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La Izquierda Diario
21 de septiembre de 2020 Twitter Faceboock

ENTREVISTA A SANTIAGO LUPE
“Esta crisis es histórica y será partera de revoluciones, necesitamos una izquierda que se prepare para ello”
Redacción Contrapunto

Entrevistamos a Santiago Lupe, dirigente de la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT). Repasamos el escenario de rebrotes, crisis económica y política, el mapa de la izquierda en el Estado español, las primeras respuestas obreras y el debate sobre qué izquierda necesitamos.

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Llevamos apenas tres semanas de “nueva normalidad” y en el momento que hacemos esta entrevista hay más de 80 rebrotes activos ¿Qué lectura hacéis desde la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras de esta situación?

En lo sanitario seguimos asistiendo a un crimen social a cargo de los distintos gobiernos y la patronal. En marzo y abril vimos como colapsaba el sistema sanitario fruto de los recortes de más de una década y de que el llamado gobierno “progresista” se negó a tomar medidas que afectaran a los beneficios capitalistas, como la intervención de toda la sanidad privada y aquellas empresas que se podían reconvertir para la fabricación de EPIs por ejemplo.

Ahora, además de mantener la racista legislación de extranjería, está permitiendo que la patronal agraria o del sector de las cárnicas sigan sometiendo a condiciones de precariedad y explotación extremas a sus trabajadores, la mayoría inmigrantes. Una situación que está detrás de los principales rebrotes. Además, los trabajadores sanitarios, que se vienen movilizando en gran parte del Estado, denuncian que se ha despedido a todo el refuerzo Covid, no hay rastreadores suficientes y, como vemos en Lleida, no se ha realizado la inversión necesaria para evitar nuevos colapsos.

Las perspectivas para el otoño son preocupantes, y realmente la única manera de evitar que volvamos a vivir lo de esta primavera pasa por apoyar y rodear de solidaridad el movimiento de los trabajadores de la sanidad, y pelear por la reversión de las privatizaciones, la nacionalización bajo control de sus plantillas de toda la sanidad privada y aquellas empresas que sean necesarias para tareas auxiliares esenciales -desde hoteles, centros de telemarketing para los rastreos, hasta fábricas que garanticen el suministro de todo lo necesario- y un plan de inversión urgente a base de impuestos a las grandes fortunas.

El otoño también augura un agravamiento de la crisis económica. El gobierno se jacta de estar aplicando recetas sociales para contener sus efectos. ¿Qué opinas sobre la política económica del gobierno “progresista”?

Hay que reconocer que son los campeones del relato. En este trimestre se han destruido un millón de empleos, hay entre un 20 y un 40% de familias que no han podido pagar el alquiler y las personas en situación de riesgo de pobreza han pasado de 8 a 10 millones. En el otro lado tenemos a las 28 principales fortunas que en este mismo periodo de tiempo han visto aumentar su patrimonio en 18 mil millones.

Si analizamos lo que se ha llamado “escudo social” descubrimos que se trata de un nuevo rescate a la patronal y la banca, como en 2008, acompañado de algunas medidas de contención que mantienen en niveles de pobreza a millones de personas. Es una política que coincide con la de gobiernos conservadores como el de Conte, Macron o el mismo Trump.

Por ejemplo, venden los ERTEs como una medida para contener los despidos, pero es un regalo de 25 mil millones a los empresarios para que se ahorren los salarios, en vez de prohibir efectivamente los despidos y aplicar impuestos especiales a las grandes fortunas y beneficios empresariales para sufragar una renta mínima para todos los que se han quedado sin ingresos -y no la miseria del ingreso mínimo vital que solo cubrirá al 20% de las personas en riesgo de pobreza-. O han dado una tregua a los desahucios y prórrogas al pago de alquileres e hipotecas, pero a costa de que las familias se endeuden para que los grandes tenedores de vivienda y la banca no deje de ingresar ni un euro.

Pero el problema es que incluso estas medidas tienen un límite en el tiempo y su coste se convertirá en ajustes aún peores que los de Zapatero y Rajoy. El gobierno lo fía todo a un aumento de la deuda pública y a las ayudas europeas para evitar la quiebra del Estado. Este año la deuda escalará al 120% del PIB. A esto se suma que todas las previsiones consideran que la crisis se agravará en otoño con una caída del PIB de 10 puntos y una escalada del desempleo por encima del 20%. Todo en el marco de una recesión mundial sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial.

