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TRIBUNA ABIERTA
Comienza a naufragar el pacto nuclear con Irán
Omar Floyd

Irán confirmó la semana pasada que dejará de cumplir algunos puntos del pacto nuclear, del que se retiró Trump el año pasado. La llegada de portaaviones de EE. UU. a Medio Oriente enrarecen el clima.

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El pasado miércoles el gobierno iraní, a través de una aparición televisiva del presidente Hasan Rohani y cartas a los embajadores del G5+1, comunicó la decisión del Consejo de Seguridad Nacional de dejar de cumplir en un plazo de 60 días algunos puntos del acuerdo nuclear firmado en 2015, en el que se comprometía a reducir su capacidad instalada para producir energía atómica luego de negociaciones que se extendieron por cerca de una década.

El gobierno iraní plantea que Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania no están cumpliendo con sus compromisos ya que las actuales restricciones a su sistema financiero y a la exportación de petróleo, generadas por la salida unilateral de EE. UU. del acuerdo y la implementación de nuevas sanciones, no pudieron ser morigeradas por la instrumentación de un Sistema de pago especial (INSTEX) que buscaba evadir el bloqueo en áreas vitales como el aprovisionamiento de insumos hospitalarios y alimentos.

Si bien Rohani planteó que “No queremos abandonar el acuerdo, la sociedad debe saber que se trata de un nuevo paso en el JCPOA (Plan Conjunto de Acción Comprehensiva, por siglas en inglés)” dio por hecho que si las potencias deciden remitir el asunto al Consejo de Seguridad de la ONU y no cumplir con sus obligaciones financieras, “enfrentarán una respuesta contundente”. Si la situación continúa estancada en este punto, es esperable que Irán vuelva a enriquecer uranio, vender agua pesada y complete la construcción del reactor en Arak.

La respuesta de las potencias no fue homogénea, lo cual habla de las tensiones al interior del G5+1. Rusia y China responsabilizaron a Washington: el Canciller ruso Lavrov llamó a cumplir las obligaciones y desde Pekin pidieron “contención y diálogo”. Francia y Alemania enfatizaron las consecuencias negativas para Irán de la salida del acuerdo: el ministro de relaciones exteriores alemán Heiko Maas definió el pacto como “crucial para Europa” y la ministra de Defensa francesa Florence Parly sostuvo que su intención “es mantener el pacto intacto” y que la actitud de Irán “acarreará sanciones”.

EE. UU. por su parte se apresuró a anunciar “nuevas sanciones”, que esta vez abarcan a la producción metalúrgica, segundo rubro principal de exportaciones de Irán después del petróleo. La intención de Trump es una modificación cualitativa del pacto, ya que estima que si se respeta lo acordado “Irán podrá acceder a la bomba nuclear en poco tiempo”, debido a que las restricciones del JCPOA comprenden plazos de diez y quince años para la producción de uranio enriquecido y agua pesada respectivamente, no limitan su programa misilístico y balístico y contemplan una compensación de 100.000 millones de dólares que según su visión se volcarían a sembrar “armas, terror y opresión” en Medio Oriente.

¿Qué buscan los Estados Unidos?

La estrategia de Trump parece corresponder a una transición entre una “política de presión” a una de “asfixia de Irán, su gobierno y su pueblo” señaló el clérigo chií y jefe del partido irakí Movimiento de sabiduría Nacional, Ammar Al-Hakim, el cual también sostuvo que resultaba “inadmisible” el uso del territorio de su país “para la agresión contra otros Estados”, planteando la necesidad de establecer una “línea roja” al despliegue militar norteamericano sobre suelo irakí, luego de que el secretario de Estado Mike Pompeo llegara a Bagdad en una “visita sorpresa” a entrevistarse con el presidente Barham Salih y el primer ministro Adil Abdul Mahdi el martes pasado.

En esta visita, para la cual Pompeo suspendió la reunión pactada para discutir "problemas de seguridad internacional" con la Canciller Merkel en Berlín, se puso al tanto a los funcionarios irakíes de supuesta "información concreta" sobre un "ataque inminente" de Irán a la flota norteamericana en el golfo, hacia el cual los norteamericanos desplazaron un barco de asalto anfibio y una batería de misiles Patriot. También se discutió la continuidad de la presencia de las 5.200 tropas todavía presentes en el territorio y la "seguridad" de los ciudadanos norteamericanos instalados en Irak, entre los cuales no se cuentan solo militares sino también un número indeterminado de mercenarios de Blackwater entre otras empresas de seguridad.

