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La Izquierda Diario
16 de junio de 2021 Twitter Faceboock

CINE
Cutrecon: "Lo que proyectamos son desastres increíbles"
Víctor Stanzyk | Madrid

Entrevistamos a Carlos Palencia, director de Cutrecon, tras la décima edición del festival de cine cutre en Madrid por el que ha desfilado una selección del "mejor peor cine".

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Cierra sus puertas la décima edición del Cutrecon, el festival de cine cutre de Madrid. A pesar de las dificultades, de lo complejo que debe haber sido organizarlo y de las trabas que propias de pandemia, quienes sostienen el “mejor peor cine” han sacado adelante un festival tan genial como necesario, con una gran cartelera y momentos muy especiales.

Y digo necesario porque el Cutrecon no sólo nos ha sacado de la rutina durante una semana con las cintas peor producidas por el séptimo arte, sino que nos da soplo de alivio entre la mediocridad cinematográfica a la que nos tiene acostumbrado Hollywood. Cutrecon demuestra una vez más que, en materia cinematográfica, no existen los puntos intermedios y lo mejor son los extremos.

Durante tres días estas genialidades de lo cutre han desfilado ante nuestro estupefacto sentido del gusto y la coherencia. Disfrutamos de fracasos millonarios, como Masters of Universe o la premiada con siete Razzies Battlefield Earth (Campo de batalla: la Tierra), presentada por su guionista J. D. Shapiro, quien asistió para firmar guiones; de clásicos como Birdemic, considerada usualmente la peor película de cine de la historia; de copias de mercadillo de Robocop, como el clásico ochentero R.O.T.O.R. y aberrantes producciones hongkonesas como Robotrix.

Para rematar el festival, se proyectó una maratón de películas de acción, siendo la última el imprescindible filme Kill Squad, después de la cual premiaron a su director, Patrick G. Donahue, con el premio Confislab Jess Franco por su aportación al cine cutre. Otros premiados y antiguos invitados han mandado su saludo al festival, entre ellos directores de renombre, como Claudio Fragasso (director de la afamada Troll 2), Sam Firstenberg (American Ninja) o Steven E. De Souza (Street Fighter), recibidos con sinceros aplausos.

El lector se preguntará: ¿se puede realmente disfrutar viendo películas con guiones pésimos, con montajes sin sentido, con actores sin talento y un evidente mal gusto? Contra el sentido común, la experiencia merece la pena.

Entrevistamos al director del festival, Carlos Palencia, sobre el festival y su éxito.

En relación con otras ediciones y con las expectativas que teníais, ¿qué balance hacéis del festival?

Estamos muy satisfechos, a pesar de las enormes dificultades que hemos tenido para sacar el festival adelante, pudo celebrarse y, a tenor de las impresiones que hemos visto en redes sociales, el público ha quedado encantado. Al ser una edición bastante más pequeña que las de años anteriores, temíamos que una parte del público quedase decepcionada, pero no ha sido así, incluso hay quien ha celebrado el nuevo formato y lo ha considerado incluso mejor.

En relación con la pregunta anterior, desde mi perspectiva, el resultado ha sido muy bueno. Para mí, al menos, ha sido una experiencia genial. ¿Habéis tenido muchas dificultades este año para organizarlo?

Sí, por supuesto. Lo más difícil fue encontrar un recinto que nos diera todas las garantías de seguridad frente al coronavirus, al tiempo que nos permitiera concentrar toda la programación del festival en un mismo lugar y con películas en todos los horarios.

El Palacio de la Prensa, que durante años ha sido una de nuestras sedes, ofrecía todas esas garantías, pero les resultaba difícil encajar el horario planteado por nosotros, por compromisos que ya tenían cerrados con otros eventos. Fueron muchos meses de negociaciones complicadas con distintas entidades.

Sin embargo, en lo que se refiere a la gestión de los derechos de las películas, ha sido el año más sencillo de todos, ya que al haber programado sólo títulos de culto con muchos seguidores a sus espaldas, resultó muy fácil localizar y convencer a los propietarios de los filmes.

Hay muchas películas malas todos los años, incluso entre las superproducciones de Hollywood con cientos de seguidores. Sin embargo, estas películas que presentáis son tan malas que son buenas. Más allá de la diversión, ¿qué creéis que tiene el cine cutre que lo hace tan genial y de culto frente a otros bodrios que, simplemente, son malos?