El Banco de España y la UE ya piden planes de ajuste fiscal para los siguientes ejercicios y sobre todo reformas estructurales, también para acceder a los fondos de rescate europeo que se están negociando. No quepa duda de que el gobierno Sánchez, como hizo el PSOE en 2010, será el aplicador del nuevo ajuste.

De hecho, ante las grandes cuestiones ya vemos que no se salen de la ortodoxia social-liberal. Por ejemplo, ante el anuncio de cierres como Alcoa o Nissan, o despidos masivos en Airbus o Siemens ¿Qué hace la ministra de Trabajo que es militante de IU y el PCE? Nada, ni siquiera deroga los aspectos de la reforma laboral que permite que puedan hacer EREs a 20 días de indemnización y sin control administrativo.

Cuando Pablo Iglesias y sus ministros hablan de que en esta crisis están rescatando “a la gente” están simplemente mintiendo. Para que esta crisis no la paguemos la clase trabajadora y los sectores populares son necesarias medidas que cuestionen los privilegios de los grandes capitalistas. Por ejemplo, en Nissan, para evitar el despido de 25 mil familias, habría que nacionalizar sin indemnización la empresa y subcontratas, y su reconversión y puesta a producir bajo el control de sus trabajadores. Lo mismo en Alcoa y en todas las empresas que anuncien cierres o despidos masivos.

En medio de este panorama vuelven a saltar episodios de corrupción de la Monarquía. Escribías hace poco que estamos ante un intento de rescatar a Felipe VI y la Corona no solo desde Zarzuela sino también de parte del gobierno “progresista”...

Sí, así es. El caso de los 65 millones del emérito saltó al inicio del Estado de Alarma. Esto y la separación de Felipe VI de su padre fue un intento en vano de que se pasara página. Sin embargo, la crisis del Régimen del 78 se sigue desarrollando y la crisis pandémica actúa como acelerante. Esto se expresó en la ofensiva de la derecha, con la Judicatura y mandos de la Guardia Civil, contra el gobierno. Moncloa respondió al “deep state” desde la Fiscalía, y lo hizo nada menos que abriendo una investigación a Juan Carlos I. Una guerra entre las distintas alas del régimen que ha reabierto la crisis de la Corona.

Hay un relato de la derecha que quieren pintar a este gobierno como un enemigo de la Monarquía. Nada más lejos de la verdad. El PSOE vienen oponiéndose a cualquier investigación y la propuesta de revisar la inviolabilidad del Rey de Sánchez es un brindis al sol, es uno de los aspectos que la Constitución del 78 dejó atado y bien atado. Unidas Podemos se siguen definiendo como republicanos, pero le rinde pleitesía al Rey. Y ambos coinciden en una operación acordada con Zarzuela que pasa por “sacrificar” al emérito para apuntalar a Felipe VI y la institución.

Que Unidas Podemos son Régimen del 78 no cabe duda. Lo demostraron ya en la cuestión catalana, ubicándose como el ala “izquierda” del bloque constitucionalista. Su entrada en el gobierno fue el salto definitivo. Hoy son parte de una operación de modernización y relegitimación de la Corona, una institución antidemocrática y cuyo rol bonapartista es clave para la continuidad del régimen y la indisolubilidad territorial.

Hablabas de la derecha y su ofensiva contra el gobierno ¿Qué contenido tiene y qué efectos tiene en la percepción del gobierno?

Lo cierto es que vienen poniéndose en juego dos grandes proyectos distintos para restaurar el régimen. De un lado la centroizquierda, con el PSOE y Unidas Podemos a la cabeza, apuestan por restablecer un consenso muy similar al del 78, que reintegre a los representantes de la burguesía catalana -por medio de ERC- y haga partícipe a la burocracia sindical del ajuste. La derecha quisiera una redefinición en una clave más recentralizadora y con un programa neoliberal aún más agresivo, sobre todo en materia fiscal.

