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La Izquierda Diario
19 de junio de 2021 Twitter Faceboock

Crisis ecológica
Australia sufre la peor inundación en 50 años: qué dice sobre la emergencia climática
Valeria Foglia | @valeriafgl

Decenas de miles de evacuados y enormes pérdidas tienen lugar a partir de la devastadora inundación en Nueva Gales del Sur. Los expertos lo habían advertido tras los incendios de 2020 y el avance de la crisis climática.

Foto: Reuters

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Otra vez Australia es escenario de catástrofe: desde la semana pasada Nueva Gales del Sur, cuya capital es Sídney, está en alerta meteorológica por lluvias extremas que ya obligaron a evacuar a más de dieciocho mil personas en unas treinta y cinco localidades donde hay centenares de casas y edificios públicos anegados, gente en canoa, ríos desbordados y puentes colapsados. El pronóstico anticipa que las lluvias seguirán durante algunos días más.

Los animales no lo pasan mejor: hay imágenes de canguros y vacas en plena inundación, así como miles de arañas intentando huir. Miles de voluntarios colaboran en tareas de rescate y evacuación, además de llevar alimento a las familias refugiadas en escuelas, centros comunitarios y hasta locales de bowling.

Primero, lo obvio: lluvias récord en ciertas regiones, y precipitaciones intensas y sostenidas en otras dieron como resultado grandes inundaciones, dicen Andy Pitman, Anna Ukkola y Seth Westra, expertos de las universidades de Nueva Gales del Sur y Adelaida en un artículo en el sitio científico The Conversation. Lo llaman evento de “uno en cien años”, pero el asunto es que se dan cada vez más a menudo. El primer ministro Scott Morrison, no precisamente un amigo de la naturaleza, tuvo que reconocer que se trataba de la peor inundación en cincuenta años.

Al escenario desafiante de las lluvias más intensas en décadas se suma el hecho de que los incendios de la temporada 2019-2020 en los bosques tropicales australianos destruyeron vegetación, árboles y pastizales que antes hacían las veces de defensa para contener el ímpetu del agua.

Australia, el canario de la crisis climática

Los frondosos y nutridos ecosistemas de Australia son, como dicen los expertos, un avance de cómo se verá el impacto global de la crisis ecológica y climática. El profesor Chris Dickman, de la Facultad de Ciencia de la Universidad de Sydney, lo definió así a propósito de los incendios forestales: “A veces se dice que Australia es el canario en la mina de carbón con los efectos del cambio climático, que se ven aquí de manera más severa y temprana. Probablemente, en las primeras etapas de Australia en este momento estamos viendo cómo podría verse el cambio climático para otras partes del mundo”.

En 2020 el Gobierno del conservador Morrison, reconocido lobista de los combustibles de origen fósil, comunicó que en seis meses se liberaron 900 millones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera a partir de los incendios forestales, alimentando el círculo vicioso del calentamiento global. Morrison se resistió a vincular la crisis climática con las alteraciones extremas en la temporada de incendios que azotó el país en 2020, un año con temperaturas y sequía récord.

“Australia se ha calentado en promedio casi 1,5 ℃ [desde que empezaron sus registros en 1910, NdR], lo que implica un 10 % más de precipitaciones intensas”, dicen ahora Pitman, Ukkola y Westra. Parece poco, pero la cosa se complica cuando una ciudad o una presa fueron diseñadas para soportar 100 milímetros y se topan con 110. “Puede ser la diferencia entre solo mucha lluvia y una casa inundada”, grafican.

Los especialistas australianos aseguran que en el país las lluvias extremas se han vuelto cada vez más extremas, y lo relacionan con la teoría de que, en sintonía con el calentamiento global, las precipitaciones crecerán a razón de un 7 % por cada nuevo grado de temperatura.

Morrison anunció en 2020 que Australia no avanzaría en mayores compromisos de reducción de emisiones y seguiría apostando a la construcción de centrales de energía a gas. Su negacionismo climático es tal que hasta el propio Boris Johnson decidió retirar la invitación a la cumbre climática que se desarrolló a fines del año pasado en el Reino Unido.

Detrás del aumento en las precipitaciones está el fenómeno de La Niña en la zona del Pacífico ecuatorial. La Organización Meteorológica Mundial ya había anticipado la llegada de aquella en octubre pasado, con efectos de “moderados a intensos”. No obstante, su secretario general, el profesor Petteri Taalas, aclaró que, aunque tanto La Niña como El Niño son fenómenos naturales, “se producen actualmente en un contexto de cambio climático que es producto de la actividad humana, que está exacerbando las condiciones meteorológicas extremas y que está afectando el ciclo del agua".

Aunque aún no tienen elementos para asegurar que fue la crisis climática la que causó estas lluvias extremas sobre la costa de Nueva Gales del Sur, sí están en condiciones de afirmar que la combinación de lluvias torrenciales asociadas a temperaturas más altas dará lugar a inundaciones de “una en cien años” cada vez más a menudo. “Es mejor prepararse para la posibilidad de que vuelvan a suceder muy pronto”, advierten.

Este tipo de eventos no ocurrirán exactamente cada cien años, aclaran los investigadores: en meteorología “el evento de uno en cien años es aquel de un tamaño que será igualado o superado en promedio una vez cada cien años”. En un milenio, entonces, lo esperable es que un fenómeno de esa índole se iguale o supere diez veces. La trampa es que algunas de esas diez veces pueden suceder con pocos años de diferencia entre sí, seguidos por su ausencia durante mucho tiempo. Aunque saben de su uso extendido, los especialistas preferirían evitarlo para no sumar confusiones.

Desborde del río Parramatta en Sídney | Foto: Getty Images
Desborde del río Parramatta en Sídney | Foto: Getty Images

Nueva Gales del Sur es una de las zonas que a fines de 2019 y comienzos de 2020 fue epicentro de los incendios que consumieron millones de hectáreas y afectaron a unos tres mil millones de animales, según el Fondo Mundial para la Naturaleza. En enero de ese año Neville Nicholls, profesor emérito de la Escuela de la Tierra, la Atmósfera y el Ambiente de la Universidad de Monash, había vaticinado que “lo peor está por venir”. Con esa categórica frase desarrolló un artículo en The Conversation, cuyo título no da lugar a dudas: "Los incendios forestales son horrendos, pero también esperen ciclones, inundaciones y olas de calor".

En tanto, para expertos de la Universidad de Newcastle, lo que sin dudas revelan estas lluvias torrenciales es que “Australia debe acoger mejor a las personas desplazadas por desastres naturales”, ya que estos serán cada vez más frecuentes y severos con el impacto de la emergencia climática.

 
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