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La Izquierda Diario
25 de octubre de 2021 Twitter Faceboock

REPRESIÓN ESTADO ESPAÑOL
Drones: la modernización de las técnicas de vigilancia y control de la población en la pandemia
Roberto Bordón | @RobertoBordon13

La pandemia del Covid-19 y el decreto del estado de alarma han sido escenario para que las fuerzas de seguridad del Estado Español practiquen e incorporen el uso de drones a su arsenal.

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El escenario del estado de alarma y las restricciones derivadas de la pandemia del Covid-19 han sido el caldo de cultivo para la intensificación de los mecanismos de represión y control poblacional del Estado Español, especialmente mediante el incremento del uso de drones. Los drones son pequeños aparatos voladores teledirigidos, que pueden grabar y vigilar con distintos equipos los movimientos de personas y vehículos desde más de 80 metros de altura y dotando por tanto a sus usuarios de un mayor rango de visibilidad. Esta nueva herramienta de uso militar, policial y civil en algunos casos ha sido incorporada durante la pandemia al arsenal de las distintas policías locales a la vez que ha ganado peso en otros cuerpos como el Ejercito donde ya se producía su uso.

Como explican las propias empresas que dotan a las fuerzas de seguridad de esta opción, el dron permite a través de sus múltiples configuraciones el control y vigilancia de zonas de difícil acceso o cubrir mucho más espacio en menos tiempo. Pudiendo equiparse tanto con cámaras con o sin zoom que permitirían identificar personas en caso de que fuese necesario (aunque legalmente no pueden por ahora); cámaras temográficas en caso de vigilancia nocturna o con poca luz, o que pueden detectar calor humano lo que impediría a la persona esconderse en zonas de mucha vegetación; equipados con altavoces para transmitir mensajes o para generar ruido. Una serie de posibilidades que garantizan que los cuerpos de seguridad del Estado poseen nuevas herramientas con las que el control de la población ha sido facilitado, y que dicha herramienta está siendo implementada hasta en pequeños municipios por agentes de policía municipal bajo el criterio de combatir la pandemia del Covid-19.

Esto ha permitido por ejemplo que en varias ocasiones el Ayuntamiento de Madrid haya respondido a las críticas de los ciudadanos, afirmando que si bien a ras de suelo en determinados días podía parecer que había aglomeraciones; los datos que poseían gracias al uso de drones por parte de la Policía Municipal avalaban que dicho flujo de personal era fluido y con distancia social por lo que negaban la versión lanzada por sus críticos en redes sociales. José Luis Martínez-Almeida, alcalde de Madrid, defendió desde el primer momento el uso de la unidad de drones para garantizar el cumplimiento del toque de queda, como una herramienta que podía ser esencial para la tarea de controlar los movimientos de personas.

En otras ocasiones, hemos visto a policías municipales afirmar que en pequeños municipios los drones han permitido el reconocimiento y vigilancia de zonas de difícil acceso a reducidos efectivos de policía local. Una tendencia en aumento según Joan Pérez Arteaga, inspector jefe de la Policía Local de Parets del Vallès y coordinador del curso de pilotos y operadores de drones en seguridad y emergencias de la Escuela de Prevención y Seguridad Integral de la Universitat Autònoma de Barcelona. Arteaga afirma que a raíz de la pandemia el interés por parte de los distintos cuerpos de seguridad, en especial las policías municipales, ha ido en aumento, usándose para el reconocimiento de zonas como playas o para lugares de difícil acceso. Para Arteaga en el futuro cada coche de policía deberá llevar un dron encima porque considera que su uso se está naturalizando y valorizando en el contexto de la pandemia.

Este inspector jefe de policía local señalaba hace unos meses que su uso se estaba extendiendo por los municipios de Catalunya cuya policía autonómica dispone de esta herramienta desde 2012 y se encuentra ampliando el número de efectivos. Además, explicaba que ya se encuentran con la intrusión del sector privado, que pretende vender sus servicios a los cuerpos de seguridad saltándose los permisos necesarios que da la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA). Entidad que regula la titulación de piloto y operador de esta herramienta y que señala por ejemplo la altura máxima, 120 metros, a la que puede volar el dron o la necesidad de presentar un plan de vuelo u otros permisos para operar en según qué zonas por cercanía a un aeropuerto, por ejemplo.

Perfeccionamiento de las herramientas represivas del Estado burgués

La tecnología del dron, al igual que cualquier otra invención de la ciencia, tiene multiplicidad de usos útiles y positivos para el ser humano. Pero en manos de las fuerzas represivas y en un contexto de lucha de clases, los drones adquieren un uso político-militar-policial. El dron como explicaba Arteaga, inspector de policía, no se irá cuando acabe la pandemia para volver a un uso más militar que policial, sino que parece estar instalándose definitivamente en nuestro día a día. Esta nueva herramienta dota a los cuerpos de seguridad del Estado de nuevas formas de identificar, controlar y hostigar el movimiento de la población, como se deduce del uso que ya le están dando a lo largo de la pandemia del Covid-19.

Este aparato funciona en sí como arma disuasoria, como reconocen algunas empresas que ofrecen sus servicios a la policía. Al final es un cacharro de diez kilos con ocho motores distribuidos en cuatro brazos y que, si bien puede volar lo suficientemente alto para que una persona no lo perciba directamente, también puede bajar para hacerse visible y reforzar el sentimiento de vigilancia. Sus capacidades de vigilancia y detección probablemente no serán rechazadas por la policía en un momento de conflicto social, ya que a pesar de que legalmente las empresas que aportan los pilotos no pueden identificar a las personas, sino solamente informar de que hay gente en un sitio, esto está regulado por el propio Estado, tan solo se requiere de un permiso de Delegación de Gobierno para empezar a grabar multitudes.

Por lo que vemos que mientras transcurre la pandemia y hasta el FMI avisa de futuros estallidos de la lucha de clases, el Estado español ha integrado una nueva arma en su lucha por el control político y la represión de la población. Si bien, su uso por ahora se plantea en términos sanitarios, sería estúpido pensar que se quedará ahí. Los drones han llegado para quedarse en la arena de la lucha de clases. Habrá que dotarse también de ellos para ponerlos al servicio de la lucha obrera.

 
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