Este es el trasfondo que explica el nivel de crispación o las maniobras judiciales y policiacas contra el gobierno. Hay una parte del Estado comprometida con otro tipo de restauración y pueden hacer uso de la misma guerra sucia de la que el PSOE es maestro y de la que se sirvió recientemente, por ejemplo, usando los informes de Pérez de los Cobos para armar la acusación de la Abogacía del Estado en el juicio del procés.

Ninguno de estos proyectos tiene nada que ofrecer a la clase trabajadora y los sectores populares. Ambos coinciden en apuntalar lo fundamental -negación del derecho a decidir, Corona...- y aplicar un ajuste para rescatar al capitalismo español. Por eso cuando desde la izquierda gubernamental y quienes le apoyan se despliega un discurso de unidad frente a la derecha, lo que se está haciendo es más bien allanarle el camino a ésta.

No se puede combatir el ascenso de Vox, o al bloque de la derecha, apoyando a un gobierno que mantiene lo esencial de las mismas políticas económicas, que alimenta el racismo sosteniendo las leyes de extranjería, las devoluciones en caliente y los CIEs y que se prepara para aplicar el ajuste en nombre de la “izquierda”. Como pasó con Syriza y la aplicación de Tsipras del memorándum de la Troika, este es el camino más rápido para la llegada de la derecha a la Moncloa.

Realmente es urgente construir otra izquierda en el Estado español. Una izquierda que abandone el “malmenorismo” de apoyar a la centroizquierda, que se mantenga independiente del gobierno “progresista”, se plante en una posición antirégimen, levante un programa anticapitalista y aspire a construir las fuerzas sociales capaces de imponerlo, es decir haga de su centro de gravedad el desarrollo de la movilización social con la clase trabajadora al frente.

¿Cuánto sigue influyendo la lógica del "mal menor" para que no surja una fuerte izquierda anticapitalista y anti régimen como la que plantea la CRT?

Por el momento creemos que sigue primando una lógica “malmenorista” que está detrás del bajo cuestionamiento por izquierda que se le hace a este gobierno. No me refiero solamente a la burocracia sindical de CCOO y UGT, que están completamente comprometidas con el gobierno y los planes de rescate a los capitalistas. La idea de que hay que apoyar al gobierno en lo “bueno”, criticarlo en lo “malo” y hacer frente con él contra la derecha se extiende también en muchos sectores de los movimientos sociales, la izquierda sindical e incluso formaciones anticapitalistas.

Esto hace que mientras la derecha está a la ofensiva sin ningún tapujo, desplegando un discurso racista como el de Abascal, o exigiendo garantías de un duro ajuste fiscal como Casado, no haya por el momento nada similar desde la izquierda que exija un programa con medidas como impuestos a las grandes fortunas, la nacionalización bajo control obrero de empresas estratégicas o aquellas que cierren o la derogación de todas las reformas laborales precarizadoras. No me refiero solamente en el Parlamento, sino también respecto a las primeras respuestas que la clase trabajadora está dando ya en la calle.

Volvamos al ejemplo de Nissan. Un conflicto que podríamos catalogar como testigo. Lo que pase aquí influirá en los próximos anuncios de cierre y la ola de despidos de otoño. La izquierda sindical y anticapitalista no está interviniendo para intentar que esta lucha pueda convertirse en un referente contra las políticas social-liberales que van a permitir el despido de 25 mil trabajadores.

La CGT, con representación en Nissan y las subcontratas, se ha pronunciado por la nacionalización, pero ni está convocando asambleas y coordinadoras para romper el control burocrático de las direcciones de CCOO y UGT y la división entre fijos y subcontratas, ni moviliza sus fuerzas para rodear el conflicto de solidaridad y en el Comité de Empresa de Nissan se mantiene junto a las tesis de la burocracia que se encaminan a negociar indemnizaciones.

Algo parecido sucede con grupos como la CUP, que apoya la lucha y la idea de nacionalización, pero este apoyo no pasa de lo testimonial. Ni se vuelca con fuerza militante, ni ha convertido el programa de la nacionalización en una gran campaña política con voluntad de incidir y ayudar a que se pueda disputar la dirección del conflicto a las direcciones de CCOO y UGT. Lo mismo podríamos decir de Anticapitalistas, que más allá de algunas declaraciones ve el conflicto por televisión.

