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La Izquierda Diario
5 de agosto de 2021 Twitter Faceboock

50 años
Un manifiesto desvergonzado que sacudió Francia
Andrea D’Atri | @andreadatri

La declaración publicada el 5 de abril de 1971 en la revista Le Nouvel Observateur y firmada por 343 mujeres, exigía la legalización del aborto en Francia.

Link: https://www.izquierdadiario.es/Un-manifiesto-desvergonzado-que-sacudio-Francia?id_rubrique=2653

La portada de la revista anunciaba la "lista de 343 francesas que tienen el valor de firmar el manifiesto ’Yo he abortado’". La idea había surgido de una periodista de la propia revista, Nicole Muchnik quien pensó que si las mujeres que habían abortado lo dijeran públicamente, tendría un gran impacto en la lucha por la legalización del aborto en Francia. Contactó a una de las fundadoras del Movimiento de Liberación de las Mujeres (MLF, por sus siglas en francés) y ella, a su vez, habló con la filósofa y escritora Simone De Beauvoir.

Además de la autora de El Segundo Sexo, se sumaron escritoras como Marguerite Duras, actrices como Catherine Deneuve y Jeanne Moreau, cineastas como Agnès Varda, entre otras figuras reconocidas. Su publicación permitió que el 55% de la población francesa apoyara la legalización del aborto que, tras varias manifestaciones, fue promulgada en 1975.

Un millón de mujeres abortan cada año en Francia. (...). Yo declaro que soy una de ellas. Declaro haber abortado.

Las 343 mujeres que firmaron esta declaración utilizaban su reconocimiento público, su fama y el respeto del que gozaban en sus áreas de actividad, para desafiar al Estado francés que penalizaba con la cárcel a las mujeres que abortaban.

Fue la revista satírica Charlie Hebdo la que, una semana más tarde, hizo una tapa burlándose de la hipocresía de los políticos franceses en la que se leía "¿Quién dejó preñadas a las 343 salopes?", una palabra que en francés puede traducirse como desvergonzadas, putas, guarras o zorras, que eran los insultos que la derecha lanzaba contra las feministas.

Tapa de la revista satírica Charlie Hebdo, que le dio el nombre con el que, finalmente, se hizo conocido el manifiesto "Yo aborté".

En 1972, la abogada Gisèle Halimi -francesa de origen tunecino- defendió a una adolescente pobre de 16 años que abortó después de haber sido violada por su novio, y a su madre, acusada de haberla ayudado. El alegato de la abogada en el conocido proceso de Bobigny que consiguió la absolución para la joven Marie-Claire Chevallier, fue otro precedente fundamental para la ley que finalmente fue promulgada tres años después.

Gisèle Halimi y Simone de Beauvoir, en la Asamblea Nacional francesa durante el debate sobre el aborto en 1974

Para leer el texto completo del Manifiesto de las 343 sinvergüenzas, puedes hacer click aquí

Han pasado 50 años de aquel desafío de las mujeres a un Estado imperialista que se ensañaba con aquellas que decidían sobre sus cuerpos, pero especialmente, con las más pobres. Las mujeres profesionales, famosas y respetadas por su labor pusieron aquellas (sus) ventajas al servicio de una causa que permitiría que nunca más una mujer pobre fuera a la cárcel por abortar.

¿Qué sucede hoy cuando ya hemos alcanzado nuestros derechos en democracias que no justifican ya legalmente, la desigualdad entre hombres y mujeres? ¿Cómo se sigue reproduciendo esa desigualdad entre mujeres y varones que sigue siendo lacerante, aunque la justicia aparentemente la castigue, las leyes aparentemente la disuelvan y los discursos públicos aparentemente la repudien?

Mientras la sociedad nos repite que ya es bastante suficiente, que las mujeres y los varones tenemos los mismos derechos y las mismas posibilidades, que entonces no hay lugar para la queja y que solo es cuestión de "empoderarse", las mujeres siguen siendo víctimas de femicidios, las más sobrerrepresentadas en los trabajos más precarios y con peores salarios, la absoluta mayoría en las labores de cuidado de otras y otres y otra vez mayoría entre las más pobres, sin trabajo, sin vivienda.

La sociedad capitalista en la que un puñado de parásitos se sienta sobre una montaña de riquezas extraídas del trabajo de millones de seres humanos, aún le pone rostro femenino a la pobreza, la precarización, la desocupación, el analfabetismo y la violencia sexista. Contra ello, seguimos luchando, incluso cuando los mensajes del mainstream nos bombardeen con mujeres triunfadoras, que lograron abrirse paso porque ya no hay ningún impedimento para el éxito.

 
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