Este último dato resulta relevante ya que en territorio irakí están presentes, además de la Guardia Revolucionaria de Irán, milicias locales como Kataeb Hezbollah y Asa´ib Ahl al Haq, vinculadas al Qud´s (servicio secreto de la Guardia Revolucionaria iraní) e integradas a las Fuerzas de Movilización Popular irakíes, las cuales son reconocidas como legítimas por el gobierno de Irak pero consideradas "organizaciones terroristas" por EE. UU., que advirtió que va a considerar cualquier ataque a sus ciudadanos, intereses o propiedades perpetrado por estos grupos "como un ataque directo de Irán", que eventualmente habilitaría una operación bélica contra el país persa o medidas que lo aíslen todavía más del escenario internacional.

Evidentemente la estrategia de EE. UU. es de máxima presión a Irán, con la intención no solo de privarlo de su proyecto nuclear, sino de minar de forma definitiva sus aspiraciones de liderazgo regional, las que se verá forzado a moderar en caso de no poder superar las sanciones y restablecer un mínimo nivel de ingresos que le permita reactivar su aparato productivo y detener la depreciación de su moneda el Riad. Esto significa todo un dilema para Teherán, ya que su proyecto balístico y misilístico "no es negociable" para el Líder Supremo Ayatollah Alí Jamenei, creando una tensión entre los "conservadores" liderados por el ex presidente Ahmadinejad, y la política "moderada" del presidente Rohani y su ministro de Relaciones Exteriores Yavad Zarif, lo cual desde la perspectiva norteamericana puede ocasionar inestabilidad en el régimen y potencialmente su colapso si se combina con movilizaciones masivas similares a las de finales del año pasado.

¿Es posible una guerra?

Irán hasta ahora desestimó los "mensajes" bélicos de EE. UU., los funcionarios iraníes los consideran parte de una "guerra psicológica" y el mismo Comandante del las Fuerzas Terrestres del Ejército Iraní Heimar Keidari dijo que "no hay peligro" que amenace al país. El ministro Zarif planteó que "la estrategia cobarde del equipo B" donde cuenta a Israel, Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Bahrein refleja el hecho de que "EE. UU. es despreciado en la región y está aislado", deslizando la amenaza de un posible levantamiento regional chiíta en caso de que estos países participen en un ataque contra su país.

A su vez asumió una postura dura en relación a la continuidad del acuerdo nuclear. El jefe del Consejo Estratégico para las Relaciones internacionales Kamal Kharrazi planteó, luego de una reunión en París con la parlamentaria francesa Marielle de Sarnez, que "el pueblo iraní es pesimista acerca de los gobiernos europeos debido a su incumplimiento de los compromisos y al cumplimiento de las sanciones de Trump", afirmando que el plazo de dos meses "es una buena oprtunidad" para que Europa compense su retraso en la implementación del INSTEX y "prevenga la muerte" del JCPOA, subordinando la continuidad del acuerdo a la reducción de los efectos nefastos del bloqueo en su economía.

Por el momento Trump apunta a endurecer su exitosa política de sanciones, y una vez cumplido el plazo de 60 días, acercar posturas con Europa en la próxima reunión del G7 de agosto, buscando provocar la ruptura no solo del acuerdo vigente sino de todo tipo de colaboración con occidente en temas de seguridad, lo cual daría lugar a que adquiera legitimidad y viabilidad algún tipo de intervención multilateral, más cerca de las elecciones en Norteamérica y acotada a áreas estratégicas para el desarrollo militar, nuclear e industrial iraní en caso de considerarse oportuna y necesaria.

En caso de que el acuerdo naufrague definitivamente, Irán se prepara para restablecer su proyecto nuclear y defender las posiciones logradas con la ayuda de Rusia y China. En este sentido el Ayatollah Jamenei posicionó al ultraconservador General Qasem Soleimani, líder de la Qud´s y mentor ideológico de todos los grupos políticos y paramilitares chiítas de Medio Oriente, como una de las personas más fuertes dentro del país, y virtual dirigente de una verdadera Jihad en defensa de la República Islámica si se diera la eventualidad de un colapso interno o una agresión liderada por EE. UU.

Por lo pronto este sábado el presidente Trump tuvo contacto con altos funcionarios del gobierno Suizo para favorecer una mediación, entregándoles un número de teléfono para que los iraníes se contacten con él en forma directa en caso de que quieran negociar, ya había dicho "me gustaría verlos llamarme" el jueves en la Casa Blanca. Sin embargo por ahora las conversaciones no parecen posibles, y en ese sentido el Comandante para Asuntos Políticos de la Guardia Revolucionaria Yadolah Javani declaró este viernes: "Las negociaciones con los estadounidenses no se llevarán a cabo, y los estadounidenses no se atreverán a tomar medidas militares contra nosotros". Mas allá de lo cual una escalada bélica no puede ser descartada en el mediano plazo, con sectores más extremistas de ambos países cobrando mayor protagonismo a medida que se extiende el conflicto.

 
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