Hay pues una adaptación al clima de pasividad que promueve el gobierno “progresista” y la burocracia sindical. Algo que se debe no solo a la lógica “malmenorista” a la que me refería, sino también a una concepción arraigada de que las transformaciones a las que podemos aspirar pasan por la conquista de posiciones institucionales y de gestión, bien sea en el ámbito municipal, como defiende la CUP, o incluso con la fórmula de soporte parlamentario al PSOE sin participar en el gobierno que defendía Anticapitalista antes de la investidura. El escepticismo en el desarrollo de la lucha de clases como el principal agente transformador es parte de esta concepción.

El 1 de mayo desde la CRT lanzasteis una propuesta a la izquierda revolucionaria del Estado español ¿Podrías explicarla y contarnos en qué punto se encuentra?

Así es, nos dirigimos a los diferentes grupos de la izquierda revolucionaria para proponerles abrir un debate fraternal y franco sobre qué izquierda necesitamos y explorar la posibilidad de dar pasos en poner en pie un partido unificado. No ocultamos las diferencias que existen entre nuestros grupos, pero nos parece una necesidad urgente al menos poder empezar esta discusión y al mismo tiempo avanzar en los puntos de acuerdo que ya tenemos para desarrollar una intervención común.

Con los compañeros y compañeras de Lucha Internacionalista hemos iniciado este intercambio público por medio de una serie de cartas y estamos tratando de unir fuerzas en conflictos como el de Nissan para fortalecer un polo que pelee por la nacionalización sin indemnización y bajo control de los trabajadores. Una muestra en pequeño de lo que creemos se podría conseguir si esta propuesta avanza.

La izquierda revolucionaria en el Estado español tenemos unas fuerzas muy humildes, y al mismo tiempo la actual crisis acorta los tiempos. Superar la que ha sido la tradición histórica frentepopulista de la izquierda en el Estado español es fundamental si no queremos que esta crisis sea descargada de forma brutal sobre nuestros hombros, si queremos que los posibles procesos agudos de lucha de clases o situaciones revolucionarias que se abran no sean derrotados.

Una izquierda que supere toda ilusión en que es posible resolver las grandes demandas democráticas y sociales desde la gestión del Estado capitalista. Esta fue la hipótesis Podemos, que asumieron y todavía comparte en gran medida las y los compañeros de Anticapitalistas, y que vemos fracasar en el gobierno “progresista”, como antes lo vimos en otros gobiernos reformistas de izquierda a lo largo del siglo XX. Que supere también la ilusión etapista de que, en una primera fase, en especial para conquistar derechos democráticos, toca establecer alianzas con sectores democráticos de la burguesía. Esta ha sido y es la hipótesis de la “unidad popular” de la CUP y la izquierda independentista.

Se trata pues de intentar fortalecer un polo que pelee por un programa anticapitalista, que mantenga total independencia de los partidos del régimen y de la burguesía catalana y ponga en el centro el desarrollo de la movilización y la autoorganización, con la perspectiva de luchar por gobiernos de trabajadores.

Esta crisis es histórica y será partera de revoluciones, necesitamos una izquierda que se prepare para ello. Vimos en 2019 como remergía una nueva ola de lucha de clases internacional, con procesos como el de Chile o la huelga del transporte en Francia, y en estas semanas hemos visto la revuelta contra el racismo y la violencia policial en EEUU. Son elementos que preanuncian fenómenos mucho más agudos y clásicos. Como decía Trotsky, las revoluciones son momentos históricos en los que las masas tratan de intervenir en el dominio de su destino. Como demuestran las revoluciones del siglo XX, momentos en los que la existencia o no de organizaciones armadas con un programa y una estrategia revolucionaria, con peso e influencia en la clase trabajadora y los sectores oprimidos, es un elemento definitorio para poder imponer gobiernos de los trabajadores y trabajadoras, y evitar derrotas o desvíos que nos impidan conquistar una vida que merezca la pena ser vivida plenamente.

Esta es la perspectiva desde la que intervenimos desde la CRT y nuestra corriente internacional, la necesidad de construir partidos revolucionarios en los países donde nos encontramos como parte de construir un partido revolucionario mundial, para nosotros la IV Internacional.

 
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