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Reducir la jornada laboral a 40 horas a la semana: ¿Cuáles son las razones detrás de sus defensores y detractores?
Sibilina

El 24 de julio, el proyecto de ley que busca disminuir en cinco horas las jornada laboral en Chile, fue aprobado en general en la Comisión de Trabajo de la Cámara de Diputados. Sin embargo, su avance no se ve para nada fácil, especialmente si se considera que hasta fue declarado como "inadmisible" por parte del oficialismo.

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La jornada de trabajo es una demanda histórica de los trabajadores chilenos, desde el año 2017 la diputada Camila Vallejo empezó a interiorizarse en el tema, esto la llevó a presentar durante ese año un proyecto de ley que busca reducir progresivamente las jornadas laborales en Chile pasando de 45 a 40 horas semanales, esto sin la necesidad de disminuir la remuneración actual de los trabajadores. La base de este proyecto es el aumento progresivo de las enfermedades profesionales en nuestro país. El ritmo de vida actual, la presión por cumplir constantemente con los objetivos y metas en el trabajo, entre otros factores, afectan la salud mental y el bienestar de los trabajadores y en consecuencia generan altos niveles de estrés y depresión. Según datos del Informe de Estadísticas de Seguridad Social desde el año 2013 a 2017 las enfermedades profesionales crecieron en un 73%. Por otro lado, la tasa de enfermedades profesionales fue de 0,18 enfermedades profesionales por cada 100 trabajadores protegidos, un aumento del 64% respecto al año 2013.

La iniciativa durmió hasta el 24 de julio de este año. Ese día avanzó en el trámite legislativo gracias a la gestión de Gael Yaomas (Convergencia Social), presidenta de la Comisión de Trabajo de la Cámara de Diputados. El proyecto fue aprobado en general y y con siete votos a favor y seis abstenciones (todas del oficialismo), la modificación que pretende bajar de 45 a 40 horas semanales la jornada laboral– fue aprobado en general en la Comisión de Trabajo de la Cámara de Diputados.
Tras ello, el siguiente paso sería su aprobación en particular por parte de la Comisión de Trabajo. Y, de lograrse, éste ya estaría en condiciones de ser revisado por la Sala de la Cámara.

Pero, en términos concretos, ¿qué significaría para el país disminuir la jornada laboral de 45 a 40 horas? ¿Qué dice la experiencia internacional y también la chilena? ¿Cuáles son las razones detrás de los defensores y detractores de este proyecto?

Experiencia nacional e internacional

Pese a lo acalorado que ha sido el debate en los últimos días, reducir las horas de trabajo no es un tema nuevo en Chile, y sin ir muy lejos, en 2005, bajo el Gobierno de Ricardo Lagos, se pasó de un régimen de 48 horas semanales al actual de 45 horas.

En aquel entonces la medida se adoptó de manera gradual, es decir, durante un periodo de tres años. Y justamente, la “gradualidad” es un punto que han incorporado en sus procesos de reducción algunos países desarrollados, y al cual apelan también algunos parlamentarios.

Dentro de este contexto, el diputado Gabriel Silber (DC), miembro de la Comisión de Trabajo de la Cámara de Diputados, sugiere como ejemplo el caso de Corea del Sur, nación “donde pasaron de un régimen de 45 a 40 horas, en un régimen de un año por hora, hasta llegar hasta las 40 horas”.

Pero más allá de cómo alcanzar las 40 horas, hay un tema que no se puede obviar: en Chile se trabaja 200 horas más al año que en los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), según el reporte que presentó la misma entidad en 2018. En otras palabras, los hechos dan cuenta de que en los países con mayores niveles de productividad, la jornada laboral es mucho menos extensa que en Chile.

“En Alemania, por ejemplo, la jornada laboral estándar es de 35 horas, incluso en sectores como el automotriz y metalúrgico, que son sectores poderosos, han fijado jornadas laborales de 28 horas. Entonces, ahora hay que preguntarse: ¿Por qué un país más desarrollado que Chile se reduzca la jornada laboral?”, planteó a EL DÍNAMO Pablo Pérez, sociólogo, investigador del COES (Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social) y académico de la Universidad Alberto Hurtado.

Y es que para Pérez la respuesta es una: “Las investigaciones demuestran, sobre todo en el caso de Europa, que en verdad la reducción de la jornada de trabajo no tiene efectos económicos negativos, o sea, no aumenta el desempleo, no baja la productividad. Incluso, podría aumentar la productividad en la medida que se generen acuerdos dentro de las empresas”.

