir, "tu no estás cumpliendo pero si te haces autónomo te contrato". Lo mismo que en Telefónica llegaron a ser 120.000 trabajadores, hoy en día quedaron 50.000. El resto que falta cubrir de faena, son de contratas y subcontratas y mucho trabajo precario. Estamos hablando de más de 600 empresas..

Continúa William: —No les sale a cuenta tenernos a nosotros, porque quieren esclavos, la presión que nos ejerce la empresa es para que nos vayamos, o a una subcontrata o de autónomos, para pagarnos menos trabajando más horas. En nuestro sector nosotros trabajamos entre 8 y 9 horas. ¡Pero está quien trabaja entre 12 y 14 horas y ni comen!

Eiver explica las condiciones de riesgo y precariedad en las que trabajan: —El trabajo que nosotros hacemos en algunas zonas de riesgo requiere de dos personas. Y a veces cuando hay averías y tenemos que subirnos a un poste en una escalera de dos metros, en teoría deberíamos tener un compañero abajo y no lo tenemos. Nosotros nos ayudamos igual, pero siempre bajo la presión de la empresa que encima nos pide un puntaje a final de mes. Y no llegamos, porque la empresa no considera el tiempo que usamos para ayudarnos entre nosotros cuando estamos en zonas de riesgo.

William continúa: —Sí, una vez mi encargado se cabreó cuando le dije que estuve ayudando a un compañero que después me iba a ayudar a mí. Y me amenazó con sanciones. Hay una presión tal que hubieron denuncias sobre presión psicológica sobre los trabajadores. A algunos se les estaba cayendo el pelo. Sabemos que han habido muchos accidentes y hasta compañeros muertos en otras provincias.

Josue reflexiona sobre el individualismo que la patronal quiso imponer, y no pudo: —La empresa quiso inculcarnos en el trabajo una ideología individualista, egoísta entre nosotros. Pero ahora que estamos en la huelga se ve más cómo nos ayudamos entre nosotros, cómo si alguien no tiene para comer le ayudamos. Estamos todos juntos. Ya en nuestro trabajo, que tiene cierto margen de riesgo, necesitamos estar acompañados. No es lo mismo tener un accidente aquí en la ciudad, que alguien te puede ver y te va a poder ayudar. Pero si estás trabajando en una montaña el riesgo es mucho más alto, si te caes de un poste, te caes de la escalera, en estos lugares no pasa ni un alma. El individualismo es algo que debemos arrancar de nuestra sociedad.

Otton, quien coordinaba la charla, continúa reflexionando sobre todos los testimonios: —Todas estas anécdotas muestran una realidad. Al inicio todos vivíamos con una "ilusión del trabajo" en la que "se ganaba bien", todo muy "bonito y perfecto". Con el tiempo nos dimos cuenta del desconocimiento que teníamos en cuestiones de seguridad laboral y muchos derechos. De eso se hacía eco la empresa, se aprovechaba. Cuando formamos un comité de empresa, ya las cosas cambiaron, fuimos asesorados, asistimos a cursos de riesgos laborales. Me recuerdo una vez una entrevista con el gerente de la empresa. Nos pidió "calidad de trabajo", no cantidad y me parecía extraño. Claro, nosotros, ganas y voluntad nos sobraban. Pero claro, ya las cosas cambiaron como ya saben ustedes. Y en verdad querían cantidad, para sus beneficios.

William hizo una crítica firme a los dirigentes sindicales: — A nosotros nos representan tres sindicatos, Cobas, En Construcció, CGT y AST. Gracias a ellos pudimos sacar la huelga adelante, porque Comisiones y UGT aún empeoraron más las cosas para nosotros y actuaron favor de los de arriba. Tuvimos que hacer una manifestación para decir que "no nos representaban". Nos da rabia que para las empresas nosotros, los huelguistas, no valemos nada. Y para CCOO y UGT tampoco. Hay mucha gente explotada en este sector y hay que luchar para que no sea cada vez peor.

Josue, finaliza con una gran conclusión, aplaudida por todos: —El capitalismo y el imperialismo en un momento dado nos quitó la opción de pensar que nosotros somos la fuerza, somos las herramientas que levantan este mundo. Los capitalistas pueden tener una gran empresa, una gran fábrica, pueden ser los dueños del mundo, pero sus beneficios no los obtienen del aire, sino de nuestro trabajo, de nuestras manos. No son nada sin los trabajadores. Estamos en una época en la que se tiene que rebelar la clase trabajadora.

Por último Otton, en nombre de todos, nos dijo: —Agradecerle a vosotros que están acá desde el primer día. El apoyo de ustedes nos sirve para no bajar los brazos, subir la moral y seguir luchando.






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