Precisamente tú lo acabas de decir, son películas “tan malas que son buenas”. Es un término muy manido, pero no hay mejor manera de describir este fenómeno. Y es que hay películas malas, pero luego hay otras que están terriblemente mal hechas en todos y cada uno de sus aspectos, que se acaban convirtiendo en “comedias involuntarias”, tan divertidas o incluso más que otras comedias rodadas a propósito.

Muchas veces se culpa al presupuesto, pero muchas películas son malas incluso desde su planteamiento inicial. ¿Creéis que las películas malas nacen o se hacen, surgen de la incompetencia o se hacen descaradamente así? ¿Creéis que sus creadores son conscientes de lo que hacen?

No, sus creadores no son conscientes. Ahí es donde reside la magia de las películas que proyectamos, en que salieron así sin querer, y eso es lo que choca en la mente del público, que no es capaz de entender que todo un equipo de personas rodase algo así sin darse cuenta del despropósito que estaban alumbrando y, al final, te tienes que reír, inevitablemente.

Por supuesto también hay películas malas que se rodaron así a propósito, pero eso el espectador lo nota, y el efecto no es el mismo. Aunque hay excepciones, como “The Velocipastor” (2019) o “Zombeavers” (2014), por ejemplo, dos homenajes al cine malo rodados con cuatro pesetas, que gracias al sentido del humor de sus autores y al gran conocimiento que tienen del “cine cutre”, logran dos películas divertidísimas, explotando al máximo los clichés de esta clase de filmes. Esto último es muy difícil de conseguir, pero a veces ocurre.

Hablando de creadores, habéis tenido muchos invitados que os han saludado con mucho cariño en esta edición. ¿Cuál es la reacción que tienen cuando les decís que habéis montado un festival y que sus películas, vapuleadas por la crítica y el público amplio, son de culto y tienen muchos seguidores?

Hasta el momento hemos tenido mucha suerte en ese sentido, ya que la respuesta de los cineastas ha sido casi siempre positiva. También hay que decir que, antes de mandar la propuesta a un autor determinado, hacemos una importante investigación previa.

En concreto, investigamos si han acudido a eventos similares en el pasado -por ejemplo, JD Shapiro había recogido un Antioscar en persona, por tanto sabíamos que la propuesta no le iba a molestar-, leemos muchas entrevistas para conocer su sentido del humor y de la autoparodia, si se divierten con esta clase de películas, si son conscientes del estatus de sus filmes...

Es muy importante saber todo esto antes, ya que no queremos ofender a nadie y, mucho menos, que alguien venga “engañado” al festival, algo de lo que nos han acusado en el pasado y que es rotundamente falso.

Respecto a esto último, después de haberse mofado de una película se ha aplaudido a los creadores. Obviamente, cualquiera diría que parece una contradicción. Un poco relacionado con las preguntas anteriores, ¿creéis que el culto de estas películas se sostiene por una farsa irónica mantenida por mucha gente que finge que molan o que hay algo más de fondo?

No hay ninguna farsa irónica, son películas que proporcionan tantísima diversión, que aunque sea involuntaria, al final sólo puedes alabar el arrojo y la falta de vergüenza y escrúpulos de esos autores que, contra viento y marea, se atrevieron a sacar adelante esas películas. En mi caso, aunque parezca una contradicción, es absoluta admiración, y creo que gran parte de nuestro público lo siente igual.

El proceso suele ser el mismo en todos los autores a los que hemos invitado. En el momento del estreno del filme, evidentemente no les hizo ni puñetera gracia que la gente se riera de su película, incluso lo pasaron muy mal, pero con el paso de los años van tomando perspectiva, han avanzado en la vida, han hecho otros proyectos que salieron mejor parados y cuando se dan cuenta de que la gente disfruta tantísimo con aquellos errores de su pasado, aunque sea por motivos nunca buscados, pues al final también lo celebran y se divierten con ello.

Por último, un visionado en vuestro festival es radicalmente distinto al cine habitual. Mientras que siempre uno se sienta en la butaca y se aísla para recibir pasivamente la película, en vuestro festival se grita y se hacen comentarios jocosos durante toda la película. Parece que sois los únicos que creáis a partir de estas películas algo parecido a un “espectador social”. ¿Creéis que, sin necesidad de que sean comentarios jocosos, eso se podría extrapolar al cine más serio?

No, no creemos que esto se pueda extrapolar a un cine “más serio”, por llamarlo de alguna manera. Lo que nosotros proyectamos son desastres tan increíbles, que es imposible meterse dentro de la película, sus propios fallos te sacan fuera de ella constantemente y, por ello, la mejor manera de disfrutar este tipo de cine es compartiendo con los demás tu sensación de total incredulidad.

 
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