Según el investigador del COES y académico de la Universidad Alberto Hurtado, la tendencia de los países desarrollados apunta a reducir progresivamente las horas de trabajo. Así lo demuestran países como España, donde hoy el debate está puesto en la posibilidad de bajar de 40 a 34 horas la jornada de trabajo.

Posturas encontradas

Si bien el proyecto logró saltar el primer escaño, es decir, su aprobación en general en la Comisión de Trabajo de la Cámara de Diputados, la discusión que se aproxima no se ve para nada expedita. Esto principalmente porque -desde el Gobierno- argumentan que se trata de un proyecto “inadmisible”. De hecho, según el ministro de Trabajo, Nicolás Monckeberg, “el proyecto tiene muchos errores, incluso en la redacción, muchas contradicciones”.

A las palabras del ministro Monckeberg, se suman las del diputado Francisco Eguiguren (RN), quien además es miembro de la Comisión de Trabajo de la Cámara y que durante la votación en general del proyecto se abstuvo. “Tal como lo dice el ministro del Trabajo, es un proyecto inadmisible. Y para que la gente entienda: inadmisible significa que es un proyecto que nunca va a ser ley”, afirmó a EL DÍNAMO.

Pero, ¿cuáles son los errores a los que apuntan los detractores de la iniciativa? Para Eguiguren, el tema pasa por diferentes factores, entre ellos porque “es un proyecto rígido y tramposo, tramposo en el sentido de que tiene una letra chica que engaña a los trabajadores, ya que -por ejemplo- no incorpora que tiene que haber una media hora de colación, por lo tanto, pasa a ser un proyecto de 42,5 horas”.

Además, el diputado de Renovación Nacional hizo énfasis en que “no puede ser de la noche a la mañana, tiene que haber un tránsito, tiene que haber años de adaptación, porque al igual que en el proyecto del presidente Ricardo Lagos, que cambió de 48 a 45 hora, hubo un periodo de adaptabilidad de tres años, acá también debe haber un periodo de años”.

Según el propio gobierno, la tasa de pobreza se encuentra en un 8,6% (más de 1.000.000 de personas). El 70% de los trabajadores en Chile sobrevive con un sueldo inferior a los $400.000, muy por debajo del precio de la Canasta Básica Familiar (CBF). No sólo desempleo y pobreza. Los trabajadores en Chile dejamos la vida en el empleo: Chile es uno de los países donde más horas se trabaja, el sexto en el mundo según la OCDE, con un promedio de 1.974 horas anuales. Esta condición nos aleja de la familia, del desarrollo social y personal, a la vez que nos somete a ritmos productivos de estrés e inseguridad y en el peor de los casos la muerte en accidentes laborales, de los cuales las empresas nunca se han hecho responsables. La jornada laboral y la distribución horaria siguen el patrón de necesidades del mercado privado de empleo y de quienes se benefician de este, pues, mientras algunos trabajan 9, 10 o 12 horas al día, otros lo hacen cuando pueden y algunos no logran entrar a un trabajo. Un orden profundamente irracional que afecta negativamente nuestras vidas mientras miles salen de sus hogares (villas, poblaciones o campamentos) en busca de trabajo sin poder obtenerlo

La reforma laboral de Bachelet incluyó los llamados “pactos de adaptabilidad”, permitiendo a los empleadores y sindicatos pactar jornadas semanales de cuatro días de trabajo por tres de descanso y trabajo a distancia en ciertos casos. La trampa es que estos pactos no se sujetan a las normas de la negociación colectiva reglada, por lo tanto, los trabajadores no tienen derecho a huelga. De nuevo: la decisión queda entregada a los empresarios. Justamente fueron ellos, con la derecha y la Democracia Cristiana, quienes presionaron a favor de la “adaptabilidad” como una vía para introducir mayor flexibilidad laboral.

La reforma de Piñera va más allá, porque las materias propias de los pactos de adaptabilidad ya no serán monopolio de los sindicatos, sino de los empleadores. También permite definir jornadas semestrales y anuales, y en los lugares donde no hayan sindicatos, la propuesta de la empresa deberá definirse por “la mayoría absoluta de los trabajadores” (es cosa de recordar cómo funcionaban los “grupos negociadores” para saber lo que significa esto).

¡A no engañarse con el marketing! La reforma de Piñera busca flexibilizar y debilitar el poder de los trabajadores. Necesitamos derrotar las reformas del gobierno en las calles.

"Por que nuestras vidas valen mas que sus ganancias".

 
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